-Saab y Gorrín: cuando el poder empieza a pasar factura a sus propios hombres-
La captura en Venezuela de Álex Saab y Raúl Gorrín sacude las entrañas del viejo engranaje chavista. Más que justicia tardía, el episodio parece una cirugía política en pleno reacomodo del poder: señales hacia adentro, guiños hacia Washington y un mensaje inequívoco a quienes saben demasiado.
En Caracas, de madrugada y con discreción, dos nombres pesados reaparecieron en condición de detenidos. Álex Saab y Raúl Gorrín —figuras centrales del músculo financiero del chavismo— habrían sido capturados por organismos de seguridad venezolanos.
No hubo comunicado oficial inmediato. Tampoco una negación creíble. Y en política, cuando el silencio dura demasiado, suele ser confirmación.
Alex Saab no es un empresario cualquiera. Fue operador clave del sistema de importaciones, rostro visible del programa CLAP y, durante años, el hombre que conectaba sanciones con oxígeno financiero. Pasó por Cabo Verde, por prisiones de EE.UU. y regresó a Caracas en 2023 como símbolo de resistencia tras un canje político. Hoy, ese símbolo está bajo custodia.
Raúl Gorrín, por su parte, es el empresario que entendió temprano que el poder también se ejerce desde la pantalla. Dueño de Globovisión, operador financiero de alto vuelo y viejo conocido de expedientes por lavado y sobornos, su nombre siempre estuvo donde el dinero encontraba protección política.
La pregunta flota en el ambiente: ¿por qué ahora?
El contexto ayuda a leer entre líneas. Tras la salida del escenario de Nicolás Maduro, el poder intenta recomponerse bajo una nueva correlación interna, con Delcy Rodríguez moviéndose entre presiones externas, negociación petrolera y necesidad de legitimidad.
En ese tablero, Saab y Gorrín ya no son activos estratégicos. Son pasivos incómodos. Y, peor aún, archivos vivos. Hacia el chavismo residual, el aviso es claro: la lealtad tiene fecha de vencimiento.
Hacia Washington, la señal es aún más elocuente:
“Estamos dispuestos a entregar nombres grandes.”
No se trata de ética repentina, sino de cálculo. En tiempos de transición, la protección se vuelve cara y la información, valiosa.
¿Qué sigue?
Extradición, juicio local o congelamiento silencioso. Cualquiera de las salidas es posible. Lo decisivo no es el expediente, sino lo que ambos saben y quién necesita oírlo.
Para TeclaLibre, la detención de Saab y Gorrín no anuncia una primavera institucional.
Anuncia algo más frío y pragmático: el poder ajustando cuentas con su propio pasado para sobrevivir al futuro.
Cuando un sistema comienza a sacrificar a quienes lo sostuvieron, no es porque haya descubierto la moral. Es porque el costo de protegerlos superó el precio de entregarlos.
Y en Venezuela —como en toda política real—
los que caen primero no son los traidores,
sino los que saben demasiado.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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