El dramático testimonio de extorsión bajo la modalidad de «secuestro virtual» vivido por una familia en Santiago pone al descubierto un sofisticado modus operandi criminal basado en la manipulación psicológica y el aislamiento de sus víctimas. El caso no solo expone la vulnerabilidad del ciudadano común ante llamadas de engaño y amenazas de bandas internacionales, sino también la flagrante inercia de las autoridades judiciales e investigativas dominicanas, que rechazan recibir querellas cuando el delito no llega a consumarse.
Carlos Márquez /
La Restauración no fue una guerra más.
Fue la segunda independencia, la confirmación definitiva de que el pueblo dominicano no negocia su libertad,...