A dos semanas de las elecciones más inciertas para el primer ministro ultraconservador, Viktor Orbán, la tensión en la campaña electoral en Hungría está en una espiral ascendente. Con las encuestas en contra, el Gobierno ultranacionalista redobla su pulso contra Kiev como gran apuesta estratégica. El bloqueo del oleoducto que transporta a través de Ucrania el petróleo del que depende energéticamente, dañado durante un ataque en enero y que Kiev aún no ha reabierto, proporciona munición política al político nacionalpopulista. Este miércoles, Orbán ha anunciado el corte gradual del suministro de gas a su vecino del este hasta que el crudo ruso vuelva a fluir a Hungría.
En las campañas electorales de Orbán siempre hay un chivo expiatorio, un enemigo que amenaza la seguridad nacional o la integridad de los valores ultraconservadores que propugna. En las sucesivas elecciones que han consolidado sus 16 años de poder al frente de Hungría, ha cargado contra los inmigrantes y refugiados, el colectivo LGTBI, el filántropo George Soros y siempre, contra Bruselas. Este año, ha irrumpido en las vallas publicitarias del país el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.
Desde el inicio de la invasión rusa a gran escala que comenzó en febrero de 2022, la posición húngara se ha alineado con el agresor. Orbán, el líder europeo más cercano al presidente ruso, Vladímir Putin, se negó a ayudar militarmente a Kiev o a que las armas de los aliados pasasen por su país de camino a Ucrania. En Bruselas, durante los últimos años se ha dedicado a torpedear, bloquear y retrasar las decisiones y sanciones que buscaban presionar a Moscú y apoyar a Kiev.
Las relaciones de Hungría y Ucrania llevaban tiempo siendo complicadas desde antes del conflicto, a cuenta de los derechos de la minoría húngara en la región ucrania de Transcarpatia. Ahora, la confrontación es total. La guerra le sirve a Orbán hasta para evadir la responsabilidad del estancamiento económico o la inflación más alta de la UE, que describe como “inflación de guerra”.
El cierre del oleoducto Druzhba tras un ataque ruso el 27 de enero, según informó el Gobierno ucranio, está siendo explotado a ambos lados de la frontera. El Druzhba provee crudo ruso a la Europa Central desde los años 60 a través de territorio ucranio. El contrato de suministro obliga a Ucrania a mantener activa la infraestructura hasta 2029. También circuló gas natural ruso hacia Hungría y Eslovaquia a través de Ucrania en los dos primeros años de la invasión, pero el contrato expiró en 2024.
Kiev, en un cálculo político que se le puede volver en contra si lo que esperaba era poner bajo las cuerdas a Orbán de cara a las elecciones, ha arrastrado los pies para reparar la infraestructura. En represalia, Orbán decidió vetar el crédito europeo de 90.000 millones de euros que la UE aprobó para Ucrania, pese a que ya había dado su consentimiento tras acordar no participar en él.
El cambio de posición inédito en una decisión ya tomada en el Consejo Europeo enfureció a los socios y a la Comisión Europea. Pero la poca disposición ucrania para reabrir el flujo del petróleo, del que también depende Eslovaquia, ha irritado a Bruselas. Desde la UE se observa la campaña electoral con máximo cuidado para no facilitar ningún argumento que Fidesz, el partido de Orbán, pueda vender como intentos de injerencia.
El pasado 5 de marzo Zelenski amenazó veladamente a Orbán si seguía bloqueando el préstamo. El presidente ucranio afirmó que daría “la dirección de esa persona” al ejército para que hablasen con él “en su idioma”. La Comisión Europea condenó ese “tipo de lenguaje” y cualquier “amenaza contra los Estados miembros”. El dirigente húngaro aprovechó para publicar un vídeo en el que se le veía llamando a su hija para advertirle de que además de a él, habían amenazado a otros miembros de la familia, incluida ella.
Días antes, Orbán había ordenado el despliegue del ejército para proteger las infraestructuras energéticas húngaras frente a supuestos planes de sabotaje de Ucrania. Varios medios, incluidos el estadounidense The Washington Post, han informado de que agentes de los servicios secretos rusos asesoran a Hungría en la campaña. Según ese diario, entre las estrategias para relanzar la campaña de Orbán estaba la propuesta de representar un falso intento de magnicidio.
Misión europea en suspenso
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, pidieron por carta el 16 de marzo a Zelenski que reactivara el Druzhba. Una de las razones, además de satisfacer a Hungría y poder aprobar así la ayuda europea para Ucrania, era también la necesidad de contener la escalada del precio del petróleo provocada por la guerra en Irán: “En el contexto actual de alta volatilidad del mercado energético, la reanudación del tránsito de petróleo a través del territorio de Ucrania adquiere mayor importancia para preservar la estabilidad del mercado”. Zelenski se comprometió a reactivar el oleoducto y la Comisión Europea se ofreció a financiar su reparación.
La Unión Europea envió el 19 de marzo a Ucrania una misión de técnicos para evaluar los daños en el oleoducto, según avanzó la agencia Reuters. Seis días después, esta misión continúa sin poder visitar las instalaciones teóricamente dañadas, la estación de bombeo en la ciudad de Brodi, en el oeste del país. El diario Ukrainska Pravda reveló este lunes que las autoridades ucranias no han dado todavía permiso a los expertos de Bruselas para visitar el lugar. La Comisión Europea no quiso confirmarlo mientras una portavoz se limitó a decir ese día a la prensa que no había novedades sobre el trabajo de la misión. Budapest envió por su cuenta a Kiev una delegación para inspeccionar el oleoducto y evaluar el daño, a sabiendas de que no era bienvenida y sería rechazada.
La Comisión Europea no ha puesto en duda la versión oficial de Kiev según la cual, un bombardeo ruso dañó la estación de bombeo. Tanto Budapest como Moscú aseguran que es falso y esgrimen incidentes precedentes. Drones ucranios dañaron en 2025 un sector el oleoducto a su paso por Rusia; en 2022 se filtró que Zelenski había propuesto en aquel primer año de la invasión un sabotaje del Druzhba dentro de territorio ucranio.
El asunto del oleoducto da alas a la campaña del dirigente ultranacionalista. Y produce imágenes cinematográficas como la interceptación en Hungría, de noche, de dos camiones blindados de Oschadbank, el banco de ahorros estatal de Ucrania, que transportaban 40 millones de dólares en efectivo (unos 35 millones de euros) y nueve kilos de oro. La detención además de los siete ciudadanos ucranios que trasladaban y custodiaban los fondos generó una nueva crisis diplomática.
Este miércoles, Orbán trata de escribir un nuevo episodio con el anuncio del corte del gas. “Vamos a detener gradualmente los suministros de gas de Hungría a Ucrania y almacenaremos el gas que nos queda en Hungría”, ha declarado Orbán en un vídeo publicado en Facebook. Según los datos de la página web del operador de gasoductos húngaro FGSZ, citado por Reuters, los envíos de gas a Ucrania continuaban el miércoles por la mañana.
Un portavoz del Gobierno de Kiev ha confirmado que el gas ha seguido fluyendo durante esta jornada. “Si el primer ministro Orbán decide finalmente suspenderlo, creemos que la única consecuencia será privar a la economía húngara y a los húngaros de más de 1.000 millones de dólares (864 millones de euros), que Hungría recibió, por ejemplo, el año pasado”, declaró.
Ucrania tiene contratados 180 millones de metros cúbicos de gas de Hungría, es decir, el 28% del total, según informó una fuente del sector a esa agencia a principios de este mes. En febrero se contrataron 200 millones de metros cúbicos, el 31% del total. Orbán y su homólogo eslovaco, Robert Fico, han amenazado también a Zelenski con cortar las exportaciones de electricidad a Ucrania si no se reabría el Druzhba.

