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EL PULSO NUCLEAR-CIBER-ESPACIAL SUBE DE NIVEL

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-Pentágono acusa; Pekín se defiende: el pulso nuclear-ciber-espacial sube de nivel-

El último informe del Pentágono no es un paper técnico más para estanterías del Capitolio: es una declaración de época. Washington dice, sin rodeos, que China ya no compite solo en comercio o tecnología civil, sino en los tres dominios que deciden guerras antes de que empiecen: nuclear, ciber y espacial. Pekín responde con el libreto conocido —“distorsión”, “narrativa de amenaza”, “intento de dividir”—, pero el ruido de fondo es otro: la escalera estratégica acaba de subir un peldaño.

La acusación central es clara. Estados Unidos sostiene que China acelera su expansión nuclear, pasa de la disuasión mínima a una capacidad de represalia robusta, y combina ese músculo con ciberoperaciones persistentes y un despliegue espacial cada vez más ambicioso. Traducción llana: no se trata solo de cuántas ojivas, sino de cómo se apagan redes, se ciegan satélites y se paraliza logística cuando la crisis aún está en titulares, no en trincheras.

El componente ciber es el más inquietante porque es silencioso. Washington acusa a actores chinos de preposicionarse dentro de infraestructuras críticas: energía, telecomunicaciones, transporte. No es el espionaje clásico; es dejar puertas entornadas para el día D. En la lógica militar moderna, eso equivale a minar los puentes antes de que pase el convoy enemigo. Y en esa lógica, el primer disparo ya no suena.

El espacio completa el triángulo. Satélites para vigilar, comunicar, orientar misiles; capacidades para negarle al otro el cielo sin derribar un solo avión. Aquí aparece un dato que al Caribe le debería sonar cercano: la huella espacial china en América Latina y el Caribe entra en el radar del Pentágono como ventaja estratégica. No es paranoia geográfica: quien controla órbitas y estaciones controla ojos y oídos.

¿Y Moscú? El informe subraya coordinación operativa con Rusia —patrullas conjuntas, ejercicios, señales políticas— sin llegar a declarar una alianza formal. Es el tipo de relación que no necesita tratado para ser efectiva: basta con alinear tiempos y mensajes. Para Washington, el resultado es un tablero donde los desafíos se acoplan.

La respuesta china no sorprende: acusa a EE. UU. de inflar amenazas para justificar su supremacía militar y sembrar desconfianza con terceros. Hay algo de verdad táctica en esa defensa —todo informe estratégico es también política—, pero negar el hecho duro (expansión, integración de dominios, coordinación) suena menos convincente cuando los hitos se acumulan.

El subtexto es Taiwán. No hace falta nombrarlo cada párrafo para entender que el calendario —2027, 2030— ordena inversiones, doctrinas y ejercicios. La pregunta no es si habrá conflicto mañana, sino qué tan preparado quiere estar cada actor para disuadirlo. Y la disuasión, hoy, se construye antes del primer misil.

Para el Caribe y países como la República Dominicana, el mensaje es incómodo pero realista: no somos periferia. Cables submarinos, puertos, rutas aéreas, nodos digitales y acuerdos tecnológicos convierten la región en pasillo estratégico. En la era nuclear-ciber-espacial, la neutralidad se prueba en resiliencia: redes seguras, transparencia de acuerdos, soberanía digital.

Conclusión TeclaLibre: no estamos viendo una guerra; estamos viendo su prólogo técnico. Mientras Pekín y Washington se acusan y se defienden, el mundo entra en una fase donde ganar es no perder la capacidad de decidir. Y esa capacidad, hoy, flota en órbita, corre por cables y duerme —armada— bajo tierra.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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