Trump y el Fantasma de Epstein: ¡Buuu! No tan rápido, Donaldo…
Donald Trump ha intentado muchas cosas en su vida: vender universidades fantasma, declarar bancarrota como quien cambia de peinado, y ahora, en su más reciente acto de prestidigitación política, intenta desaparecer al mismísimo Jeffrey Epstein de su historia personal. Spoiler: le está saliendo peor que sus intentos de bailar YMCA en los mítines.
Resulta que, por más que Trump insista en que «no lo conocía muy bien», hay más fotos juntos que páginas en el Art of the Deal. Fiestas, risas, palmadas en la espalda y… bueno, la lista de pasajeros del «Lolita Express» tampoco ayuda mucho. Y cada vez que alguien olvida el tema, ¡bam! otra muerte misteriosa, otro testigo que desaparece, otra movida digna de un thriller de Netflix.
La última entrega de esta serie turbia se titula: “Muere el abogado, habla la testigo y Bondi resucita”. En efecto, tras el extraño fallecimiento de un abogado vinculado a Epstein, aparece en escena la señora Pam Bondi —exfiscal, trumpista declarada y actual salvavidas jurídica del expresidente— anunciando que interrogarán a la única testigo clave aún en pie. Sí, la última en pie. Como si fuera el final de Los Juegos del Hambre, pero con trajes de diseñador y abogados en vez de arcos y flechas.
Y mientras tanto, ¿qué hace Trump? Publica videos bíblicos, llama a Elon Musk para una reconciliación digna de telenovela evangélica, y dice que quiere liberar a inmigrantes «injustamente encarcelados». ¿Qué sigue? ¿Una foto en la frontera abrazando a un coyote redimido?
El problema es que, por más que intente lavarse la cara con discursos piadosos, el agua bendita no borra los archivos del fiscal. Y ahora hasta dentro del movimiento MAGA se preguntan si Donaldo está más cerca de la red que juró destruir que de la redención que predica.
El caso Epstein es el monstruo en el clóset de la élite global, pero a Trump le toca el papel estelar. Y por más que cambie de peinado o de abogado, cada vez que apaga la luz para dormir, el fantasma de Jeffrey aparece y le susurra: «¿Recuerdas Palm Beach, Donnie?»
Tal vez por eso duerme tan poco.
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