ABINADER APRIETA EL BOTÓN DE «RESET» ELÉCTRICO
El golpe político no tardó una semana. El presidente Luis Abinader, aún con el país procesando el apagón general que paralizó la tarde y gran parte de la noche del martes, tomó una decisión contundente: destituyó al director de la Opret, Rafael Santos Pérez, la figura institucional que quedó bajo el reflector cuando el Metro de Santo Domingo dejó de funcionar en pleno blackout.
El decreto 652-25 no solo saca a Santos Pérez, sino que coloca en su lugar a Jhael Isa Tavárez, un técnico conocido en el sector transporte y una figura que ya había tenido presencia en los planes de expansión ferroviaria del Gobierno. Isa, además, asumirá también —de manera honorífica— la dirección ejecutiva del Fideicomiso Fitram, el organismo que diseña y coordina la red nacional de transporte masivo.
El mensaje político fue claro: había que tomar control del daño.
El Metro no falló por culpa del apagón; falló porque su sistema de emergencia no estaba disponible. Ese detalle, pequeño para un informe técnico pero gigantesco para la opinión pública, cambió todo el escenario. El sistema que debía entrar en acción automáticamente quedó fuera de servicio porque —según la versión de Santos Pérez— “se aprovechó el final de la temporada ciclónica para intervenirlo”.
La explicación cayó como un balde de ironía en medio de un país todavía atascado en el caos que dejó el blackout. La gente no entendió cómo la principal obra de transporte masivo de la capital, con miles de pasajeros a bordo todos los días, podía enfrentar un apagón nacional sin un respaldo operativo listo.
Esa percepción le dio a la crisis un matiz político inevitable.
Y Abinader respondió con velocidad.
Pero no se quedó ahí. En un movimiento paralelo, firmado a través del decreto 653-25, el presidente nombró a Alfonso Rodríguez Tejeda como nuevo administrador general de la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED). Dos cambios en una misma semana, ambos directamente vinculados al sistema eléctrico y al apagón que lo sacudió.
Para muchos, esta doble acción es más que una reorganización interna: es una señal de que el Gobierno entiende que el golpe fue institucional, no solo técnico. La transmisión eléctrica falló; el Metro falló; la gestión de crisis fue cuestionada. Era difícil no mover piezas.
En la Opret, el nombramiento de Jhael Isa envía el mensaje de que el Gobierno quiere retomar control técnico y disciplinar el manejo de una de las infraestructuras más sensibles. En la ETED, el cambio apunta a una revisión profunda de la cadena de transmisión, la espina dorsal del sistema eléctrico nacional.
Lo que no se dice en los decretos, pero se lee entre líneas, es que el blackout dejó exposiciones incómodas:
—sistemas de respaldo inactivos,
—respuestas institucionales poco claras,
—y un vacío de responsabilidad que la población no estaba dispuesta a aceptar.
Todo eso obligó al Gobierno a moverse.
La crónica de esta semana deja la sensación de que el apagón fue algo más que un evento técnico. Fue un recordatorio de lo frágiles que son las infraestructuras que sustentan la vida cotidiana y de lo rápido que un desliz administrativo puede convertirse en un terremoto político.
Con los cambios hechos, el Ejecutivo busca reconstruir confianza y enviar un mensaje de orden. Pero la verdadera prueba no será quién dirige la Opret o la ETED, sino que nunca más falle un sistema esencial en el momento más crítico.
Porque si esta crisis demostró algo, es que en República Dominicana la electricidad no es solo energía: es gobernabilidad. Y cuando se apaga, todo lo demás queda expuesto.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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