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La guerra de Irán acrecienta las tensiones entre el Vaticano y la Casa Blanca | Internacional

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Las diferencias de criterio entre la Casa Blanca y la Santa Sede sobre la política internacional de Estados Unidos bajo la Administración de Donald Trump se han hecho especialmente visibles en las últimas semanas. Más allá de los contrastes habituales entre los mensajes de León XIV, el primer papa estadounidense de la historia, que ha rechazado taxativamente la guerra y ha llamado en repetidas ocasiones al diálogo, y los del presidente de EE UU y su entorno, que han llegado a apelar a Dios para justificar sus intervenciones militares, la atención se ha desplazado a una singular reunión entre funcionarios del Pentágono y representantes del Vaticano en Washington.

El episodio, aunque ha cobrado relevancia ahora, se remonta al pasado 22 de enero. Ese día, según ha revelado la publicación estadounidense The Free Press, citando fuentes anónimas de la Santa Sede, el entonces nuncio del Papa en Estados Unidos, el cardenal Christophe Pierre, fue convocado al Pentágono por Elbridge Colby, subsecretario de Defensa.

Aunque la información es antigua, ha adquirido mayor protagonismo en este momento en el contexto del actual clima geopolítico internacional. La reunión se produjo poco después del discurso de inicios de enero del Papa ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede en el que el Pontífice defendió una diplomacia basada en el diálogo y el consenso, advirtió de que la lógica de la fuerza estaba desplazando al multilateralismo y sostuvo que el principio que prohíbe usar la fuerza para violar fronteras había sido debilitado.

Atendiendo a la información de The Free Press, que apunta a que esos pasajes habrían irritado a algunos funcionarios estadounidenses, el tono del encuentro habría sido particularmente elevado y los representantes de Estados Unidos habrían instado a la Iglesia católica a alinearse con su postura, llegando incluso a realizar alusiones al ‘papado de Aviñón’, una referencia histórica a un periodo del siglo XIV marcado por la división en la Iglesia y antesala del Cisma de Occidente. Sin embargo, estos particulares han sido desmentidos por ambas partes, que han confirmado tan solo que la reunión se produjo y han señalado que se desarrolló en un clima cordial.

El Pentágono ha sido el primero en intervenir y ha afirmado que la reconstrucción del encuentro que se ha hecho en los medios ha sido “claramente exagerada y distorsionada”. También ha puntualizado que se trató de un intercambio de opiniones “cordial, respetuoso y razonable”, resaltando el “diálogo continuo” que Washington mantiene con la Santa Sede. Entre otros temas, en la reunión en cuestión se abordaron asuntos de actualidad como la moral en la política exterior, la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos o la situación en Europa, África y América Latina.

El embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Burch, también ha rechazado la versión mediática y el jueves explicó que ha hablado con el nuncio saliente, el cardenal Pierre, y que este, además de “negar enfáticamente la descripción de los medios sobre su encuentro con Colby”, calificó la reunión como “normal, franca y muy cordial”. “La tergiversación deliberada de estas reuniones rutinarias siembra una división y un malentendido infundados. Nuestra relación sigue siendo sólida y productiva”, sostuvo el nuncio estadounidense.

El Vaticano también ha tratado de calmar los rumores de un desencuentro con la Administración de Trump, y el viernes señaló a través de unas declaraciones del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, que el encuentro se desarrolló sin incidentes y como un intercambio habitual de puntos de vista en un contexto de normalidad diplomática: “Según ha confirmado Su Excelencia Mons. Christophe Pierre, exnuncio apostólico en Estados Unidos, el encuentro mantenido con el señor Elbridge Andrew Colby se enmarca dentro de la misión ordinaria del representante pontificio y ofreció la ocasión para un intercambio de puntos de vista sobre cuestiones de interés mutuo. La versión difundida por algunos medios sobre dicha reunión no se corresponde en absoluto con la realidad”, apuntó el portavoz vaticano, Matteo Bruni.

En el trasfondo de este episodio diplomático está la distancia cada vez más pronunciada que se percibe entre León XIV y Trump sobre asuntos internacionales.

En intervenciones recientes, el Pontífice, originario de Chicago, ha advertido del debilitamiento del derecho internacional, ha cuestionado el recurso a la fuerza en los conflictos, ha defendido el papel de la diplomacia y ha condenado reiteradamente la guerra, además de expresar preocupación por la evolución del nuevo orden mundial.

Este viernes el Papa ha insistido en la idea de que Dios no bendice las guerras y de que los cristianos no apoyan a quienes bombardean. “Dios no bendice ningún conflicto. Quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca está del lado de quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza las bombas. No serán las acciones militares las que creen espacios de libertad o tiempos de paz, sino solo la paciente promoción de la convivencia y del diálogo entre los pueblos”, ha lanzado el Pontífice en un duro discurso dirigido a los miembros del Sínodo de la Iglesia Caldea de Bagdad, a los que ha recibido en el Vaticano. Y ha animado a esta comunidad cristiana de Irak a ser “signos de esperanza” en un mundo “marcado por una violencia absurda e inhumana, que, en estos tiempos, impulsada por la codicia y el odio, se extiende con ferocidad” en los lugares sagrados del Oriente cristiano, “profanados por la blasfemia de la guerra y la brutalidad de los negocios, sin consideración alguna por la vida de las personas, considerada, en el mejor de los casos, como un efecto colateral de sus propios intereses”.

Otro elemento de fricción es la incipiente teología bélica del Gobierno de Trump, con el uso de terminología religiosa en el discurso político. El entorno del presidente y sus aliados evangélicos han enmarcado algunos conflictos en términos morales o religiosos, usando un lenguaje cristiano para presentar la guerra como una lucha entre el bien y el mal. El Vaticano ha evitado respaldar este enfoque, con el que ha tratado de marcar distancias.

León XIV se reunió en privado el jueves con su nuevo nuncio en Estados Unidos, Gabriele Caccia, en un contexto marcado por la crisis en Oriente Próximo y las recientes críticas del Pontífice a algunas acciones de Washington. Monseñor Caccia fue nombrado por el Papa hace un mes, el 7 de marzo. El nuncio anterior, que participó en la controvertida reunión en el Pentágono, se jubiló, siguiendo el protocolo vaticano.

El papa León XIV ha sido muy cauto al pronunciarse sobre el conflicto con Irán y ha condenado la guerra y el uso de la violencia en general, evitando las alusiones explícitas. Aunque sí ha llegado a criticar abiertamente algunas acciones o declaraciones de la Administración Trump.

El martes, al salir de su palacio en la localidad de Castel Gandolfo, León XIV calificó como “inaceptable” la amenaza de Trump de acabar con “toda una civilización” en el caso de que el estrecho de Ormuz siguiera cerrado, aunque evitó citar el nombre del presidente. Además, animó a los fieles a “buscar cómo comunicarse, quizás con los congresistas, con las autoridades” para expresar su rechazo a la guerra.

En las diferentes celebraciones de su primera Semana Santa como Pontífice también ha denunciado “la hora oscura” que vive el mundo por la guerra. Y ha lamentado “una humanidad de rodillas por tantos ejemplos de brutalidad”, además de catalogar como “blasfemos” a los gobernantes que “quieren vencer matando” o que “se perciben poderosos cuando dominan”.

Por otro lado, el Papa recibió también el jueves en el Vaticano al consultor político estadounidense David Axelrod, conocido por su papel como asesor para las campañas del expresidente demócrata Barack Obama.

En este contexto, el Vaticano ha hecho saber que León XIV no viajará a su país natal este año, coincidiendo con el 250º aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Viajará, en cambio, a distintos países de África y a España, y el 4 de julio, Día de la Independencia estadounidense, el Pontífice visitará la isla italiana de Lampedusa, punto clave de la ruta migratoria hacia Europa.

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