El Laberinto del Cronista: Entre el Imperio y la Tiranía
Como periodista, el ejercicio diario de informar se ha convertido en un acto de equilibrio sobre una cuerda floja que se tensa entre dos hipocresías monumentales. Por un lado, el trumpismo y las formas del imperialismo clásico; por el otro, el chavismo y el madurismo. Ambos bandos se alimentan del mismo combustible: la post verdad, el fanatismo y una capacidad asombrosa para disfrazar sus intereses más crudos con retórica de salvación nacional.
Vivir en el centro del debate es habitar en la contradicción ajena. Resulta casi anecdótico, si no fuera sintomático, que mis afectos más cercanos me sitúen en polos opuestos:
Para mi compadre, soy un «lacayo del imperialismo yanqui» por no comprar el relato de una revolución que solo ha socializado la miseria.
Para otros amigos, soy un «comunista» de clóset cada vez que denuncia los atropellos de un capitalismo salvaje o las incoherencias de la política exterior estadounidense.
Estas etiquetas no son más que el reflejo de una sociedad polarizada que ha perdido la capacidad de entender que criticar un sistema no significa validar su opuesto.
Mi deber profesional me impide caer en la trampa del falso equilibrio. No se puede, bajo ninguna ética periodística, equiparar los errores de una democracia decadente con la sistemática destrucción de una nación por parte de un régimen dictatorial.
Mientras el madurismo utiliza las sanciones como el escudo perfecto para ocultar su incapacidad y el saqueo del Estado, nunca ha dejado de suspirar por los dólares que vienen del Norte. Se llenan la boca de soberanía mientras desesperan por renovar licencias con trasnacionales estadounidenses. El petróleo venezolano, ese que supuestamente es «del pueblo», sigue buscando su camino hacia los puertos del «imperio» con una urgencia que delata la falsedad de su discurso antiimperialista.
Por su parte, el «decadente imperio» demuestra que sus principios democráticos son elásticos. Condenan la dictadura en los podios de la ONU, pero relajan las medidas cuando el mercado energético global se aprieta. El crudo venezolano pasa de ser «manchado de sangre» a ser «estratégico» según suba o baje el precio de la gasolina en Florida o Pensilvania.
Es imperativo reconocer que, aunque el «Imperio» actúe bajo sus propios intereses históricos, esto no otorga un cheque en blanco a una cúpula ilegítima que:
-
Secuestra la voluntad popular mediante el robo descarado de procesos electorales.
-
Utiliza el «bloqueo» como una narrativa de victimización, mientras por debajo de la mesa negocia el crudo con los mismos que tilda de enemigos.
-
Escuda su corrupción en una soberanía ficticia que solo sirve para proteger el botín de un estado fallido.
Narrar la realidad desde este «acorralamiento» ideológico es agotador, pero necesario. Disimular nuestras simpatías no es falta de carácter, es rigor profesional. Nuestro compromiso no es con el compadre que me tacha de lacayo, ni con el amigo que me llama comunista; es con el lector que merece saber que, en el negocio de la geopolítica, los pueblos suelen ser el daño colateral de líderes que solo buscan perpetuarse en el poder.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada

