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CRÓNICA DE UN ULTIMÁTUM CON GARANTÍAS

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-Crónica de un Ultimátum y la Sombra Cubana: La Conversación Secreta que Remece a Miraflores-

Una ráfaga de declaraciones desde el Air Force One, en boca del entonces presidente estadounidense Donald Trump, desveló lo que hasta entonces se movía en las discretas y tensas aguas de la diplomacia secreta: un contacto directo y «breve y claro» con el mandatario venezolano, Nicolás Maduro. No era solo una llamada, era la confirmación del ultimátum que Washington había puesto sobre la mesa, buscando una salida política y ordenada a la crisis de Venezuela, bajo la creciente sombra de la presión militar en el Caribe.

El mensaje, según el propio Trump, fue parte de los «esfuerzos de Washington por presionar una salida política», sin ofrecer más detalles. Sin embargo, fuentes cercanas en Washington y reportes como el del Miami Herald trazaron el perfil completo de la jugada diplomática: un paquete de garantías personales ofrecidas a Maduro y su círculo íntimo, incluyendo a su esposa Cilia Flores, a cambio de facilitar la transición.

La propuesta era un salvavidas dorado, disponible por tiempo limitado, que incluía: Asilo en un tercer país; protección legal frente a cargos federales estadounidenses; un salvoconducto seguro; posibilidad de traslado para familiares directos y acompañamiento diplomático internacional.

Este movimiento audaz coincidía con la escalada de tensión, marcada por la intensificación de las operaciones aéreas y navales de EE. UU. en la región, enmarcadas oficialmente en la lucha contra el narcotráfico. El tiempo para Maduro se agotaba.

La congresista republicana María Elvira Salazar no solo confirmó la existencia de la conversación, sino que puso el dedo en la llaga de un factor crucial que, según ella, limita el margen de maniobra de Maduro: la profunda presencia de asesores cubanos en los organismos de inteligencia y contrainteligencia venezolanos.

Esta no es una simple injerencia; es la arquitectura de un sistema de vigilancia que, desde hace años, ha sido crucial para la supervivencia del chavismo.

Desde acuerdos firmados en 2008, Cuba ha ayudado a Venezuela a reformular sus servicios de inteligencia (como la antigua Dirección de Inteligencia Militar, hoy la tenebrosa DGCIM) para espiar a sus propias Fuerzas Armadas, infundiendo miedo y sofocando la disidencia interna.

Analistas y exfuncionarios de inteligencia venezolanos en el exilio han señalado que los cubanos se han integrado plenamente en la seguridad, el sector militar y las funciones básicas del Estado. Controlan el trasbastidor de muchas decisiones y operaciones estratégicas, hasta el punto de que la sala situacional donde se toman las decisiones clave (políticas, militares y económicas) se ha llegado a ubicar en La Habana.

La pregunta que resonaba en los pasillos de Washington y entre la oposición venezolana era si, ante la oferta de salida de Trump, Maduro podría realmente tomar la decisión sin el consentimiento, o al menos el conocimiento, de sus «hermanos mayores» cubanos. La presencia de estos asesores no solo garantiza la represión, sino que también actúa como una suerte de muro de contención personal, haciendo extremadamente difícil cualquier movimiento unilateral de Maduro hacia una transición pactada.

La breve y clara llamada de Trump no fue solo un recordatorio de que el tiempo se limitaba; fue un pulso directo, poniendo a prueba los lazos de lealtad y supervivencia del líder venezolano frente a sus aliados más férreos.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre- rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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