Confieso que los momentos de mayor angustia en mi vida los viví en los años 70 del pasado siglo XX, durante los 12 años del doctor Joaquín Balaguer.
Nuestra casa, en el Ensanche Bermúdez, Santiago, República Dominicana era albergue y refugio de muchos jóvenes perseguidos por aquel régimen de intolerancia que actuaba en el marco de la Guerra Fría; que no era más que una confrontación ideológica y política de exterminio entre la URSS y EE.UU. A causa de esa persecución llegó a nuestro hogar un mozuelo y dirigente campesino de Quinigua, un campito próximo a Santiago; cuyo nombre era Rafael Almonte Suero.
Ese joven, a quien siempre recuerdo con su sonrisa de niño, lo asesinó de 15 balazos un policía apodado, Mano Larga.
Impotente, yo escribí esta historia que, en el 2015 dediqué por igual, a los 43 estudiantes desaparecidos en México.
ALMONTE SUERO
Aquella
clariamarga mañana,
quince proyectiles
tendieron
tu inocencia.
Y el paladar
del barrio
rehusó
la tibieza del pan;
y las calles absorbieron
el bullicioso levante
de su polvareda pisoteada.
Aquella clariamarga
mañana,
los estanques
desbordaron
el oleaje
de su llanto
acongojado.
Aquella,
clariamarga mañana,
el horror,
pobló de impotencia
los pupitres.
AUTOR: Carlos Márquez

