El magistrado Franny González deja atrás la cómoda figura del homicidio involuntario y eleva la acusación contra los hermanos Espaillat a homicidio voluntario mediante dolo eventual. Un giro judicial histórico que desarma la retórica del «accidente inevitable» y fija la atención en la avaricia corporativa.
Mientras Washington limpia los expedientes de los hermanos Rodríguez a cambio de crudo, la mesa de transición margina a María Corina Machado y el matrimonio Maduro-Flores vive su propio "divorcio judicial" a ritmo de tango penitenciario en Nueva York.