China redirige su maquinaria exportadora mientras Trump juega al “más duro del barrio”
Los aranceles de Trump lograron lo impensable: desplomar un 15 % las exportaciones chinas hacia EE. UU. Pero en vez de asfixiar al dragón, lo empujaron a respirar fuego en otras latitudes: Europa, África, Asia y América Latina. La guerra comercial, que empezó como una pulseada de músculo, hoy parece más un duelo de ironías.
El presidente Donald Trump se anotó una victoria pírrica: menos productos chinos en los estantes de Walmart… pero muchos más en el resto del planeta. Pekín, con su estilo de paciencia milenaria, convirtió el golpe arancelario en un empujón estratégico para acelerar su expansión global.
Mientras Washington imponía impuestos del 30 % o amenazaba con tarifas de hasta 145 %, los chinos abrían mercados para sus autos eléctricos en Europa, solares baratos en África y manufacturas en el Sudeste Asiático. Resultado: el superávit comercial de China, lejos de achicarse, va rumbo a cifras récord —785,800 millones de dólares hasta agosto—. En pocas palabras: Trump cerró una ventana, y China abrió cinco puertas.
Claro, no todo es fiesta en Pekín. La burbuja inmobiliaria sigue desinflándose, los jóvenes enfrentan un desempleo crónico y el fantasma de la deflación recorre las fábricas. Pero, para contrarrestar, China lleva más de una década invirtiendo en infraestructura mundial y cultivando clientelas fieles. Hoy recoge los frutos: carreteras en África, puertos en América Latina, zonas industriales en Asia… cada obra un canal para redirigir el comercio que EE. UU. le niega.
Y como si fuera poco, Pekín sabe cuándo apretar la tuerca: suspender exportaciones de tierras raras (80 % de la producción global), retrasar imanes imprescindibles para drones y misiles, o dejar de comprar soya norteamericana —golpe directo al corazón agrícola del Medio Oeste, donde Trump busca votos—. Un recordatorio de que el dragón no solo escupe fuego, también sabe dar mordiscos.
Trump prometió “hacer a América grande otra vez”. En el tablero global, lo que ha conseguido es hacer a China más influyente y al resto del mundo más dependiente de ella. ¿Estrategia magistral o simple autogol con gorra roja? En cualquier caso, Pekín sonríe… mientras sigue cobrando en yuanes.
-Luis Rodriguez Salcedo, para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

