-China, textiles, tensiones y el telón de fondo del nuevo orden mundial-
Por la Redacción de Teclalibre Digital
SANTO DOMINGO.– La avenida Duarte es más que un hervidero de comercio informal y regateo callejero: es un campo de batalla silencioso donde se cruzan intereses globales, soberanía nacional y las ambiciones de una superpotencia llamada China.
Esta semana, la Asociación Dominicana de Industrias Textiles (Aditex) encendió las alarmas con una advertencia digna de un parte de guerra: la industria textil criolla está al borde del colapso. ¿El enemigo? No son los altos costos locales ni la falta de innovación, sino una oleada de productos chinos que inundan el mercado con precios que desafían toda lógica económica… y toda normativa legal.
“Competencia desleal devastadora”, denunció con tono sombrío René Rivas, presidente de Aditex, señalando con nombre y apellido a los importadores chinos que, según él, operan al margen de las leyes laborales y fiscales del país. No se trata de una simple disputa comercial, sino de una amenaza directa a más de 70,000 empleos formales y al frágil ecosistema de las Mipymes que sostienen buena parte de la economía nacional.
Pero mientras los industriales tocan las campanas de emergencia, en el otro extremo del tablero Rosa Ng —figura influyente de la comunidad china en el país— y empresarios como Yeuk Fai alzan la voz tras el cierre masivo de tiendas de capital chino en la mismísima Duarte. El Ministerio de Trabajo encontró múltiples violaciones en al menos 13 de estos negocios. ¿El resultado? Fricción, tensiones y un choque que va mucho más allá del código laboral dominicano.
Lo local como reflejo de lo global
Esta no es una simple riña entre fabricantes locales y comerciantes chinos. Es el espejo caribeño de una guerra fría económica que se libra en todos los rincones del planeta. China —con su músculo industrial y su estrategia de dominación comercial— está reconfigurando los equilibrios del poder mundial. Y mientras Washington se aferra al dólar y al viejo orden unipolar, Pekín infiltra los mercados con lo que mejor sabe producir: bienes baratos, abundantes y sin preguntas incómodas.
República Dominicana, como muchos países del Sur Global, queda atrapada en medio. Quiere atraer inversiones, necesita productos asequibles para una población con bajo poder adquisitivo… pero también debe proteger su aparato productivo y su clase trabajadora. Y en ese juego de equilibrios imposibles, la cuerda suele romperse por el lado más débil.
¿Soberanía o sumisión comercial?
La propuesta de Aditex de imponer aranceles del 50% a las importaciones textiles chinas no es descabellada: México ya lo hace, Colombia también. La pregunta es si el Gobierno dominicano está dispuesto a desafiar a su segundo mayor socio comercial (después de Estados Unidos) justo cuando China extiende su sombra diplomática y económica por toda América Latina a punta de créditos, infraestructuras y promesas de crecimiento.
El dilema es claro: ¿proteger la industria nacional o abrir las puertas a un modelo de dependencia comercial donde lo barato sale carísimo en términos de empleo, recaudación y soberanía?
¿Y ahora qué?
En la era del nuevo orden multipolar, donde los BRICS buscan destronar al dólar y Washington impone sanciones mientras firma tratados comerciales, la batalla de la Duarte parece mínima. Pero no lo es. Es, en realidad, un microcosmos de los conflictos que marcarán el siglo XXI: globalización vs. producción local, derechos laborales vs. eficiencia a ultranza, soberanía vs. dependencia.
“Lo que está en juego no es solo una industria. Se trata de defender la dignidad de nuestra clase trabajadora”, sentenció Rivas.
Y tenía razón. Aunque quizá debió agregar que también está en juego el tipo de país que queremos ser: ¿un peón obediente en el tablero de los grandes? ¿O una nación que, aunque pequeña, alza la voz por lo que le pertenece?
La próxima movida es del Gobierno. Pero el reloj ya está corriendo. Y los textiles, como la paciencia, también se desgastan.
rodriguezsluism9@gmail.com

