A: GALA MAYÍ-MIRANDA
Historiadora de Arte,
A: MARTHA CHECO
Cineasta
Por: Ilinka Nac. Perdomo /
Era año de 1986 y, me interesaba conocer a Hilma, a la escritora adulta que se había desterrado a sí misma de la vida pública, al extremo que se hizo invisible en el «mundillo literario», el mismo espectral escenario que bien fue definido por Manuel Rueda como «caníbales literarios» en una entrevista en dos entregas en el Listín Diario —de cuya especie abundan bastante ahora— con muchas fachadas superficiales que exhiben (con intercambio) y lisonjas.
Hilma estaba alejada, desde 1973, de esos ‘fantasmas’ humanos que se atormentan por tener omnisciente presencia y, se angustian porque lo personal (de ellos) se haga público pretexto de nombradía y notoriedad.
Me decía su amiga Ana Quisqueya Sánchez: «Hilma es complicadísima; ya lo verás». Sin embargo, a la «complicadisima Hilma» la conocí, y ambas ganamos mutuamente: hicimos de la amistad/plenitud una forma inesperada, silenciosa y atenta de acoger a la existencia como un milagro que tiene jornadas intensas, perfectas e imaginadas, siendo las imaginadas las que se atesoran porque son curiosas aventuras que ocurren con toda naturalidad cuando la intuición logra revolotearse entre las yerbas del jardín.
Fue observando, contemplando, el ir y venir de la brisa vespertina en el jardín de la casa de Hilma que, descubrí que no es cierto que «las palabras se las lleva el viento», porque mis palabras agitadas por los ecos del misterio espiritual nos une y nos unió permancen. Esas palabras mías —dichas a ella— son: «Siempre tendrás mi eterna lealtad afectiva» y, creo que lo he cumplido, porque las he grabado en cada texto que he podido escribir sobre Hilma Contreras (1910-2006), ahora y siempre, como hoy: un 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción, día de su nacimiento/cumpleaños en San Francisco de Macorís.

