InicioCEREPOESIAEDITORIAL: La trascendencia de la Guerra de Restauración de la República
EDITORIAL: La trascendencia de la Guerra de Restauración de la República
Carlos Márquez /
La Restauración no fue una guerra más.
Fue la segunda independencia, la confirmación definitiva de que el pueblo dominicano no negocia su libertad, no importa cuántas veces la vendan sus caudillos.
El 18 de marzo de 1861, Pedro Santana cometió su tercera y odiosa traición.
La primera fue en 1844, cuando secuestró la obra de los Trinitarios e inicio su plan para entregar la naciente República al protectorado francés.
La segunda, tuvo que ver con el fusilamiento execrable de la dama que bordó nuestra bandera, María Trinidad Sánchez.
La tercera, fue la inaceptable traición de la anexión del país a España, convirtiéndolo en provincia ultramarina.
El despreciable creyó que la historia lo absolvería, que el miedo a Haití justificaba todos sus desmanes.
Se equivocó.
España volvió con su arrogancia imperial, con impuestos abusivos, con desprecio racial, con la censura, junto el intento de reinstaurar la esclavitud.
A causa de ello el intrépido Francisco del Rosario Sánchez,
fue el primero, junto a otros patriotas, en ofrendar su luminosa vida el 4 de julio de 1861, en el Cercado, de San Juan de la Maguana.
Pero, el 16 de agosto de 1863, en el Cerro de Capotillo, Santiago Rodríguez, Benito Monción, José Cabrera, junto a otro puñado de hombres honraron el heroísmo de Sánchez izando la bandera dominicana.
No poseían cañones. Solo blandían machetes, solo valor y memoria; la memoria y el coraje del ideal trinitario.
La hazana restauradora tuvo una inmensa trascendencia.
Demostró que la soberanía no es obra de generales, es obra del pueblo.
Fueron los campesinos, los tabaqueros del Cibao, los macheteros, los pequeños comerciantes, las mujeres que curaban heridos, quienes sostuvieron cuatro años de guerra heroica.
Los dominicanos, sepultaron por siempre la idea anexionista.
Después de la Restauración, ningún dominicano serio ha vuelto proponer protectorado extranjero.
La lección quedó escrita con sangre.
Pero, los auténticos forjadores de la patria, fueron reivindicados.
Santana murió aislado en 1864, despreciado por los mismos españoles a quienes sirvió.
Duarte, exiliado y pobre, fue rescatado por la historia como lo que siempre fue, Padre Fundador de la patria dominicana.
La Restauración corrigió la historia y devolvió la dignidad robada a los Trinitarios.
Entonces, toda América Latina, comprendió, que el imperio español podía ser derrotado.
Fuimos ejemplo continental de resistencia antiimperialista y de esperanza.
Guerra restauradora dejo claro que la independencia fiscal y monetaria es parte de la soberanía.
La bancarrota de papel moneda que provocaron Santana Buenaventura Báez, entre 1844 y 1861 fue el pretexto perfecto para la anexión.
Sin finanzas sanas, no hay patria libre.
Hoy, cuando retraigo con orgullo aquella gesta podemos precisar que la republica es una conquista cotidiana de cada pueblo valiente.
La traición de Santana, contrastando la gloria eterna de Capotillo nos recuerdan que la libertad solo sobrevive cuando sus ciudadanos deciden defenderla, cueste lo que cueste, generación tras generación, sin claudicar jamás.