-¡Secreto de Estado! Voto Militar en RD: ¿Ciudadanía Plena o el Miedo de la Clase Política a un «Voto Cautivo»?-
La propuesta de la jueza del Tribunal Constitucional(TC), Sonia Díaz, para debatir el voto de militares y policías dominicanos ha desatado una ola de pánico institucional. La rotunda negativa del aspirante presidencial Francisco Domínguez Brito (PLD), bajo el argumento de que el país «no tiene la más mínima madurez», desnuda la profunda desconfianza que domina a la clase política.
La verdadera batalla no es por el derecho constitucional, sino por el control. El veto al voto activo no es una negación de ciudadanía, sino una medida preventiva contra el caudillismo y el fantasma de la injerencia militar. La sospecha es clara y persistente: el padrón militar/policial se convertiría en un ‘voto cautivo’, manipulable por los altos mandos para servir al partido de turno.
Mientras los líderes políticos utilicen la «fragilidad institucional» como una excusa perpetua para mantener un statu quo restrictivo, en lugar de fortalecer las instituciones hasta que el voto de un subalterno sea verdaderamente libre, el uniforme seguirá siendo sinónimo de restricción electoral, no por falta de derechos, sino por exceso de sospecha histórica.
El debate sobre el voto de militares y policías en República Dominicana no es nuevo, pero su resurgimiento —impulsado por la propuesta de la jueza del Tribunal Constitucional (TC), Sonia Díaz, y la reacción airada del ex procurador Francisco Domínguez Brito— desnuda la profunda desconfianza institucional que aún carcome la democracia dominicana.
El análisis toca la médula del asunto: la democracia no es solo la urna, es la neutralidad del fusil. Y en un país con la memoria caliente de la injerencia castrense, la respuesta de los actores políticos es, predeciblemente, más sobre la sospecha que sobre la igualdad de derechos.
La reacción del aspirante presidencial Francisco Domínguez Brito (PLD), reiterando que el país «no tiene la más mínima madurez institucional» y que la medida sería «bastante dañina para la democracia dominicana», es el eco de una clase política que teme perder el control sobre los cuerpos armados, o peor aún, teme que el control lo gane el adversario.
Al plantear el debate, la jueza Sonia Díaz empuja la idea de la ciudadanía plena. ¿Por qué un dominicano paga impuestos, da su vida por la patria, pero no puede elegir a sus líderes?
El Escudo Institucional (OPD-FUNGLODE): Estudios previos han concluido que el veto a militares no es coartar derechos, sino «salvaguardar sus funciones» y «blindar a los uniformados contra la polarización política». En esencia, priorizan la neutralidad sobre el derecho individual de sufragio.
En TeclaLibre creemos que la negativa tajante de Domínguez Brito y el consenso implícito entre los principales actores políticos dominicanos se resume en una palabra: MIEDO.
La suspensión del voto a militares y policías en servicio activo no es una negación de ciudadanía, es una medida preventiva contra el caudillismo. La gran sospecha es que el voto del uniformado en un sistema jerárquico se convertiría en un ‘voto cautivo’, un cuerpo de choque electoral que podría ser manipulado por los altos mandos, sirviendo al partido de turno para afianzar el poder. La cifra potencial (más de 60,000 votantes activos) es demasiado jugosa como para dejarla a la libre conciencia individual.
Domínguez Brito lo dice sin tapujos: «Las instituciones dominicanas son muy débiles… Todavía la democracia dominicana no tiene la madurez para ello».
La trampa argumental es que siempre seremos demasiado inmaduros. La clase política utiliza la «fragilidad institucional» como una excusa perpetua para mantener un statu quo restrictivo, en lugar de comprometerse a fortalecer realmente las instituciones hasta el punto en que el voto de un subalterno sea tan libre como el de cualquier civil. Mientras se mantenga la sospecha de manipulación y el clientelismo, el argumento de la madurez institucional será el pretexto perfecto para negar un derecho constitucional.
El recuerdo histórico de la dictadura donde la lealtad militar era el pilar del régimen sigue siendo el fantasma que nadie quiere revivir. En este contexto, la restricción del voto es vista no como un defecto democrático, sino como una vacuna histórica esencial.
El debate sobre el voto militar en República Dominicana revela que la batalla por la democracia aún se libra en el terreno de la desconfianza. ¿Son los militares y policías ciudadanos de segunda clase, o es que la clase política teme que su derecho al voto se convierta en la herramienta perfecta para el partido de turno para blindarse en el poder? Mientras la institucionalidad siga siendo una cáscara con sabor a manipulación, el uniforme seguirá siendo sinónimo de restricción electoral.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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