Con 50 % de aranceles recíprocos sobre un país del que “nadie ha oído hablar”, -como dice Trump- la Casa Blanca firma el testamento económico de Lesoto… o al menos lo intenta. Veamos con lupa, y con la suspicacia que exige Teclalibre, cómo una medida que pretende re equilibrar el comercio se convierte en un mazazo contra un reino de dos millones de almas.
A principios de abril, Donald Trump anunció una ola global de “tarifas recíprocas” y, para sorpresa de propios y extraños, reservó el pico del 50 %… para Lesoto. Sí, ese pequeño país sin salida al mar, de apenas 30 000 km² y obesas tasas de pobreza (más de la mitad vive con menos de 2,15 USD al día) y desempleo cercano al 25 % en 2023, según el Banco Mundial. ¿La excusa oficial? Un “desbalance comercial”. La real, apuntan muchos, podría olfatear a capricho presidencial y juego geopolítico.
Lesoto exporta a EE UU diamantes y textiles de marca—pantalones Levi’s y Calvin Klein que mantienen vivas varias fábricas locales—y aporta un 10 % de su PIB (237 millones de USD en 2024). Sin embargo, esas cifras están al borde del abismo: con el 50 % de arancel, los contracargos rebotarán en cierres de plantas y despidos masivos. “Si mueren las fábricas, muere el país”, alerta Thabo Qhesi a Reuters.
Que Trump catalogue a Lesoto de desconocido no es mero desdén, sino parte de un pulso mayor. El AGOA, ese programa americano que abrió mercados africanos en 2000, está en suspenso: la promesa de prosperidad se evapora si Washington cierra el grifo. Mientras, Lesoto sirve de chivo expiatorio por reenviar productos desde Sudáfrica—otro sancionado con 30 % de tarifa—y, de paso, lanza una advertencia a Pekín, gran socio comercial del reino.
No basta el mazazo tarifario: Trump recortó fondos de la USAID, cerrando hospitales y aulas que mantenían a flote una parte de la población. Y todo en un continente donde la deuda—el 49 % con prestamistas privados—amplifica la ‘prima africana’: tasas de interés estrangulan economías mientras Occidente fustiga.
¿Se trata de un sabotaje o de un “toque de atención”, como sostiene Patrick L. O. Lumumba? La cojudez del activista keniano va al grano: quizá sea hora de que África remonte vuelo sin depender de limosnas. Pero la pregunta late: ¿será este arancel el impulso para diversificar cadenas de suministro o el puñal final al débil corazón industrial de Lesoto? El reloj corre y la respuesta podría dictar si el pequeño reino resurge… o queda reducido a una mera anécdota geopolítica.
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