La participación en las elecciones legislativas de Hungría de este domingo ha batido un récord antes del cierre de los colegios electorales, a las siete de la tarde. El primer dato difundido por las autoridades, a primera hora de la mañana, casi duplicaba la participación de las elecciones de 2022, con un 3,4% esta mañana frente al 1,8% de hace cuatro años. A las 18.30 habían votado ya el 77,8% de los 7,5 millones de electores registrados. La máxima movilización tras la caída del comunismo se registró en 2002, con un 70,53%.
Fuentes cercanas a Tisza, el partido del opositor Péter Magyar, sostienen que esa altísima afluencia de votantes, al menos por ahora, se registra en distritos que, en principio, le son favorables para ganar al actual primer ministro, el ultranacionalista y prorruso Viktor Orbán. Según sus previsiones, podrían alcanzar una mayoría de dos tercios en el Parlamento.
Pasadas las 19.00, Gergely Gulyás, jefe de gabinete de Orbán, ha confiado en su victoria y ha asegurado que la alta participación es por la movilización de Fidesz.
Este año se ha registrado también récord en solicitantes del voto en el extranjero —más de 90.000 personas—, mientras que el número de votantes por correo también alcanzó un máximo, con casi 224.000.
Los candidatos votaron a primera hora de la mañana en Budapest. Orbán se enfrenta a sus elecciones más difíciles y con las encuestas en contra. Su mitin de cierre de campaña, el sábado, tenía un aire modesto en tamaño, participantes y euforia. Magyar, en cambio, cerró a lo grande, con un acto multitudinario y un público rebosante de esperanza.
En un mensaje en redes sociales por la mañana, el primer ministro ultraconservador seguía haciendo campaña. Necesita tres millones de apoyos. “Hungría ha demostrado que hay otro camino: podemos detener la inmigración ilegal. Podemos defender a las familias y nuestra forma de vida. Podemos elegir la paz en lugar de la guerra”, ha escrito. “No pueden arrebatarnos nuestra soberanía. Moldearemos nuestro propio futuro”, añadió.
Magyar hizo lo mismo y animó a la participación. “¿Este u oeste? ¿Más atraso y un Estado desintegrándose o un país que funcione y sea humano? ¿Corrupción o vida pública limpia?“, preguntó a los húngaros, entre otras cuestiones.
Los nervios están a flor de piel, hasta que los colegios cierren a las siete de la tarde y empiecen a llegar los datos. En Tisza hay miedo a algún movimiento de última hora del entorno de Fidesz, el partido de Orbán. Magyar —que formó parte de ese partido hasta que rompió con el primer ministro en 2024— lo advirtió en su último discurso: dijo que tenía acceso a información de que los fieles al Gobierno podrían estar planeando una serie de operaciones conocidas como de falsa bandera, es decir, algún tipo de ataque u acción disruptiva que se intente atribuir al rival.
El entorno del primer ministro, por su parte, azuzaba el miedo a que los votantes de Tisza no aceptasen el resultado y marchasen desde su sede electoral este domingo hasta la oficina del primer ministro, si el escrutinio no les era favorable.
Las especulaciones añaden tensión a una jornada cargada de expectativas. Szilvia Tivadari, directora de proyectos, de 33 años, expresaba esa “ansiedad y tensión” que recorre a muchos tras depositar su voto para Tisza en el colegio electoral de la calle Dob de Budapest, en el antiguo barrio judío. “De verdad, necesitamos ya un cambio, y esto es lo más cerca que hemos conseguido estar en los últimos años”, decía, esperanzada.
En Polymarket, el mercado de predicción basado en blockchain, sobre las 14.00 el 87% de los usuarios apostaba por Magyar como próximo primer ministro húngaro, frente al 14% que elegía a Orbán.
El nivel de movilización está siendo “inusualmente alto” y el escenario electoral es “de gran tensión”, afirmaba un resumen de la situación enviado por Tisza a las 13.00. Las encuestas previas a la votación auguraron sistemáticamente una victoria del partido de Magyar, que se fue ensanchando a medida que se acercaba este domingo.
Hungría elige este domingo a 199 diputados. De ellos, 106 se eligen en circunscripciones unipersonales por mayoría simple, y 93, a través de listas nacionales de partido. Unos 35 distritos en las zonas rurales pueden decidir el resultado de las elecciones. En el campo, el clientelismo y las presiones de Fidesz alcanzan una naturaleza casi feudal, según describen los analistas.
Las presiones para votar al partido de Orbán, e incluso la compra de votos son prácticas documentadas desde hace tiempo y que también emplearon en el pasado otras formaciones. Este domingo, los interventores de Tisza y organizaciones de la sociedad civil han identificado algunas de las prácticas ilegales habituales, como organizar la llegada de autobuses hasta los centros de votación.

