Trump cambia las reglas del juego antidrogas… a cañonazos
La nueva doctrina antidrogas de Washington no viene en formato PDF, informe técnico o rueda de prensa. Viene en forma de explosiones sobre el agua. Bajo el mandato de Donald Trump, Estados Unidos ha hundido 20 embarcaciones sospechosas de narcotráfico y ha dejado 80 muertos en alta mar. Una política que el presidente defiende como “necesaria” y “efectiva”, y que sus críticos califican como la mayor ola de ejecuciones extrajudiciales del hemisferio.
Donald Trump cambia la estrategia antidrogas de EE. UU. con hundimientos de barcos y 80 muertes en alta mar. Crecen críticas por posibles ejecuciones extrajudiciales y tensiones diplomáticas en el Caribe y el Pacífico.
Mientras los Guardacostas celebraban el récord histórico de 225 toneladas de cocaína incautadas durante el último año, Trump anunciaba que todo eso no sirve de nada. “Hemos hecho eso durante 30 años y ha sido totalmente ineficaz”, sentenció, descartando tres décadas de cooperación regional, interceptaciones y decomisos.
El cambio fue abrupto: de perseguir y capturar, a localizar y hundir. Según el discurso oficial, las embarcaciones atacadas estaban tripuladas por narcoterroristas y emisarios de cárteles transnacionales. Para los gobiernos del Caribe y el Pacífico, sin embargo, la versión no es tan clara. En zonas donde pescadores artesanales y transportistas ilegales comparten rutas, la línea entre sospechoso y víctima se vuelve borrosa.
El Caribe está inquieto. Varios mandatarios han expresado preocupación por el precedente que Estados Unidos está creando: la capacidad de ejecutar ataques letales sin supervisión judicial, sin coordinación diplomática y sin mecanismos de verificación. Organizaciones de derechos humanos han hablado de “pena de muerte en aguas internacionales”.
Incluso en Washington, demócratas y republicanos han levantado la voz. Temen que la militarización extrema del combate al narcotráfico genere crisis diplomáticas, errores fatales y, en el peor de los casos, un conflicto regional involuntario.
Aunque la Casa Blanca insiste en que solo se ataca a criminales peligrosos, los expertos señalan algo evidente: en alta mar no hay tribunales. No hay jueces. No hay abogados. No hay cámaras corporales. Y en cuestión de segundos, un helicóptero o un avión decide quién vive y quién no.
La combinación Trump —espectáculo, fuerza y titulares fáciles— funciona para su base electoral. Pero para el hemisferio, representa un riesgo mayúsculo. Cada barco hundido en el Caribe deja una estela que no termina en el agua: llega a las cancillerías, a los organismos internacionales, a las mesas militares… y al clima político de toda la región.
En el mar, las olas pasan rápido.
En la geopolítica, no.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada

