Cortesia del periodico El Espectador –
El Espectador le explica

El paro nacional ha puesto sobre la mesa muchos temas estructurales a los que, de vez en cuando, se les presta un poco de atención.

Y se dice que de vez en cuando porque tiene que ocurrir una inundación, una avalancha, una masacre, un ataque de armados ilegales, un escándalo de corrupción o algún evento político o deportivo para que el país voltee a mirar y recuerde que en algún lugar de esta Colombia existe esa población y más allá de esa coyuntura, sigue con los eternos problemas sobre los que hemos leído una y otra vez, sobre el que la historia registra y registra más de lo mismo y que reposa como un libro olvidado en la biblioteca que ya pocos visitan para consultar.

Ese es el caso, por ejemplo, de Buenaventura, a quien le vamos a dedicar este boletín de noticias para contar qué es lo que allí ha sucedido desde que comenzó la protesta en muchas ciudades y pueblos del país.

El impacto económico. Iremos un poco atrás, no tan lejos, para entender el contexto, como siempre intentamos en este escrito. Recuerden entrar a cada uno de los links que dejaremos a continuación para poder leer en profundidad cada parte de esta página de información que hace parte del capítulo con la crisis más dura que ha vivido Colombia en su historia reciente no solo por la pandemia sino por el estallido social que estamos atravesando.

Comencemos: ​​​​​​​Febrero de 2020. Nuestro compañero, Hugo García Segura, viajó hasta Buenaventura para hablar con la gente y entender qué había detrás de la ola de violencia que se vivía allí, en la ciudad con uno de los puertos más importantes de Colombia.

El antecedente que esta vez hizo que el resto del país girara su cabeza hacia esta zona del pacífico fue que con disparos y explosiones en varias calles de los barrios de la Comuna Siete -los de bajamar: John F. Kennedy, San Francisco, Juan XXIII y Pampalinda-, se generó el desplazamiento de más de 30 familias que salieron huyendo de la muerte. ¿Qué estaba pasando? En este texto, Hugo nos lo contaba, pero aquí les dejo una clara descripción: “En Buenaventura todos saben el porqué de la guerra reciente, la de los últimos días.
La Empresa y La Local son las bandas más poderosas que hacen presencia en el territorio, y en esta última se desató un enfrentamiento por el poder entre dos de sus facciones: Los Shotas y Los Espartanos. Los primeros, bajo el mando de Diego Fernando Bustamante, conocido como Diego Optra, preso actualmente en una cárcel de Bogotá y que maneja las extorsiones, el tráfico de armas, los desalojos, la minería ilegal y las llamadas “oficinas de cobro”.

Su lugarteniente es Eloy Alberto Candelo, alias Pepo. Los segundos cuentan con varios cabecillas, siendo el más visible Jorge Isaac Campaz, conocido como Mapaya, y también están Fidel y otro al que le dicen Pecueca, quienes manejan la línea del narcotráfico. Campaz fue capturado en 2017 por concierto para delinquir, homicidio y extorsión, pero salió por vencimiento de términos y fue además enlace de las Farc en el pasado. Todos los nombres se susurran en las esquinas, pero nadie se atreve a señalar a nadie”.