La República Dominicana continúa destacándose como una de las naciones con menores índices de criminalidad en América Latina, según los datos más recientes disponibles hasta marzo de 2025.
Con una tasa de homicidios que ha descendido a 9.6 por cada 100,000 habitantes en 2024, el país registra una caída del 16.4% respecto al año anterior, consolidándose como un referente regional en la lucha contra el crimen. Este logro contrasta con las elevadas tasas de violencia que persisten en otros países de América Latina y el Caribe, así como con el panorama global, donde la criminalidad sigue siendo un desafío significativo.
El informe anual de InSight Crime, publicado en febrero de 2025, señala que la tasa de homicidios en la República Dominicana es la más baja de la última década, ubicándose muy por debajo del promedio regional de América Latina, estimado en 20.4 homicidios por cada 100,000 habitantes.
En comparación con naciones como Honduras (38.6), Colombia (26.8) y México (26), el país caribeño muestra un desempeño notablemente superior; donde cabe destacar que se han realizado operaciones estratégicas como “Nido”, “Caimán” y “Pandora” que han desmantelado redes de narcotráfico, lavado de activos y cibercrimen, reforzando la seguridad nacional.
A nivel mundial, la República Dominicana también se posiciona favorablemente. Aunque países como Chile (3.6), Japón y varias naciones europeas registran tasas de homicidios más bajas, el índice de criminalidad dominicano está por debajo de muchas naciones de África, Asia y América Latina, como Venezuela (80.7 en el índice de criminalidad de Numbeo 2025) o Sudáfrica (74.67).
Este avance se atribuye a la implementación sostenida del Plan de Seguridad Ciudadana “Mi País Seguro” y al trabajo conjunto de la Fuerza de Tarea Conjunta, que incluye a la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y la Dirección Nacional de Control de Drogas.
No obstante, persisten desafíos, como los conflictos sociales que representan el 54% de los homicidios, relacionados con disputas por deudas, propiedades o rencillas personales.
La reducción de la criminalidad en la República Dominicana es un caso digno de estudio en el contexto latinoamericano, una región históricamente marcada por altos niveles de violencia asociados al crimen organizado y el narcotráfico. Comparado con países como El Salvador, que ha logrado una disminución drástica de homicidios (de más de 100 a menos de 5 por cada 100,000 habitantes en pocos años gracias a políticas controversiales de encarcelamiento masivo), el enfoque dominicano ha sido más gradual y menos polarizante. La tasa de 9.6 homicidios por 100,000 habitantes en 2024 lo sitúa por debajo de países como Brasil (18.5), Ecuador (14) y Jamaica (49.4), y lo acerca a naciones con mayor estabilidad, como Costa Rica (11.5) y Uruguay (8.5).
En el ámbito global, la República Dominicana no compite con los países más seguros del mundo, como Islandia o Japón (con tasas inferiores a 1), pero supera a muchas naciones en desarrollo afectadas por conflictos internos o inestabilidad política. Por ejemplo, en África, países como Nigeria (índice de criminalidad de 66.56 según Numbeo) y Somalia enfrentan desafíos mucho mayores, mientras que en Asia, Afganistán (75.08) sigue siendo un punto crítico.
No obstante, el panorama no está exento de críticas. Aunque los homicidios han disminuido, los robos y delitos menores siguen siendo una preocupación en áreas urbanas como Santo Domingo, donde se concentra el mayor número de casos (353 homicidios en 2023). Además, la dependencia de operativos puntuales contra el crimen organizado podría no ser sostenible a largo plazo sin una reforma estructural en el sistema judicial y una mayor inversión en prevención social.
En conclusión, la República Dominicana se perfila como un ejemplo positivo en América Latina, demostrando que la voluntad política y la coordinación institucional pueden generar resultados tangibles. Sin embargo, para mantener esta tendencia y acercarse a los estándares de los países más seguros del mundo, el país deberá abordar las causas subyacentes de la violencia y fortalecer la seguridad ciudadana en todos los niveles. Por ahora, su posición relativa en la región y el globo es un signo de esperanza en un contexto históricamente adverso.
LRS

