El gobierno se re-configura para resistir el desgaste
El presidente Luis Abinader volvió a sacudir este martes el tablero del tren gubernamental con una serie de designaciones que, más allá de los nombres, buscan enviar un mensaje político claro: el gobierno entra en fase de ajuste fino, corrección de rumbo y relanzamiento.
Francisco Oliverio Espaillat Bencosme fue designado ministro de Agricultura; Pedro Porfirio Urrutia Sangiovanni asumió la Dirección General de Impuestos Internos (DGII); Gloria Roely Reyes Gómez regresa como ministra de la Mujer; Mayra Jiménez pasa a dirigir el programa Supérate; y Geanilda Vásquez queda al frente de la coordinación del Gabinete de Políticas Sociales.
Desde el Palacio Nacional, Abinader enmarcó los cambios como el inicio de “una nueva etapa”, con la promesa de transformaciones orientadas a mejorar la calidad de vida de los dominicanos. La frase, repetida y medida, sugiere algo más que simples sustituciones administrativas: apunta a resultados, ejecución y control político.
La llegada de Francisco Oliverio Espaillat Bencosme al Ministerio de Agricultura coloca en esa cartera a un perfil marcadamente técnico. Ingeniero agrónomo, egresado cum laude de la PUCMM, con más de 30 años ligados al sector arrocero, su hoja de vida conecta directamente con uno de los nervios más sensibles del país: la seguridad alimentaria.
Espaillat Bencosme no llega como político tradicional, sino como hombre de campo y de gestión productiva, con experiencia en procesos de modernización agrícola y reconocimiento del sector privado agroempresarial. En tiempos de presión sobre precios, importaciones y clima, Agricultura deja de ser un ministerio decorativo y vuelve al centro del debate económico.
Quizás el movimiento más leído en clave estructural es la designación de Pedro Porfirio Urrutia Sangiovanni como director general de Impuestos Internos. Contador público autorizado, con maestría en Derecho Tributario y socio fundador de Moore ULA, Urrutia llega con un perfil técnico-jurídico que apunta a dos frentes: recaudación y credibilidad.
La DGII es hoy una de las piezas más sensibles del engranaje estatal. Cualquier intento de reforma fiscal, ampliación de la base tributaria o combate a la evasión necesita una dirección con dominio técnico y respaldo político. Este nombramiento parece ir en esa dirección, aunque también anticipa tensiones con sectores empresariales y contribuyentes.
El retorno de Gloria Roely Reyes Gómez al Ministerio de la Mujer y el traslado de Mayra Jiménez a Supérate indican un reordenamiento interno más que un giro ideológico. Jiménez, con experiencia en políticas de igualdad y foros internacionales, pasa a manejar el principal programa de transferencias sociales del Estado, una plataforma clave en términos electorales y de cohesión social.
Por su parte, Geanilda Vásquez asume la coordinación del Gabinete de Políticas Sociales, una posición transversal que exige capacidad de articulación, gestión y lectura política. Su experiencia jurídica, administrativa y diplomática apunta a ordenar una estructura que suele dispersarse entre ministerios, programas y narrativas.
Leídos en conjunto, los cambios sugieren que el gobierno de Abinader entra en una fase menos discursiva y más pragmática. Agricultura, impuestos y políticas sociales no son áreas neutrales: son campos de presión permanente, donde se juegan precios, ingresos, subsidios y percepción ciudadana.
El mensaje implícito es claro: el tiempo político avanza, las expectativas se acumulan y la tolerancia al bajo rendimiento se reduce. Esta “nueva etapa” no se medirá por comunicados ni actos oficiales, sino por resultados tangibles: alimentos más estables, recaudación más eficiente y políticas sociales mejor focalizadas.
Cierre TeclaLibre
Abinader mueve fichas con bisturí, no con machete. No hay ruptura, pero sí advertencia. El gobierno se re-configura para resistir el desgaste, responder a las cuentas pendientes y ganar margen de maniobra. La pregunta no es si los cambios eran necesarios —lo eran—, sino si llegan a tiempo y si quienes entran sabrán que, a partir de ahora, el margen de error es mínimo. En política, como en el ajedrez, el problema no es mover las piezas, sino no quedarse sin jugadas.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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