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PAKISTAN Y AFGANISTAN: LA GUERRA OLVIDADA…

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-Pakistán y Afganistán: la guerra olvidada que ya deja decenas de civiles muertos y más de 118 mil desplazados-

Mientras el mundo mira a Irán, otra frontera sangra en silencio

Mientras la atención global se concentra en la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, una peligrosa escalada militar entre Pakistán y Afganistán ha dejado decenas de civiles muertos y más de 118 mil desplazados en apenas días. El conflicto, que mezcla rivalidades históricas, terrorismo y disputas territoriales, amenaza con abrir otro foco de inestabilidad en Asia.

La frontera de más de 2.600 kilómetros entre Pakistán y Afganistán se ha convertido en un nuevo escenario de guerra abierta en Asia. En apenas una semana de enfrentamientos intensos, al menos 56 civiles afganos han muerto y más de 118.000 personas han sido desplazadas, según reportes de Naciones Unidas y agencias humanitarias.

La mayoría de los desplazados son familias afganas que han huido de bombardeos, artillería y combates terrestres en varias provincias cercanas a la frontera, particularmente en Paktia, Paktika, Nangarhar y Khost.

En paralelo, unas 3.000 personas han abandonado sus hogares en territorio pakistaní, lo que confirma que la violencia está afectando ambos lados de la línea divisoria.

La ONU advierte que el número de víctimas podría aumentar, ya que los ataques han alcanzado zonas residenciales y aldeas rurales, donde viven comunidades sin capacidad de escapar rápidamente del fuego cruzado.

La actual crisis comenzó a finales de febrero, cuando Pakistán lanzó ataques aéreos dentro de Afganistán alegando que allí operan bases del grupo insurgente Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), responsable de atentados dentro de territorio pakistaní.

Islamabad sostiene que estas operaciones fueron “ataques selectivos contra campamentos terroristas”, mientras que el gobierno talibán afgano afirma que los bombardeos impactaron viviendas civiles y centros religiosos.

Tras los bombardeos, el gobierno talibán respondió con ataques contra posiciones militares pakistaníes en la frontera, desencadenando una espiral de represalias que rápidamente escaló a combates directos.

Hoy, ambas partes se acusan mutuamente de iniciar la guerra.

Las fuerzas armadas pakistaníes han descrito la situación como una “guerra abierta”, mientras el gobierno talibán asegura haber destruido varios puestos militares del vecino país.

Cada lado asegura haber infligido grandes pérdidas al otro, aunque la verificación independiente es difícil debido al limitado acceso de periodistas a la zona de combate.

El conflicto también ha provocado bombardeos durante las horas del iftar —la comida del Ramadán al caer el sol—, cuando muchas familias se encuentran reunidas en casa.

Eso explica por qué entre las víctimas figuran mujeres, niños y ancianos.

La Organización Internacional para las Migraciones y el ACNUR han activado operativos de emergencia para asistir a los desplazados, muchos de los cuales se encuentran viviendo en refugios improvisados o campamentos temporales.

Las agencias humanitarias advierten que el conflicto podría agravar una situación ya crítica en Afganistán, donde millones de personas dependen de ayuda internacional para sobrevivir.

En algunas aldeas fronterizas, los habitantes han tenido que abandonar sus casas con lo puesto, huyendo de explosiones, drones y fuego de artillería.

Paradójicamente, este conflicto ocurre en el mismo momento en que el mundo observa con alarma la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán.

Esa crisis mayor ha relegado la guerra afgano-pakistaní a un segundo plano mediático, aunque varios analistas advierten que podría convertirse en otro foco de inestabilidad regional, con consecuencias para toda Asia.

Pakistán es una potencia nuclear. Afganistán es un Estado gobernado por los talibanes desde 2021. Y ambos comparten una frontera históricamente explosiva.

TeclaLibre – Cierre editorial
Mientras las cámaras del planeta apuntan al Golfo Pérsico, otra guerra avanza silenciosamente en las montañas del sur de Asia.

No tiene portaaviones, ni conferencias televisadas en la Casa Blanca, ni discursos dramáticos en el Consejo de Seguridad.

Tiene algo peor.

Tiene aldeas destruidas, familias huyendo a pie y una frontera que, cada cierto tiempo, vuelve a recordarle al mundo que la geopolítica también se escribe en lugares donde nadie está mirando.

Y cuando el mundo no mira, las guerras suelen durar más.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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