CIUDAD DE MÉXICO (Sputnik) — La primera visita a México de la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris, centrada en temas migratorios, abrirá una fase de redefiniciones de la relación bilateral en la nueva era del presidente demócrata Joe Biden.

Los peculiares años de elogios mutuos de dos líderes nacionalistas que mantuvieron el presidente Andrés Manuel López Obrador con el expresidente Donald Trump han quedado atrás.
Pero el gobernante mexicano que sobrevivió con altibajos a su prueba en las urnas del fin de semana pasado, en la que retrocedió en el Congreso y su querida Ciudad de México, donde forjó su capital político, intenta poner su mejor compostura como anfitrión de una mujer afamada por su temperamento firme, nutrido de sus orígenes en una familia de trotamundos.

La hija de un economista jamaiquino y de una oncóloga procedente de India comenzó su carrera como fiscal en una ciudad de California a unos 300 kilómetros de la frontera con México: Oakland, la ciudad de la Bahía de San Francisco.
Lo que oculta el discurso

López Obrador volvió a su relato de elogios para poner paños fríos a una relación que históricamente ha sido compleja, que en vez de aminorar su asimetría y atractivo para el crimen trasnacional ha crecido, sin importar los gobernantes de turno.

«Queremos mantener una muy buena relación con el Gobierno de Estados Unidos; se ha portado muy bien el presidente Biden, y la vicepresidenta Kamala Harris es la encargada de atender el asunto migratorio», dijo López Obrador.
Esa fue su respuesta a una pregunta sobre el reciente desaire que le hizo el secretario de Estado, Antony Blinken.

El jefe de la diplomacia estadounidense se negó a responder una nota diplomática que hace varias semanas envió el canciller Marcelo Ebrard, por orden de su jefe, solicitando que suspenda la ayuda de dos millones de dólares que ha recibido de agencias estadounidenses para el desarrollo una organización anticorrupción que considera opositora.
No solo eso: la semana pasada, Blinken reafirmó una directriz en ese sentido para su cooperación con contrapartes civiles independientes en todo el mundo.

López Obrador encajó el golpe y anunció que ese asunto y dejaría de lado otras cartas que ha esgrimido ante Washington, como el tráfico ilegal de unas 200.000 armas anuales que trasiegan traficantes hacia México desde EEUU, donde el mercado es legal y regulado.

«Estamos trabajando bien y nos respetamos mucho, por eso no puedo ahora tocar otros temas, estamos muy agradecidos con el presidente Biden y vicepresidenta Kamala Harris», se escapó por la tangente el líder de la izquierda nacionalista ante una pregunta.
Para vestir con un enfoque creíble la atmósfera agradeció una vez más que EEUU va a enviar más de un millón de dosis de vacuna Johnson y Johnson, contra COVID-19, para inmunizar a la población mexicana en la franja fronteriza.

El límite: la soberanía
Después de repetir como un mantra que «es muy buena la relación» y que ambos países van avanzando en el tratamiento del fenómeno migratorio, aceptó que el maletín de Harris podría traer algunas exigencias.

«Tenemos asuntos que vamos a ir poco a poco tratando, para que en el terreno de política exterior se entienda que México es un país independiente, libre y soberano, y que no aceptamos que nadie venga ofendernos», dijo un poco exasperado por la insistencia sobre los entretelones de la visita.
La decisión de Washington de continuar financiando con fondos vigilados por el Congreso a otros países obligó a reconocer los límites del anfitrión.

El asunto «formalmente no está en la agenda, el tema principal de la agenda es el de la migración de cómo atender las causas que la originan», insistió.

No está claro cómo ayudará EEUU a financiar un ambicioso plan que busca recaudar 25.000 millones de dólares para un Plan de Desarrollo Integral quinquenal en el sureste de México y Centroamérica, diseñado con asesoría de la Comisión Económica para América Latina.

«Tenemos coincidencias en que se debe de ayudar a los países centroamericanos, invertir para que haya desarrollo y empleos en esos países, estamos en la mejor disposición de ayudar», volvió a la tersura.
En ese punto el presidente mexicano rechazó que la función de su país sea militarizar la frontera para colocar un tapón en su frontera sur, como en otros años.

«Tenemos a la Guardia Nacional que se hace cargo para atender las dos fronteras, pero el plan es cuidar a los migrantes, que no haya violación de sus derechos humanos; y procurar darles opciones de trabajo en sus lugares de origen, también cuidarlos para que en la travesía hacia el norte no corran riesgos de traficante de personas y de la delincuencia organizada», repitió López Obrador.

Lo cierto es que las deportaciones de centroamericanos desde EEUU y México volvieron a crecer poniendo a prueba la búsqueda de un acuerdo explícito postergado durante varios años de tácita conversión de México en el muro que soñó Trump.