-Cinco años después, el Caso Medusa sigue sin brújula: ¿Justicia real o estrategia de desgaste?-
Redaccion de TeclaLibre
¿Justicia o cuenta gotas? A casi cinco años de iniciada la Operación Medusa, el juicio contra el exprocurador Jean Alain Rodríguez parece haber encontrado su peor enemigo: el reloj. Entre expedientes que se separan y se vuelven a fundir, y recursos de último minuto de figuras clave como Altagracia Guillén Calzado, el proceso de corrupción más ambicioso de la última década sigue patinando en el asfalto de los tribunales. Mientras los RD$ 6,000 millones desfalcados esperan respuesta, el sistema judicial dominicano se enfrenta a su espejo más incómodo: ¿está preparado para castigar el poder o solo para dilatarlo?
Para entender el presente, hay que recordar el 2021. La Operación Medusa no fue un caso más; fue el terremoto que sacudió los cimientos de la Procuraduría General de la República (PGR). Se acusó a su antiguo jefe, Jean Alain Rodríguez, de convertir la institución en una «empresa personal».
La cifra que marea a cualquiera: RD$ 6,000 millones. Según el Ministerio Público, este dinero se esfumó entre sobornos para el Plan de Humanización del Sistema Penitenciario (las famosas cárceles nuevas que se convirtieron en esqueletos de concreto) y una maquinaria de propaganda que buscaba inflar la imagen del entonces Procurador.
¿Quién es Altagracia Guillén y por qué su nombre frena todo?
Si Jean Alain es el director de la orquesta, Altagracia Guillén Calzado era quien llevaba las cuentas en la sección de percusión. Como ex coordinadora de la Dirección Administrativa y Financiera de la PGR, ella no era una figura pública, pero sí una pieza clave en el engranaje burocrático.
¿Qué representa ella en el caso? Guillén es el ejemplo perfecto de cómo un «co-imputado» puede convertirse en el ancla que detiene el barco. Su papel era operativo: por sus manos pasaban procesos de compras y pagos que el Ministerio Público señala como fraudulentos.
Ahora, ella es la protagonista del último «freno» judicial. Su defensa interpuso un recurso porque no quería ser juzgada junto a Jean Alain (por temas de salud y estrategia), pero ahora que el tribunal decidió fusionar sus expedientes nuevamente, su abogado lanzó una nueva petición justo cuando el Ministerio Público ya tenía la garganta lista para leer la acusación. Resultado: otra vez, todo al congelador.
Es enero de 2026. Han pasado casi cinco años desde que Jean Alain fue procesado y todavía estamos en la puerta del juicio de fondo, intentando entrar, pero tropezando con la alfombra.
El ambiente en el Segundo Tribunal Colegiado es una mezcla de fatiga y tecnicismos. Las juezas Claribel Nivar, Clara Castillo y Yissell Soto intentan avanzar, pero la defensa ha demostrado que domina el arte de la dilación. Cada vez que el reloj parece avanzar, aparece un incidente:
La salud: Se separan expedientes para no retrasar.
La apelación: Se objeta esa separación.
La fusión: Se vuelve a unir todo.
El nuevo recurso: Se detiene la lectura porque «hay algo pendiente».
Es un baile donde se dan tres pasos adelante y dos atrás, mientras el costo del proceso para el Estado sigue subiendo y la paciencia de la sociedad sigue bajando.
Lo que estamos viendo es la «litigación estratégica» en su máxima expresión. Para la defensa de Jean Alain y compañía, cada día que pasa sin una sentencia es una pequeña victoria. El tiempo erosiona la indignación pública y complica la logística de los cientos de testigos que deben declarar.
Este proceso, para el Ministerio Público es un desgaste de recursos y de imagen. La «justicia independiente» necesita una sentencia (del tipo que sea) para cerrar el ciclo.
Para el sistema judicial, queda en evidencia la vulnerabilidad del Código Procesal Penal dominicano, que permite que un caso se detenga infinitamente por incidentes que, en otros sistemas, se resolverían sobre la marcha.
En resumen…
El Caso Medusa es hoy un gigante dormido. Jean Alain observa desde su trinchera legal, Altagracia Guillén se convierte en el recurso técnico del momento, y el país mira el reloj, preguntándose si alguna vez escucharemos el veredicto final o si el caso terminará muriendo de viejo en los pasillos del Palacio de Justicia.
«En República Dominicana, a veces el Derecho parece diseñado para que el proceso sea la pena, o para que el tiempo sea el indulto. ¿Hacia dónde va Medusa?»
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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