-Más de 200 muertos por disparos y desnutrición en días recientes, mientras crece la presión internacional y las familias de rehenes piden “cerrar el país” para forzar un alto el fuego-
Redaccion denTeclalibre.- La decisión de Israel de tomar militarmente Ciudad de Gaza ha provocado una condena internacional en aumento, con fuertes críticas de más de 20 países y llamados urgentes a permitir el ingreso masivo de ayuda humanitaria. En paralelo, se registran nuevas muertes por hambre y ataques contra palestinos que buscaban asistencia.
En las últimas 24 horas, funcionarios de salud informaron la muerte de 11 palestinos baleados mientras buscaban ayuda y 11 adultos fallecidos por causas relacionadas con la desnutrición, sumando un total de 114 muertes por hambre desde junio (98 de ellas niños).
Los mediadores Egipto y Qatar impulsan un nuevo marco de alto el fuego que incluye liberación total de rehenes a cambio del fin de la guerra y la retirada israelí. Familias de rehenes presionan al gobierno de Netanyahu y piden incluso una huelga general para forzar un acuerdo.
Mientras tanto, se multiplican los testimonios sobre francotiradores y tanques israelíes disparando contra civiles en busca de comida, aunque el ejército lo niega. Las entregas aéreas de alimentos, que Italia y Grecia han comenzado a realizar, son calificadas como degradantes e insuficientes por residentes y ONG.
Israel ha cruzado una nueva línea roja: no solo ha intensificado su ofensiva militar en el corazón de Gaza, sino que lo ha hecho desafiando un bloque internacional que, por primera vez en mucho tiempo, incluye aliados históricos como Alemania, Francia, Canadá y Reino Unido. El lenguaje diplomático ya no es ambiguo: “violación del derecho internacional”, “escalada peligrosa”, “anexión ilegal”. Palabras que, en otros contextos, han sido preludio de sanciones.
El relato israelí insiste en culpar a Hamás por el desvío de ayuda, pero no presenta pruebas y, mientras tanto, las cifras de muertes por hambre crecen. El hecho de que la propia Alemania —uno de los proveedores clave de equipamiento militar— haya congelado exportaciones destinadas a Israel en Gaza es una señal inequívoca de que el desgaste diplomático de Tel Aviv ya no es solo un problema de imagen, sino un riesgo estratégico.
Por otro lado, el intento de mediación de Egipto y Qatar, con la liberación de rehenes como moneda de cambio, enfrenta un problema evidente: Netanyahu está atrapado entre las presiones internas de las familias de rehenes, que exigen un acuerdo inmediato, y el sector ultraderechista de su coalición, que rechaza cualquier alto el fuego sin “victoria total”. Esa tensión interna podría hacer que incluso un acuerdo viable se hunda antes de firmarse.
En Gaza, la población vive una tragedia que combina guerra, hambre y calor extremo. El uso de lanzamientos aéreos de comida —vistos por muchos como humillantes— no solo evidencia la falta de un corredor humanitario seguro, sino que alimenta una narrativa de resistencia ante lo que Turquía ha llamado una “estrategia de inanición forzada para vaciar el territorio”.
El domingo, el Consejo de Seguridad de la ONU discutirá la situación. Pero, con el veto estadounidense casi asegurado, el resultado probable será más condena retórica y poca acción concreta. Mientras tanto, cada día sin acuerdo se mide en vidas perdidas.
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