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La mortalidad por COVID-19 ha impactado de manera significativa los países de América Latina y Caribe.

De acuerdo con una investigación de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, la región tiene 32,1% del total de defunciones por COVID-19 reportadas en el mundo (1.440.853 hasta el 31 de agosto de 2021), siendo que su población representa apenas 8,4% de la población mundial (Defunciones por COVID-19: OMS (2021) y Población: Naciones Unidas (2019)).

A nivel regional hay una amplia heterogeneidad en los niveles de exceso de defunciones y defunciones por COVID-19 entre países, como tendencia general se ha mostrado que existe una importante concentración de casos de contagio y muertes en las grandes ciudades (CEPAL 2020).

Éstas se caracterizan por un elevado nivel de segregación residencial y desigualdades respecto a importantes factores de riesgo frente a la pandemia (CEPAL 2020).

Las interrelaciones entre clase social, género, etnia y territorio con mortalidad y sus variables intermediarias son complejas.

Estudios recientes han mostrado que respecto a la COVID-19, en general, personas en situación de vulnerabilidad socioeconómica tienen mayores riesgos de contagio y muerte por la COVID-19 (Wachtler et al 2020).

Las desigualdades están relacionadas tanto con la capacidad de protección respecto al contagio, como también por la mayor incidencia de comorbilidades que se asocian a una mayor severidad de la enfermedad y eventualmente a la muerte (Wachtler et al 2020).

A nivel individual, el contagio está relacionado con la capacidad de utilización de equipamientos de protección personal, la posibilidad de hacer cuarentenas y aislamiento físico, la higienización frecuente y el acceso de informaciones respecto a la nueva enfermedad.

Personas en viviendas en situación de vulnerabilidad, con mayor precariedad laboral, altos niveles de hacinamiento y dificultades de acceso a agua y servicios sanitarios presentan mayores desafíos para la protección contra el virus.

Además de la dificultad en la prevención de la enfermedad por COVID-19, están presentes las desigualdades respecto al acceso al sistema de salud una vez contagiados.

Las brechas en el acceso al sistema de salud (testeos, atención médica, internación, entre otros) y las diferencias en la calidad de los servicios que reciben los grupos socioeconómicos pueden influir de manera significativa en el tratamiento y en la sobrevivencia a la enfermedad.

Hay también amplia desigualdad entre grupos sociales con relación a los factores de riesgo asociados a la mayor severidad de la enfermedad: enfermedades cardiovasculares, pulmonares (como bronquitis crónica), enfermedades del hígado, diabetes, pacientes con cáncer o con el sistema inmune comprometido (Wachtler et al 2020).

El tabaquismo y la obesidad son otros dos factores actualmente en discusión como posibles factores de riesgo adicionales a la enfermedad por COVID-19 (Vardavas y Nikitara 2020; Sattar et al 2020), que también están más presente en grupos en situación de vulnerabilidad socioeconómica.

En la región, si bien las investigaciones sobre las desigualdades sociales y el impacto diferenciado de la pandemia aún son fragmentarias, se ha demostrado una alta correlación entre vulnerabilidad socioeconómica y grado de severidad y muerte por la COVID-19 (Brasil: Bermudi et al. 2021 y Werneck et al 2021; Chile: Bilal et al. 2021, Mena et al. 2021 y Canales 2021; Argentina: Macchia et al. 2021; Perú: Vázquez-Rowe y Gandolfi 2020, Taylor 2021; Colombia: Cifuentes et al. 2021; México: Arceo-Gomez et al 2021).

Este trabajo tiene como objetivo profundizar ese análisis e investigar la relación entre desigualdad socioeconómica y exceso de mortalidad en ocho países de la región.