La IV Cumbre CELAC-UE – Intento crucial por reconfigurar integración regional
La IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea (UE), que se celebra en Santa Marta, Colombia, se erige como un intento crucial por reconfigurar la integración birregional en medio de un contexto geopolítico sumamente delicado.
El texto subraya dos grandes elementos de tensión que ensombrecen la cumbre y reafirman la necesidad de que los bloques encuentren una voz común en el escenario internacional:
Despliegue Naval de EE. UU. en el Caribe: La presencia naval de Estados Unidos, que incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford, en las cercanías de las costas venezolanas y en operaciones contra el narcotráfico, ha generado fuertes tensiones con mandatarios latinoamericanos, particularmente con el «eje Cuba-Venezuela-Nicaragua». Esta ofensiva, que ha provocado el hundimiento de lanchas con presuntos traficantes y más de 70 muertes, es considerada por algunos como una «ofensiva imperialista» y ha sido calificada como la mayor acumulación naval en la región desde 1965. Los analistas incluso han señalado la posibilidad de «golpes de precisión limitados» en el horizonte, lo que subraya la inestabilidad de la región.
La «Triple Transición» vs. la Realidad de la Seguridad: El propósito de la cumbre de impulsar una nueva agenda de «triple transición»: energética, digital y ambiental, se enfrenta a la urgente necesidad de abordar la soberanía regional y la seguridad, marcada por el narcotráfico y la respuesta militar de EE. UU. Colombia, como anfitrión y presidente pro tempore, ha enfatizado el objetivo central de que los pueblos latinoamericanos «reafirmen su soberanía».
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, junto con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se posiciona como uno de los pocos líderes de peso presentes, defendiendo una visión de apertura y construcción de puentes para Europa, en contraste con administraciones que «se retraen en sí mismas» (clara alusión a Estados Unidos).
Acuerdo UE-Mercosur: La ratificación de este acuerdo es un punto clave en la agenda. A pesar de que la UE y Mercosur alcanzaron un acuerdo político a finales de 2024, su culminación sigue siendo incierta debido a las resistencias proteccionistas, especialmente de los agricultores europeos (como en Francia, que teme la competencia de la agroindustria sudamericana). Sin embargo, la necesidad de la UE de diversificar sus alianzas frente a la influencia de China y la incertidumbre geopolítica (agravada por el regreso de figuras como Donald Trump) está acelerando el proceso, con proyecciones que sitúan su entrada en vigor a mediados de 2026. Este pacto, si se concreta, crearía una de las mayores zonas de libre comercio del mundo.
A pesar de la trascendencia de los temas a tratar, un elemento definitorio de la cumbre es la ausencia de la mayoría de líderes latinoamericanos y europeos.
La participación de solo unos «pocos líderes de peso» (Sánchez y Lula, a quienes se suma el primer ministro de Países Bajos, Dick Schoof) en la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno, ha llevado a calificar el evento como «devaluado» por algunos analistas.
Figuras como el presidente argentino, Javier Milei, han optado por priorizar otras agendas internacionales, lo que lastra el impacto político que los organizadores esperaban dar al encuentro. La sombra de la inestabilidad global y las agendas domésticas parecen haber reducido el nivel de representación en un foro diseñado para proyectar una «voz euro-latinoamericana en el mundo».
La IV Cumbre CELAC-UE busca dar un «otro rostro a la integración» entre dos bloques que suman más de mil millones de habitantes y un comercio birregional significativo. El encuentro, más allá de la ambiciosa agenda de transiciones, se convierte en un pulso geopolítico entre la necesidad de estrechar lazos birregionales y la fuerza centrífuga de las tensiones con Estados Unidos, las presiones internas (como el proteccionismo agrario) y el desafío de convertir la retórica de la cooperación en una presencia política unificada y significativa a nivel global.
La República Dominicana ha adoptado una posición de apoyo y colaboración activa con las operaciones del Comando Sur de Estados Unidos (US Southern Command) en el Caribe, al ver el despliegue como un refuerzo crucial a la lucha contra el narcotráfico.
El Gobierno dominicano, a través de su Ministro de Defensa, ha confirmado que el país trabaja en estrecha coordinación con las fuerzas estadounidenses, incluyendo el Comando Sur y la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (JIATF-South).
Las autoridades dominicanas (como la Dirección Nacional de Control de Drogas – DNCD) han citado la cooperación con EE. UU. en la incautación de cargamentos de droga, incluyendo la recuperación de paquetes de presunta cocaína provenientes de narcolanchas atacadas por el Ejército estadounidense en el Caribe. El propio presidente dominicano ha destacado positivamente el despliegue naval estadounidense contra el narcotráfico, especialmente en la zona sur del país.
La postura dominicana crea una grieta significativa dentro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
La República Dominicana se sitúa en el bando de la cooperación bilateral con Estados Unidos, priorizando la lucha frontal contra el narcotráfico por encima de la crítica regional sobre la injerencia militar. Esta posición es un reflejo de las profundas divisiones en el seno de la CELAC respecto a cómo manejar las relaciones con Washington y las amenazas de seguridad en el Caribe.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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