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Dos hermanas y dos libertadores; semejanzas y diferencias.

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Comparación histórica entre María Antonia Bolívar y Palacios y Rosa Duarte y Díez: dos hermanas y dos libertadores; semejanzas y diferencias.

Dr. Eduardo Gautreau de Windt*

“María Antonia Bolívar y Palacios, hermana del Libertador, es en el alma de los venezolanos, lo que Rosa Duarte, la hermana del Fundador, debe ser en el agradecido corazón de los dominicanos.” Emilio Rodríguez Demorizi.

Con estas palabras el reconocido historiador dominicano, uno de los «duartólogos» más reputados en toda nuestra historia, comienza una de las secciones de sus notas explicativas a la edición de 1970 de los Apuntes de Rosa Duarte, editada por el Instituto Duartiano; siendo esta la primera edición crítica de dicha obra, que además facilitó el que la obra Apuntes para la Historia de la isla de Santo Domingo y para la biografía del General Juan Pablo Duarte llegara a ser distribuida ampliamente en las manos del pueblo dominicano.

El párrafo citado como epígrafe es el inicio de una serie de elogios en reconocimiento a la trascendental labor de Rosa Protomártir Duarte y Díez (1820-1888), y a esto añade: “Si hay una mujer dominicana digna de la consagración del mármol, esa es Rosa Duarte: por su vida y su obra, por sus padecimientos, por su permanente consagración a esa angustiosa vida de dolores de quien se entrega, como ella, a los recuerdos de la Patria y sufre en carne viva sus inacabables infortunios.” 

Con noble propósito don Emilio Rodríguez Demorizi (1904-1986), historiador dominicano con muchas obras escritas en español (más de 125) y reconocido como Padre de la historia dominicana contemporánea, pretendiendo resaltar la figura de nuestra Rosa Duarte (1820-1888), la equipara a María Antonia Bolívar y Palacios (1778-1842), hermana del libertador Simón Bolívar, considerando a esta última acreedora de un gran prestigio y agradecimiento de parte del pueblo venezolano, en retribución a su apoyo a la obra de su hermano. Mas, nos llamó poderosamente la atención que, Rodríguez Demorizi (1904-1986), maestro de maestros de la historia dominicana e hispanoamericana, conocedor de la historia de Bolívar, quien fuera presidente de nuestra Academia de historia y miembro de muchas instituciones académicas en España, Colombia, Venezuela, entre otras, autor de: Poetas contra Bolívar (Madrid, 1966), seducido tal vez por la figura histórica de aquella mantuana indomable, la considerara referencia para nuestra Rosa Protomártir Duarte Díez; él, conocedor, más que muchos, de la historia de la hermana de nuestro libertador, y, como lógico es suponerlo, conocedor de la figura y el accionar de María Antonia hace dicha declaración. Pero, cuando indagamos en la historia venezolana el rol desempeñado por María Antonia Bolívar y Palacios es totalmente contrario a la labor realizada por Rosa Protomártir Duarte y Díez. Basta con revisar los documentos históricos respecto al caso de la hermana mayor del Libertador, del que hay abundante bibliografía, y en la cual se analiza su actitud y actuaciones tanto en la política de la época, como su ideología en contra del pensamiento libertario que logró la independencia y formación de la gran Colombia y el resto de países sudamericanos.

De ahí que me pregunté ¿qué llevó a tan contradictoria aseveración a nuestro padre de la historia moderna? Entonces, me lancé a indagar, más profundamente, y me propuse trazar una: “Comparación histórica entre María Antonia Bolívar y Palacios y Rosa Duarte y Díez: dos hermanas y dos libertadores; semejanzas y diferencias.”

Una de las primeras conclusiones fue que, si bien la vida y obra de nuestra Rosa Duarte y Díez no es, a profundidad y consciencia, conocida, tanto en República Dominicana, como, más aún, en Venezuela, donde vivió exiliada por más de 43 años y murió y fue enterrada, y, por ende, en el resto de Latinoamérica; tampoco la vida y accionar de María Antonia Bolívar era ampliamente conocida en Venezuela, más todavía en República Dominicana y el resto de América Latina. Por lo que, me preocupó la referencia obligada, realizada por tan erudito y autorizado historiador, de la mantuana con nuestra insigne Rosa Protomártir, quien “es el mejor ejemplo de renuncia, entrega y dedicación que tiene esta bendita tierra de Dios, Patria y libertad” (Gautreau de Windt, 2019). Así que, si iban a conocer a Rosa Protomártir Duarte y Díez, en su patria nativa, República Dominicana, en su adoptiva Venezuela, y en América Latina y el resto del Mundo, no es justo que gravitara la figura de la simpar María Antonia Bolívar y Palacios sobre ella.

Claro que, ambas mujeres, hermanas de los libertadores de Venezuela y República Dominicana: Simón Bolívar y Juan Pablo Duarte, respectivamente, fueron soportes importantes en la vida personal de cada uno de ellos y que jugaron un rol determinante a lo largo de las vidas de aquellos. Además, ambas de gran repercusión en la política de sus naciones, con diferencias ancestrales en el apoyo a las causas independentistas, en pensamiento político y en el legado posterior a sus muertes. Y esto era la razón mayor para, equiparándolas, por contraposición, dar a conocer a estas dos mujeres: personajes históricos de dos naciones entrelazadas por la historia y el devenir de muchas de nuestras vidas a lo largo de más de cinco siglos. ¿Qué mejor pretexto que este?  Y, además, una perfecta forma de enmendar una declaración desventurada de una alta pluma como la del insigne historiador nuestro.

Conocedor como soy de Rosa, tomé de referencia su magna obra: APUNTES

DE ROSA DUARTE, editado por el mismo Eliseo Rodríguez Demorizi (1994) o mejor aún su título original y amplio: Apuntes para la historia de la Isla de Santo Domingo y para la biografía del general dominicano Juan Pablo Duarte, escrita hacia 1876. Obra fundamental sobre nuestra independencia nacional y sobre la vida y legado de nuestro padre fundador, su hermano. Dicha obra es la piedra fundamental de nuestra historia republicana, considerada, por los grandes historiadores, incluyendo a Rodríguez Demorizi, el Nuevo Testamento de nuestra historia, tomando a los cronistas de India como nuestro Viejo Testamento. Y adicional a esto, las obras de mi autoría: La escritura, la amanuensia y la memoria vicaria en Rosa Duarte, obra aún inédita, que fuera el discurso de aceptación en la Academia Dominicana de la Lengua, en febrero 2022; además, otros ensayos menores, como: Rosa ejemplo, Procuremos sus ideas y su ejemplo, y Ante un desatino histórico, etc., entre otros: escritos realizados entre 2018 y la actualidad, con motivo de resaltar y redimensionar su figura de cara a su bicentenario en 2020.

Para acercarme a la vida de María Antonia, luego de escudriñar en diversas publicaciones de los historiadores Eumenes Fuget Borragales, Margarita Garrido, entre otros, decidí quedarme como obras referenciales para esta investigación con La criolla principal (Alfa, 2015) y El fabricante de peinetas (Alfa, 2016) de la autoría de quien más ha investigado y escrito sobre ella, la historiadora venezolana Inés Quintero. Ambas obras, complementarias, abordan distintos momentos de la vida de esta singular mujer:

La primera: (…) es la historia de la familia del Libertador Simón Bolívar, centrada en la vida de su sinigual hermana María Antonia, «mujer de armas tomar».

Esta obra, amena, no es novela (¡pero lo es!), es historia e historiografía, es biografía total, es un universo pleno, escrita con la maestría y la genialidad incomparable de una pluma formidable sobre la base de las cartas intercambiadas entre ambos hermanos, y adicionalmente otras que la dama escribió a otros personajes de la época. ¹

 La segunda: Con esta obra la autora finaliza la extraordinaria historia de María Antonia Bolívar y Palacios y cierra un capítulo de la Historia de la independencia y la Sociedad Venezolana. Detrás de la historia apasionada y desquiciada de esta «Inés de Hinojosa» Caraqueña, Quintero me hizo reflexionar sobre la insondable naturaleza humana y de los enormes cambios de paradigmas sociales en la actualidad. Con su peculiar estilo, basada en historia e historiografía, construida, también sobre documentos epistolares y de carácter judicial, vuelve y nos regala una novela de la vida real, una excelente historia para una serie de Netflix (o cualquier otra plataforma) de valor documental, sin cuestionamiento histórico alguno. ²

En fin:

Es así como con ambas obras “La criolla principal” y “El fabricante de peinetas”, que en conjunto conforman toda la historia de María Antonia Bolívar y Palacios,  con el trasfondo de la reconstrucción histórica y casi novelada de la familia Bolívar y Palacios, de la lucha independentista de Venezuela y la reconstrucción de la vida social, política y económica republicana posterior a dicha independencia, Quintero forja un retrato histórico insuperable de su protagonista, con sus luces y sombras, deviniendo en una biografía con gran peso documental, sustentada sobre cartas, es decir, ambas obras son productos de misivas o epístolas escritas por María Antonia, en el primer caso a su hermano El libertador Simón Bolívar, y en el segundo caso a su amante José Ignacio Padrón, el fabricante de peinetas, además del expediente judicial del caso de demanda a este por la susodicha dama . Es decir que ambas obras, con sustentos histórico e historiográfico, pero con fuerte sabor novelístico, son de cortes epistolares.

Con tales referencias documentales me lancé a trazar el paralelismo fidedigno entre ambas damas, y a destacar sus similitudes y diferencias, para arribar a un bosquejo  completo de los perfiles personales y de sus actuaciones frente a sus realidades históricas. Y, por ende, el legado de cada una y su sitial en el corazón de sus pueblos.

 Es menester destacar que ambas mujeres son casos muy distintos pero referenciales en lo que serían aquellas hermanas que, ligadas a sus hermanos, libertadores, intervinieron en la política y en las luchas patrióticas de sus naciones. Rosa, mucho más cerca de otra, Francisca Javiera Carrera Verdugo (1781-1862), quien formó parte de la aristocracia de la Chile colonial, perteneció a una familia de destacados militares patriotas, próceres de la emancipación de Chile y destacados participantes en las guerras de independencia:  José Miguel, Juan José y Luis Carrera. Pero fue mucho más que la hermana mayor de ellos, pues tomó parte activa en dicha lucha y elaboró la bandera diseñada por José Miguel.4 Ellas tres, de igual manera formaban parte de las clases altas de sus respectivas naciones; María Antonia y Francisca, aristócratas; todas instruidas, para sus épocas, reconocidas por su fuerte carácter; apasionadas, dominantes y astutas en sus movimientos, padecieron el destierro y la persecución por sus ideas y sus acciones. A saber, son las únicas hermanas, hasta ahora, que jugaron roles determinantes en las historias de sus patrias.

Dos hermanas y dos libertadores; semejanzas y diferencias.

  1. Semejanzas:
  2. María Antonia Bolívar y Palacios (Caracas,1778-1842), hermana mayor y predilecta del libertador Simón Bolívar y Palacios, administradora de las propiedades e inmuebles de su hermano, así como del patrimonio familiar, a partir del 1823, hasta la muerte del libertador en 1830. Rosa Protomártir Duarte y Díez (Santo Domingo,1820-Caracas,1888), hermana menor de nuestro libertador Juan Pablo Duarte y Díez, fue el principal soporte de la vida de su hermano, a punto de ser su principal confidente, madre sustituta, enfermera; secretaria, amanuense y albacea de su obra y su legado histórico y político. Fue, de todos sus discípulos, la mejor y más fiel. 5
  3. Ambas fueron mujeres instruidas, de caracteres fuertes y definidos, de gran personalidad y con convicciones claras frente a los acontecimientos de sus épocas; tomando partida en la política y las acciones sociales de sus naciones.
  4. Ambas usaron en determinados momentos las cartas o misivas para externar su posición política y su pensamiento. De ahí que, por medio de su actividad epistolar podamos obtener un reflejo fidedigno de sus visiones de vida.
  5. Por su pensar y sus acciones, de manera distinta, ambas padecieron el exilio. María Antonia, transitoriamente de 1814 a 1822 (los años más duros de la guerra de independencia), por disposición de su mismo hermano, para protegerla. Y Rosa, en cambio, fue expulsada con toda su familia a Venezuela, por disposición triunfo de la Guerra de independencia nacional, gracias a las feroces pugnas políticas entre los sectores conservadores y liberales, por la lucha por el poder del Gobierno de la República, al ser declarada “un peligro para la paz”, del 1845, a un año de lograda la independencia nacional que ayudó a forjar, hasta su muerte en Caracas. Allí vivió 43 años y siete meses en el ostracismo, adonde murió toda su familia, incluyendo su madre y su hermano fundador de la república. Todo esto motivado por la persecución política desatada posterior al triunfo de la Guerra de independencia nacional, gracias a las feroces pugnas políticas entre los sectores conservadores y liberales, por la lucha por el poder.

Si bien, María Antonia fue la hermana preferida de Simón Bolívar manteniendo una relación entrañable desde el punto de vista familiar y una confianza absoluta, al punto de ser la administradora de los bienes materiales del libertador, amén de ser una informante clave de este, en ciertos momentos: Mientras el libertador permaneció fuera de su patria, esta hermana fue una observadora objetiva y útil de la situación política de Venezuela, siendo clave para la formación de juicio sobre los hechos políticos sucedidos, principalmente en Caracas. Esto a pesar de que la aguerrida dama no compartía la visión y causa del Libertador, siendo monárquica, abiertamente defensora del rey de España y partidaria de la desigualdad social y la tenencia de esclavos; por lo tanto, opuesta al propósito de independencia y de soberanía defendidos por su hermano el libertador Simón Bolívar. Esto la mantuvo en la acera contraria a su propio hermano, a quien en ocasiones enfrentó, y a los sectores civiles y militares que le apoyaban.

María Antonia, entonces, es una realista consumada y confesa, defensora de España a toda costa y públicamente declarada como súbdita del rey de España, al que incluso se atreve a escribirle de manera directa, pidiendo protección, preservación y devolución de sus bienes materiales e inmuebles, y retribución económica directa. Y ella misma se describe como una mujer de abolengo que se aferró a la tradición dentro de los principios cortesanos españoles y perteneciente a una de las familias más prestigiosas y encumbradas de Caracas; de ascendencia vasca como eran los Bolívar, en su lucha por mantener su posición social y por conservar el bienestar económico, en el contexto de la emancipación americana; defensora del rey, llegó a oponerse activamente al proceso que liberó su hermano menor, el libertador Simón Bolívar: y esto lo hace por convicción. En un momento histórico en el que la mujer solía estar alejada de asuntos políticos y administrativos, la hermana mayor del libertador se hizo cargo del patrimonio familiar y asumió una posición política a favor de la monarquía española. Por el intercambio de cartas entre ella y el libertador se conocen los aspectos de la vida de una mujer de carácter, que pasa a desafiar a su hermano a ratos y hacer su defensora, en otras, de manera personal. En “La criolla principal”, la historiadora e investigadora venezolana Inés Quintero nos dice: “la criolla principal fue una mujer de convicciones monárquicas y nunca lo ocultó, testaruda, pragmática y para quien siempre fue un asunto de primera importancia los bienes materiales y familiares: actualmente hubiese sido una empresaria exitosa. Sin embargo, su destino fue vivir complicada, vivir en el centro de la escena política de una época bien complicada”.

He aquí las marcadas diferencias con Rosa Protomártir:

  1. María Antonieta era de pensamiento muy conservador, monárquico, y contraria a la independencia y a las ideas libertarias de su hermano el libertador Simón Bolívar.
  2. Rosa Protomártir era una liberal consumada, formada en el Romanticismo de la época, con toda la influencia del pensamiento de su hermano, Juan Pablo Duarte y Díez, padre fundador de la República Dominicana. Fiel discípula de este, apoyando plenamente sus ideas.
  3. Ambas fueron mujeres activas de sus respectivas épocas: con decidida participación política: María Antonia manifestándose a favor de la Monarquía y del rey de España; Rosa, en defensa de la independencia nacional, de la libertad y la soberanía.
  4. María Antonia vio afectarse sus intereses y propiedades materiales con la liberación de los esclavos y la proclamación de la independencia de Venezuela. Y si bien administró con éxito los bienes materiales de su hermano, se benefició inmensamente de ello, aumentado su patrimonio de manera importante, llegando a amasar una fortuna.
  5. Rosa Protomártir no tenía apetencias materiales, todo lo contrario, fue totalmente desprendida en lo material a punto de que apoyó la decisión de Juan Pablo de donar sus bienes para la causa independentista. Por eso, murió, al borde de la miseria, como casi toda su familia, en Caracas, sustentada en lo económico por familiares maternos.
  6. Ambas eran líderes al interior de sus familias, con la inmensa diferencia de que Rosa fue soporte de sus hermanos y su madre, y representante en todas las transacciones comerciales de su madre, sin discordia alguna ni disputas con el resto de sus parientes y hermanos. María Antonia enfrentó, por dichos bienes y beneficios a toda su familia: sus hermanos, su hijo, sus tíos, primos y cuñados; entablando procesos judiciales penosos y, hasta casi ridículos, luego de la muerte del Libertador, en una arrebatiña que trascendió a su familia, la sociedad de aquella época hasta nuestros días.
  7. En cambio, Rosa, solo fue albacea del patrimonio intangible y trascendente de nuestro libertador, de su gran legado: a punto de escribir la obra más importante sobre la vida y pensamiento de Juan Pablo Duarte.
  8. Si María Antonia se consagró al rescate del patrimonio material de los Bolívar y Palacios, beneficiándose; Rosa se consagró a la causa independentista y al cuidado de su familia, sacrificando su vida personal y amorosa. Ella se quedó soltera, luego de que su prometido, el trinitario y patriota Tomás de la Concha, fuera fusilado, por órdenes del mismo gobernante que la expatrió. María Antonia tuvo, al menos un matrimonio y tres maridos más: con los que tuvo hijos, hasta fuera del matrimonio y mantenidos en secreto toda su vida. Esto fue motivo de escándalos sociales importantes. Frente a la postura social y moral de la dominicana que jamás dio de que hablar al respecto.
  9. Por último, si ambas empuñaron la pluma, dejando una estela de documentos para la posteridad, que facilitan el acercarnos a ellas y a sus épocas, saber de primera mano parte de sus historias personales siendo ejemplo de mujeres que supieron romper cánones y limitantes de sus sociedades. La Bolívar lo hizo, solo en epístolas de grado personal, a su hermano y a funcionarios de la época, para reclamar lo que creía ser acreedora por méritos, derechos y privilegios (como sus misivas al rey de España). Y, por otro lado, en cartas apasionadas, pero en su momento discretas, a su amante, que luego, gracias a sus deseos de venganza y por despecho, arma una vergonzosa patraña, acusándolo de un inventado robo, que conllevó a un proceso judicial ejemplar, que significó su exposición social y personal bochornosa.

Algo adicional, que desborda a ambas, pero por el significado patrio y la importancia histórica es menester reseñar: es la diferencia diametral en el posicionamiento de dichas familias frente a las causas independentistas de Bolívar y de Duarte:

“(…) conocer de cerca las tensiones y trifulcas que generó la independencia en la familia Bolívar (…)”  6

“La hora del supremo sacrificio había llegado, y la familia Duarte y Díez, siempre solícita a prestarle su más firme ayuda a su querido y predilecto Juan Pablo, inmoló en aras de la santa causa de la redención de la Patria todos sus bienes de fortuna.”

Por la libertad de la Patria, la familia Duarte y Díez no solamente sacrificó sus bienes de fortuna, sino también la felicidad del hogar, las bonanzas de la existencia y hasta el precioso tesoro de la vida. «Allí, al pie del Ávila, rindieron todos la carga de la vida en duelo. Los últimos en morir fueron: Juan Pablo, el 16 de julio de 1876; Rosa, el 25 de octubre de 1888; Francisca, el 17 de noviembre de 1889; y Manuel, el 8 de agosto de 1890.» 7

Por todo lo expuesto, concluimos que, hay diferencias abismales entre ambas y frente a la historia son recordadas de muy distintas maneras: si Rosa sacrificó toda su vida personal, sentimental y económica, por la causa de su patria, a punto de morir, luego de más de 43 años de destierro fuera de su tierra, y para colmo sus cenizas se perdieron en la noche de los tiempos, con la remodelación del Cementerio General del Sur, de Caracas. En cambio, María Antonia vivió y gozó de una vida plena, de la cual se benefició en todo momento, sin sacrificar nada por la causa de su patria y sin cambiar de actitud frente a su pueblo liberado. Pero, además, la “lucha” de esta siempre fue personal y en aras de su beneficio económico. Y, casi al final de su existencia, demuestra la calaña de su naturaleza al inventar un injusto y oprobioso caso contra su examante, solo por despecho y venganza personal, en un claro abuso de opulencia y superioridad social y económica… Todo contrario a Rosa Protomártir, que asumió la labor de veedora de la democracia, la soberanía y la libertad de su pueblo, aún en la distancia y la penumbra del exilio perpetuo.

Y, si todo esto fuera poco, la labor escritural de la dominicana rescata la historia de la lucha independentista y como albacea y amanuense preserva el legado de Juan Pablo Duarte y de La Trinitaria para la posteridad, siendo reconocida por historiadores e intelectuales como una patriota y heroína pro independentista, cuyo aporte intelectual, como protohistoriadora, historiógrafa y pensadora crece y seguirá creciendo entre las mujeres que lucharon por las independencias de las naciones americanas. El caso Rosa Protomártir es único en América, siendo la única mujer que plasma la historia de la epopeya libertaria de su nación, ninguna como ella…

Entonces, resurge de nuevo la pregunta ¿qué llevó a tan contradictoria aseveración a nuestro padre de la historia moderna? Nuestra premisa fue la seducción en la que cayó tan ilustre historiador. Pero, entonces, ¿qué llevó a don Eliseo Rodríguez Demorizi a dicha creencia. La respuesta, luego de reflexionar, la encontré en la misma obra de Inés Quintero, La criolla principal, obra guía de toda esta investigación. Cito:

Es poco lo que se conoce sobre la vida de María Antonia Bolívar. La referencia ineludible sobre su persona es aquella que nos remite al consejo que le diera a su hermano, Simón Bolívar, cuando le advirtió que no aceptase la oferta que le hacían quienes pretendían coronarlo y le manifestó que, por ningún motivo, renunciase a su título de Libertador.

Este episodio está presente en los escasos y breves escritos que dan cuenta de la vida de María Antonia. El padre Carlos Borges, en el acto inaugural de la Casa Natal del Libertador, al referirse al valor y trascendencia de este «histórico» consejo, comentó entusiasta en su discurso: «… ¡¿Dónde encontró esta sublime caraqueña la pluma de Plutarco?!».

 Y nos sigue diciendo, la acertada autora:

 Vicente Lecuna, estudioso de la obra del Libertador, no se quedó atrás y lo calificó como un «concepto soberbio» y como la más clara demostración de la «magnanimidad» y «grandeza moral» de María Antonia.

El mismo Lecuna, al referirse a la hermana mayor de los Bolívar Palacios, aun cuando afirma que en un comienzo no compartió los ideales de su hermano ya que fue partidaria del rey, señala que era una mujer de «ideas elevadas, un gran sentido político y acendrado amor patrio».

Estos conceptos, mitificando la figura y el accionar de la mantuana fueron publicados en Vicente Lecuna: «María Antonia Bolívar y las ideas monárquicas» en Catálogo de errores y calumnias en la historia de Bolívar, tomo II, p. 85; V. Lecuna. «María Antonia Bolívar» en Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, no. 126, abril­junio 1949, p. 148. El mismo Lecuna cita la frase del padre Borges, nos especifica Quintero.

Otro acucioso investigador de nuestro pasado, el señor Manuel Landaeta Rosales, también se animó a emitir su opinión sobre María Antonia: «… era una mujer altiva, inteligente y de gran patriotismo».

Adicional a esto: La Revista de la Sociedad Bolivariana, al cumplirse el primer centenario de la muerte de María Antonia, en 1942, le dedicó unas páginas y en ellas estampó el panegírico de la «hermana devota del Héroe», tributo de admiración «a la memoria de esta mujer ejemplar».

Tres décadas más tarde, Irma De Sola Ricardo en su discurso de orden ante el Concejo Municipal del Distrito Federal, en ocasión de conmemorarse el Día Internacional de la Mujer, rindió homenaje a María Antonia Bolívar por la «indudable influencia que tuvo en la decisión más trascendental del Libertador», y la describió como una mujer de acendradas tradiciones religiosas, dedicada a su hogar y capaz de incursionar con resolución en la agricultura, en la administración de sus haciendas, en litigios judiciales y en la contienda pública. Era María Antonia, en palabras de la señora De Sola «… la heroína civil de las mil batallas cotidianas»

Casi cerrando este acápite, nos recalca la Dra. Inés Quintero:

Hasta aquí no hay fisuras en la apreciación de esta pariente del Libertador; todos coinciden en que se trató de una mujer noble, patriota, devota de su hermano y quien supo encaminarlo y recomendarle lo que más le convenía.

Más allá de estos apologéticos comentarios, no hay mayores noticias sobre la vida de María Antonia Bolívar.

Entonces, casi podemos asegurar que esta figura ensalzada, sublimada, mejor aún   mitificada fue la que cautivó a don Eliseo. Y cayó rendido el señero maestro de la historia. Toda vez, que la única obra que cuestionó la figura de María Antonia Bolívar y Palacios, intentando poner las cosas en su lugar, fue escrita muy posteriormente a la elocuente afirmación escrita que nos genera toda esta investigación: En 1977, Paul Verna, abogado, diplomático e historiador, publica María Antonia y las minas de Aroa (Caracas, Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos) En dicha obra, Verna, investigador de historia en el Archivo de la Cancillería venezolana, discrepa por completo de las opiniones emitidas por el padre Borges, Vicente Lecuna, Manuel Landaeta Rosales y la señora Irma De Sola Ricardo, y nos al respecto:

La califica de testaruda, avara, torpe, codiciosa, embrollosa y considera que se ha pretendido erigir una versión idílica de esta mujer cuando, «… la verdad, la pura verdad (sin quitarle los méritos o las cualidades que pudiera tener) es que María Antonia era una mujer interesada, una persona aprovechada, avara y egoísta que sabía esconder muy bien a los ojos de su hermano la inmensa codicia que la devoraba»

Rechaza, Verna, la idea de su acendrado patriotismo. No fue nunca el tricolor glorioso la bandera de María Antonia. Por el contrario, su bandera será siempre «… la de sus intereses eco­ nómicos, de la riqueza, del dinero. Su única bandera será la codicia y la codicia de María Antonia no tenía límites.8

Todos tenemos diversas responsabilidades ante la historia, ya que ella misma es de todos. Unos como sujetos y otros como objetos, por nuestro accionar, nuestras palabras y posturas. Por medio de la lectura crítica, la reflexión y la investigación podemos ratificarla, ampliar, esclarecer y modificar lo escrito. Si no lo hiciéramos fuéramos irresponsables. Del mismo modo que con afán proclamo la vida y el legado de Rosa Duarte, como prócer independentista de la República Dominicana, y que sea reconocida su labor como cronista de aquella gesta patriótica, caso sin parangón en las Américas, así es menester que se tengan claros los parámetros ante las demás excelsas mujeres que contribuyeron a la santa causa de nuestras naciones.

Entonces, rectifiquemos el elogio del insigne historiador Eliseo Rodríguez Demorizi y que cada una, María Antonia Bolívar y Palacios y Rosa Protomártir Duarte y Díez, ocupe el lugar que le corresponda en el corazón de sus respectivas patrias y con el sitial que se ganaron frente a la historia latinoamericana, entre las aguerridas mujeres que tuvieron el coraje y la determinación de ser ciudadanas que rompieron paradigmas y trazaron ejemplos para todos a lo largo de estos siglos. ¡Loor a Rosa Protomártir Duarte y Díez, mujer ejemplo entre las heroínas de América!

Ponencia dictada en el marco del XVI Congreso Centroamericano de Historia, en la Universidad Autónoma de Honduras, Tegucigalpa.

Posteriormente publicada en el Boletín del Instituto Duartiano, No. 50, diciembre 2024

*Dr. Eduardo Gautreau de Windt

Escritor e Investigador

eduardogautreau@hotmail.com

Felix Jimenez
Felix Jimenezhttps://teclalibremultimedios.com/
Nacido en la República Dominicana, Félix A. Jiménez encarna a la perfección la riqueza cultural de su tierra natal. Su ADN refleja una mezcla única de ancestrías: 8% taíno, 30% africano, 56% ibérico y trazos de otras raíces étnicas — un testimonio del vibrante mestizaje que define al Caribe. Ciudadano tanto de Canadá como de la República Dominicana, y residente actualmente en el estado de Washington, Estados Unidos, el Sr. Jiménez es arquitecto de formación, con estudios de posgrado en Planificación del Desarrollo Turístico en el Centro Interamericano de Capacitación Turística en Ciudad de México, y en Marketing Estratégico para el Turismo en la Universidad George Washington, en Washington D.C.

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