-De la Crisis al Sena: La «Agenda del Futuro» de Abinader en París-
Por: Redacción TeclaLibre
Mientras en el patio dominicano todavía resuena el eco de los «sacrificios inevitables» por el lío en el Estrecho de Ormuz, el presidente Luis Abinader ha cambiado el calor caribeño por el frío de la primavera parisina. Este lunes, el mandatario aterrizó en Francia para una jornada de 48 horas que es mucho más que una simple visita de cortesía; es una operación de posicionamiento estratégico en el club de los países desarrollados.
La agenda no da respiro. El martes 24 de marzo, Abinader se vestirá de gala democrática en la sede de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Allí, no solo firmará memorandos, sino que llevará la bandera del «Gobierno Abierto» y la lucha anticorrupción, dos de los pilares que su administración intenta vender como marca país para atraer capitales.
Pero el plato fuerte técnico viene con la Estrategia 2036. Ante los 55 países miembros del Centro de Desarrollo de la OCDE, Abinader presentará su visión de una República Dominicana duplicando su PIB en poco más de una década. Es una apuesta alta: convencer a los grandes jugadores del mundo de que la isla es el hub logístico y ético de la región.
Más allá de las fotos oficiales y el apretón de manos con Emmanuel Macron, este viaje tiene tres lecturas clave:
Estar en la OCDE y reunirse con su Secretario General, Mathias Cormann, es un mensaje directo a los mercados internacionales. El gobierno busca decir: «Somos diferentes, jugamos con reglas claras». En tiempos de incertidumbre petrolera, generar confianza en los inversores franceses es un seguro de vida económico.
Francia tiene intereses profundos en el Caribe (vía sus territorios de ultramar y empresas de transporte marítimo). La reunión con Macron a las cuatro de la tarde no es solo protocolo; es la búsqueda de un aliado europeo de peso en momentos donde Haití sigue siendo una herida abierta y la logística global está en jaque.
Resulta curioso —y políticamente calculado— que mientras aquí se advierte de «presiones en la tarifa eléctrica», en París se hable de «integridad y desarrollo». Abinader intenta equilibrar la balanza: ser el presidente que anuncia tiempos difíciles en casa, pero que sale a buscar las soluciones (y los dólares) fuera de ella.
El viaje concluye con el encuentro con la comunidad dominicana en Francia. Es el toque humano de una agenda cargada de tecnicismos. Para Abinader, mantener el vínculo con los dominicanos en el exterior es vital; son los que envían las remesas que, al final del día, ayudan a amortiguar esos «sacrificios» que el presidente mencionó el domingo.
Abinader se juega en París la credibilidad de su meta 2036. Si logra traer compromisos de inversión real y no solo «memorandos de buena voluntad», el viaje habrá valido cada milla de vuelo. De lo contrario, será visto por la oposición como una elegante distracción ante la tormenta que se avecina en los surtidores de gasolina.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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