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EL CÁLCULO FALLIDO DE OCCIDENTE

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-Por qué la ofensiva de Netanyahu y Washington terminó fortaleciendo a Teherán-

Este sábado, 11 de abril de 2026, el tablero geopolítico global se concentra en Islamabad, Pakistán, donde delegaciones de Estados Unidos e Irán sostienen el primer encuentro directo de alto nivel desde la Revolución de 1979. Tras semanas de una escalada bélica sin precedentes, este diálogo marca lo que muchos consideran el reconocimiento implícito de un nuevo orden en Oriente Medio.

A continuación, una síntesis analítica para TeclaLibre sobre el fenómeno del «error estratégico» y el resurgimiento de Irán como potencia de facto.

Lo que comenzó como una operación conjunta entre Israel y Estados Unidos el pasado 28 de febrero para «neutralizar una amenaza existencial», ha terminado provocando el efecto contrario. Según analistas internacionales, la agresión no solo no logró un cambio de régimen, sino que:

Fortaleció la cohesión interna iraní: A pesar de la muerte del ayatolá Alí Jameneí durante los ataques iniciales, la estructura de poder de Teherán no colapsó; por el contrario, aceleró la transición a una cúpula militar más pragmática y endurecida.

Desgastó la credibilidad occidental: El uso de una retórica «brutal» y ataques a infraestructuras civiles (como la escuela en Minab) alejó a aliados históricos y dejó a Europa en una posición de impotencia diplomática.

Se sostiene la tesis de que el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acicateó el conflicto para desviar la atención de sus graves problemas internos: juicios por corrupción, una crisis judicial sin precedentes y protestas masivas que exigían su renuncia. Sin embargo, la jugada parece haber sobrecargado la capacidad militar y logística de Israel, forzándolo a una guerra de desgaste que ahora busca cerrar mediante la presión de Washington.

El conflicto ha «descubierto» a un Irán con capacidades mucho más profundas de las estimadas. Aunque su fuerza aérea fue golpeada, Teherán demostró que la guerra moderna no depende solo de aviones.

Irán ha ejercido un bloqueo parcial efectivo, disparando los precios del petróleo por encima de los $100 dólares. Este control asfixiante sobre el 21% de la producción mundial de crudo ha sido su mayor carta de negociación en Islamabad.

El uso masivo de drones de bajo costo y misiles balísticos precisos ha demostrado que puede saturar las defensas más avanzadas (incluyendo el Domo de Hierro y las defensas navales de EE. UU.).

Irán se ha consolidado como la cuarta potencia ciberespacial, logrando devoluciones de golpe contra redes eléctricas e infraestructuras críticas en Occidente.

La presencia en Islamabad del vicepresidente de EE. UU., J.D. Vance, y del presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, subraya la urgencia de Washington por estabilizar la región.

El hecho de que EE. UU. acepte sentarse a negociar bajo la mediación de Pakistán —y no de un aliado europeo— es la prueba final de que Occidente ya no puede contener los conflictos unilateralmente.

Conclusión TeclaLibre: Occidente parece haber caído en una «pesadilla estratégica». Al intentar debilitar a Irán, ha terminado por validar su estatus de potencia regional con capacidad de daño global. La mesa de Islamabad no es una mesa de rendición para Irán, sino un foro donde Estados Unidos intenta gestionar un repliegue ordenado antes de que el costo económico del petróleo y la inestabilidad interna en Israel terminen por fracturar definitivamente la arquitectura de seguridad occidental.

El tiempo, como señalan expertos, corre ahora a favor de Teherán.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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