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CLIENTES ESQUILMADOS Y MUCHOS APAGONES

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Luz al final del apagón… ¿o más humo eléctrico?

El presidente del Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED), Celso Marranzini, soltó una bomba: en la Empresa Distribuidora del Este, bajo la administración de Manuel Mejía Naut, se habrían inflado los consumos eléctricos de 42 mil clientes. El truco —según Marranzini— era tan simple como perverso: hacer creer que la distribuidora funcionaba mejor de lo que realmente funcionaba.

En buen dominicano: el ex administrador, designado en junio de 2023 y cancelado apenas en octubre de 2024, habría manipulado las facturas para vender la ilusión de eficiencia. Cuando se le preguntó si habrá acusación formal contra Mejía Naut, Marranzini respondió con un enigmático “la vamos a presentar”. Veremos si esto se traduce en expediente o queda, como de costumbre, en puro cortocircuito mediático.

Mientras tanto, la realidad golpea donde más duele: en los apagones. Durante semanas, barrios enteros han quedado a oscuras hasta 12 horas seguidas, provocando protestas con el clásico repertorio dominicano: quema de neumáticos, bloqueos y consignas a media voz bajo la penumbra.

El presidente Luis Abinader pidió disculpas —otra vez— y calificó los apagones de “odiosos”. Anunció que 600 megavatios entrarían gradualmente al sistema como contingencia para cubrir las fallas de Punta Catalina. Promesa que suena a “dame un chance” en un país que ya perdió la cuenta de cuántas veces se juró la solución definitiva al problema eléctrico.

Como si se tratara de un libreto tragicómico, el propio Marranzini —en su doble sombrero, ahora como administrador de la Empresa de Generación Eléctrica Punta Catalina— explicó que todo comenzó con una salida inesperada de una de las plantas. Se arregló el domingo 17 de agosto, pero al otro día la otra unidad se paró… por culpa del sargazo.

Sí, leyó bien: ese alga pegajosa que invade playas turísticas terminó afectando la circulación de agua en el intake de la planta. Resultado: la generación volvió, pero no a plena capacidad. ¿Conclusión? Nuestro sistema eléctrico, que debía ser la joya del Caribe, termina siendo vulnerable a una tormenta de algas marinas.

El problema eléctrico dominicano no es de ayer, ni de hoy. Es un déjà vu nacional que va de promesa en promesa, de administrador en administrador, de apagón en apagón. Y ahora, con acusaciones de manipulación de consumo, apagones que encienden más protestas que bombillas, y plantas que se apagan por culpa del sargazo, la pregunta es inevitable:

¿Estamos frente a un sistema eléctrico que progresa, o simplemente frente a un teatro donde lo único que nunca falta es la oscuridad?

rodriguezsluism9@gmail.com

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