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Aportes de San Pedro de Macorís a la Literatura Dominicana (Anotaciones breves)  

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Por Simeón Arredondo*

En varias de sus conferencias he escuchado al escritor y dramaturgo, William Mejía expresar que “cuando se habla de la literatura dominicana, hay que mencionar a San Pedro de Macorís”. Tratando de interpretar esa expresión, y a raíz de algunas reflexiones apropósito del mar de escritores que ha parido la Sultana del Este, concluyo que San Pedro de Macorís, es una provincia que se encuentra colocada en la ruta de la literatura universal. Ello, por el cúmulo de hombres y mujeres de letras que se encuentran diseminados por diferentes lugares del mundo, que han nacido o se han formado culturalmente en esta tierra.

 

Si buscamos una explicación a este fenómeno, tenemos que trasladarnos a la segunda mitad del siglo XIX, cuando se instalan en San Pedro de Macorís (poblado que había surgido varias décadas atrás en los alrededores de la desembocadura del Río Higuamo) algunas instituciones que serían el punto de partida de un notable crecimiento industrial del cual fue objeto aquella urbe poco tiempo después.

 

El surgimiento de los centrales azucareros y la habilitación del puerto fueron dos acontecimientos que encabezaron en la ciudad de los bellos atardeceres todo un movimiento económico y social que la convertirían posteriormente en la capital industrial y cultural del país, destino de miles de inmigrantes de distintos puntos de la República Dominicana y del planeta. Ante este ambiente es natural que la cultura floreciera.  Entonces se instalaron importantes teatros y centros culturales, surgieron numerosos medios de comunicación escritos y se fueron forjando las letras.

 

Es así como surgen importantes y prestigiosos escritores en San Pedro de Macorís, nativos o adoptivos, que hoy constituyen un verdadero orgullo para la Serie 23, y que muchos de ellos se han convertido en paradigmas del quehacer literario en la nación y en otras latitudes. A mi entender, el auge comercial de finales del siglo XIX y principios del XX, combinado con una serie de factores de la naturaleza, como la presencia del mar, la desembocadura del río, los verdes cañaverales, las llanuras inmensas, los singulares crepúsculos, etc.; además de otros aspectos sociales directamente ligados a la relación patrono – obrero, que venían asociados al crecimiento económico, constituía una especie de contagio literario colectivo que vinculaba a la actividad literaria a todo el que nacía o pasaba por esta provincia. Este fenómeno aún persiste en nuestros días reflejándose en una activa producción literaria entre los nativos o ligados a Macorís del Mar.

 

Grandes ensayistas, destacados narradores y connotados poetas nacieron y/o crecieron bajo cielo petromacorisano, convirtiendo a San Pedro de Macorís en la única provincia del país que posee dos poetas nacionales, y la única que ha parido más de 4 generaciones de intelectuales de una misma familia.

 

Ensayistas e investigadores como Antonio Zaglul, Fernando Amiama Tió, Miriam Díaz, Bruno Aponte Cotes, Arismendy Díaz, Francisco Comarazamy, América Bermúdez, Fermín Álvarez, Héctor Díaz Polanco, Clarence Eduardo Charles, Ernesto Armenteros, Benjamín Silva, Frank Roca, y muchos más, así como los que han cultivado la narrativa, entre los que figuran Luisa Comarazamy, Freddy Prestol Castillo, Manuel Antonio Amiama, Mary Collins, Francisco Javier Angulo Guridi, Miguel Phipps Cueto, Avelino Stanley, René del Risco Bermúdez, Dulce María Aybar, Ludín Lugo, y Miguel Batista Jerez, para sólo mencionar algunos, se encuentran en importantes sitiales de la bibliografía dominicana.

 

Pero el género que más ha enaltecido a San Pedro de Macorís en las letras dominicanas y americanas es la poesía. Una  extensa lista encabezada por los poetas nacionales Gastón Fernando Deligne  y Pedro Mir, seguidos por bardos de la talla de  Federico R. Bermúdez, Freddy Gatón Arce, Francisco Domínguez Charro, Julio De Windt Lavandier, René del Risco Bermúdez, Víctor Villegas, Norberto James, Carmen Natalia Martínez, Virgilio Díaz Ordóñez, Edelmira Cabral, Rafael García Bidó, Mario Caminero, Federico Jovine Bermúdez, Elvira Cross y Robert Berroa, entre muchos más,  constituye sólo una pequeña muestra del alto desarrollo de la poesía petromacorisana.

 

Esa poesía petromacorisana además ha estado presente en todos los movimientos literarios importantes de la República Dominicana, ha conquistado significativos galardones y ha liderado en ocasiones el accionar poético del país.

 

Gastón Fernando Deligne es el poeta más importante de la República Dominicana del siglo XIX, y Pedro Mir lo es del siglo XX pasando por una secuela de premios y galardones que incluyen el Premio Nacional de Historia en 1975, el Premio Nacional de Poesía en 1976 hasta llegar a ostentar el título de Poeta Nacional. Federico R. Bermúdez, autor de la celebrada obra “Los Humildes” es considerado como el primer poeta social dominicano.  Freddy Gatón Arce, quien obtuvo el Premio Nacional de Poesía en el año 1980 es uno de los principales exponentes de la Poesía Sorprendida (llegó a dirigir la revista del mismo nombre auspiciada por ese movimiento literario). Víctor Villegas, quien fue Premio Nacional de Poesía en 1982, y posteriormente obtuvo el Premio Nacional de Literatura, es uno de los poetas más destacados y difundidos de la Generación del 48.  René del Risco Bermúdez y Norberto James son dos de las voces más autorizadas de la Generación de Posguerra, y Carmen Natalia Martínez personifica la lírica femenina más notable durante la era de Trujillo y una de las más sobresalientes en contra de ese régimen.

 

Como se ve es bastante extensa la lista de hechos que han tenido a literatos petromacorisanos a la vanguardia, muy especialmente, en el área de la poesía.

 

En ese mismo orden se nota un gran activismo actualmente con una nueva generación de poetas en la tierra del autor de “Hay un país en el mundo”, que ha dado claras señales de que se hará notar al igual que los anteriores, en las entrañas de la literatura nacional. Entre sus principales exponentes se destacan Benito Ángel Nieves, Ángel Mario Carbuccia, Yudith Alayón, Milcíades Ubiera, Joel Rivera, Julio Rafael Anglada, Ramón Perdomo, Víctor Alcántara, Ana Teresa Martínez, Freddy Miller Alcalá, Juan Arredondo, Ciprian Ramírez, Aurelia Castillo, Minerva Moneró y Lidio Sánchez, entre otros.

 

Cuando hablamos de la literatura petromacorisana no podemos evitar pensar en Antonio Zaglul, lidiando con sus “Quinientos Locos”. Si hablamos de la narrativa es inevitable que lleguen a nuestras mentes Bernot Berry Martínez remembrando su “Inolvidable Miramar”; Freddy Prestol Castillo, pasando El Masacre a pie, o Avelino Stanley, bailando la “Danza de las Llamaradas”. Pero cuando hablamos de poesía necesariamente tenemos que acudir a Francisco Domínguez Charro abrazado a su “Viejo Negro del Puerto”, a Virgilio Díaz Ordóñez ensimismado en su “vieja camisa rota”, a René del Risco Bermúdez envuelto en “El Viento Frío”, a Enriquillo Carrión caminando por las viejas calles de su  “Macorís del dolor eterno” y parlando cada tarde con su “Higuamo enfermo”. Tampoco podríamos dejar de pensar en Norberto James departiendo con “Los Inmigrantes”, en Víctor Villegas en sus interminables “Diálogos con Simeón”; ni en Gastón Fernando Deligne trepando  su “Soledad”, y mucho menos en Pedro Mir con su país “colocado en el mismo trayecto del sol”.

 

* Poeta y escritor dominicano residente en España.

simeonarredondo@gmail.com

 

 

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