POR EL TRILLO DE LA HISTORIA
Por Ramon Espinola
Fecha clave: 3 de septiembre de 1930
Efectos devastadores: 6,500 muertos · 20,000 heridos · 40,000 damnificados Impacto histórico: La catástrofe natural que abrió las puertas a la era trujillista
Introducción
Hoy, 3 de septiembre, se cumplen 95 años de la tragedia que marcó para siempre la historia de la República Dominicana: el paso del huracán San Zenón por la ciudad de Santo Domingo.
En solo unas horas, vientos huracanados, lluvias torrenciales y un mar embravecido redujeron la capital a escombros. La ciudad que alguna vez fue tranquila y colonial se convirtió en un escenario de caos, llanto y muerte.
Pero San Zenón no solo dejó destrucción; también cambió el destino político del país. En ese momento, Rafael Leónidas Trujillo llevaba apenas 18 días como presidente, y la forma en que enfrentó la crisis lo proyectó como el líder autoritario que, con el tiempo, consolidaría una de las dictaduras más largas y férreas de América Latina.
El día que el viento se llevó a Santo Domingo
Los primeros vientos de San Zenón comenzaron a sentirse el 29 de agosto de 1930. Sin embargo, la madrugada del 3 de septiembre la ciudad fue azotada con una violencia inusitada. Árboles arrancados de raíz, casas convertidas en polvo, barcos hundidos y calles inundadas pintaban el panorama de un apocalipsis tropical.
Aunque San Zenón no alcanzó la velocidad de huracanes como David (1979) o Georges (1998), el saldo humano fue devastador. Según el censo estadounidense de 1920, la población del Distrito Nacional era de apenas 74.641 habitantes. De ellos, 6.500 murieron, 20.000 resultaron heridos y cerca de 40.000 quedaron damnificados. En otras palabras, el 85% de la población capitalina sufrió los efectos del fenómeno.
Luz entre la tragedia: música, amor y lágrimas negras.
En medio de la catástrofe, una historia curiosa y emotiva surge desde el corazón de la capital. En aquellos días, el célebre Trío Matamoros —integrado por Miguel Matamoros, Rafael Cueto y Siro Rodríguez— se encontraba de gira artística en Santo Domingo.
El trío se hospedaba en la pensión de Luz Saldaña, ubicada en la calle Vicente Noble, cerca de la famosa Planta Eléctrica y del bullicioso barrio Boro Hall, epicentro de la vida nocturna capitaleña. Durante el encierro forzado por la tormenta, Miguel Matamoros compuso la inolvidable canción “El Ciclón”, cuyo estribillo se convirtió en un himno de la época:
“Cada vez que me acuerdo del ciclón,
se me enferma el corazón…”
Pero hay más. Luz Saldaña aseguraba que Matamoros mantenía un romance con una joven maestra de la capital. Al no poder visitarla por las lluvias, la mujer pensó que Miguel había muerto. Sumida en la tristeza, fue ella quien habría escrito los versos que inspiraron “Lágrimas Negras”, canción que el trío inmortalizó y que más tarde se convirtió en uno de los boleros más emblemáticos del siglo XX.
La ciudad en cenizas
El desastre dejó tal cantidad de cadáveres que, para evitar epidemias, las autoridades decidieron incinerar miles de cuerpos en lo que hoy conocemos como el Parque Eugenio María de Hostos. Durante días enteros, el hedor de carne quemada cubrió el aire de Santo Domingo, grabando un recuerdo imborrable en la memoria de sus habitantes.
La ciudad quedó prácticamente en ruinas. Calles, iglesias, comercios y viviendas fueron destruidos. Esta catástrofe se convirtió, paradójicamente, en el pretexto perfecto para Trujillo: su régimen utilizó la reconstrucción como propaganda, erigiéndose como el “salvador” del pueblo dominicano.
De Santo Domingo a Ciudad Trujillo
En 1936, apenas seis años después de San Zenón, el senador Mario Fermín Cabral propuso cambiar el nombre de la capital. Así, Santo Domingo pasó a llamarse oficialmente Ciudad Trujillo, en honor al dictador que, según la narrativa oficial, había “rescatado” a la ciudad de las cenizas.
El cambio se mantuvo hasta 1961, cuando, tras el asesinato de Trujillo, Santo Domingo recuperó su nombre original. Sin embargo, el recuerdo de aquellos años oscuros sigue latente en la memoria colectiva.
Legado y memoria
El huracán San Zenón no fue solo un fenómeno meteorológico: fue un punto de quiebre histórico. La tragedia unió al pueblo dominicano en medio del dolor, pero también sirvió como catalizador para el auge del trujillato y la transformación de la capital.
Recordar este episodio no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino también un recordatorio de la fragilidad humana ante la naturaleza y del impacto que los desastres pueden tener en el rumbo político y social de una nación.

