🇺🇸🇩🇴 DEA en pausa: el cierre que sacude la cooperación antinarcóticos en Santo Doming
La política de “cero tolerancia” de Washington aterrizó con estruendo en el Malecón. La Embajada de Estados Unidos anunció el cierre temporal, “hasta nuevo aviso”, de la oficina de la Drug Enforcement Administration (DEA) en Santo Domingo para facilitar una investigación interna por posibles irregularidades.
El anuncio lo hizo la embajadora Leah Francis Campos, quien no dejó espacio a ambigüedades:
“La corrupción no tiene espacio en el Gobierno de los Estados Unidos ni en ningún otro… No toleraré ni siquiera la percepción de corrupción en ningún lugar de la Embajada que dirijo”.
Minutos después, la misión diplomática reforzó el mensaje: la República Dominicana “ha sido y continuará siendo un socio fundamental” en la lucha contra el narcoterrorismo regional. La cooperación —subrayan— seguirá “al mismo ritmo sólido”, aun mientras se desarrolla la investigación.
Desde el Palacio de la Cancillería, el ministro Roberto Álvarez salió al paso. Tras conversar con la embajadora, afirmó que el cierre “no tiene de manera categórica relación alguna con el Gobierno o funcionario dominicano”.
Es decir: Washington mira hacia adentro.
El mensaje no es menor. En un país donde la cooperación antinarcóticos ha sido columna vertebral de la relación bilateral, cualquier sombra genera ruido político y especulación inmediata.
La agencia The Associated Press informó —citando a un funcionario federal y a un exfuncionario con conocimiento del caso— que un supervisor de la DEA en República Dominicana fue arrestado en el marco de una pesquisa sobre el presunto abuso de un programa de visas estadounidenses para informantes confidenciales.
Según esas fuentes, el detenido sería Melitón Cordero, y la investigación estaría encabezada por el Department of Homeland Security (DHS). El caso, aún en desarrollo, se mantiene bajo reserva oficial.
El arresto se produce —según AP— horas después del cierre inesperado de la oficina antinarcóticos, en lo que la Embajada calificó como una “repugnante y deshonrada violación de la confianza pública”.
En el ajedrez diplomático, las formas importan tanto como el fondo.
Cerrar una oficina de la DEA en pleno Caribe no es un gesto administrativo: es un mensaje político.
Primero, hacia dentro de Estados Unidos. La administración de Donald Trump —según el contexto citado— parece apostar por demostrar que su cruzada anticorrupción no distingue fronteras ni uniformes. El simbolismo es claro: si hay irregularidades, se corta por lo sano, incluso en una plaza estratégica como Santo Domingo.
Segundo, hacia la región. La República Dominicana se ha consolidado como plataforma clave en la interdicción del narcotráfico hacia EE. UU. y Europa. Cerrar temporalmente la DEA, aunque sea por “investigación interna”, envía una señal de severidad institucional… pero también deja preguntas sobre eventuales brechas operativas.
Tercero, hacia la opinión pública dominicana. El Gobierno local se apuró en despegarse del caso. Y con razón: en tiempos donde cada titular se convierte en arma política, nadie quiere cargar con un escándalo ajeno.
Lo ocurrido no parece ser un conflicto bilateral. Más bien, es una depuración interna estadounidense con repercusiones externas.
Pero hay un detalle que no debe subestimarse: cuando la DEA baja la persiana, aunque sea temporalmente, el mensaje que reciben las redes criminales no es filosófico. Es práctico.
La gran incógnita es cuánto durará la investigación y si este episodio terminará reforzando los protocolos de cooperación o sembrando nuevas tensiones en un terreno donde la confianza es el principal activo.
En diplomacia, como en el béisbol, los errores propios pesan más que los ajenos.
Y esta vez, Washington parece decidido a sacar a su propio jugador del campo antes de que el partido se complique.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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