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DEFENSA DE MADURO PIDE TUMBAR JUICIO EN NUEVA YORK

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-Maduro en el banquillo: ¿justicia global o músculo imperial?-

La defensa pide tumbar el juicio en Nueva York mientras diplomáticos debaten si EE.UU. cruzó una línea peligrosa

El abogado del expresidente venezolano Nicolás Maduro ha pedido a la corte federal de Nueva York que desestime los cargos en su contra. ¿El argumento central? Que el propio Gobierno de Estados Unidos bloqueó los mecanismos para que el Estado venezolano pagara su defensa, lo que —según la moción— viola el derecho constitucional a contar con un abogado de su elección.

La tesis de la defensa es audaz: Si el Estado que acusa impide que el acusado pague su defensa, el juicio nace herido. En otras palabras, el equipo legal intenta convertir el expediente en un debate sobre garantías procesales y no solo sobre narcotráfico y conspiración. Pero el expediente no flota en el vacío. Está incrustado en una operación política, militar y diplomática que ha sacudido el tablero hemisférico.

Desde el momento en que Maduro fue trasladado a Nueva York para enfrentar cargos, el debate dejó de ser puramente judicial.

Para un sector de analistas, lo ocurrido es una expresión clásica de Realpolitik: Estados Unidos actúa donde considera que su seguridad está comprometida. Narcotráfico, redes ilícitas, inestabilidad regional. Punto.

Bajo esa óptica, Washington no hizo más que ejercer su poder. Y lo hizo en su área de influencia histórica. Otros expertos, especialmente en derecho internacional, advierten algo más delicado:

Arrestar y juzgar a un jefe de Estado extranjero plantea interrogantes sobre inmunidad soberana. La Carta de la ONU protege la no intervención. El precedente podría ser usado mañana por otras potencias.

Si EE.UU. puede hacerlo en Caracas, ¿qué impediría que otra potencia lo haga en otro continente con argumentos similares?

Ahí el debate se vuelve estructural: no es Maduro. Es el sistema internacional.

En América Latina, la reacción ha sido desigual: Gobiernos más cercanos a Washington guardan prudente silencio.

Otros han hablado de “violación de soberanía”. Brasil ha sugerido que, si debía ser juzgado, debió serlo en su propio país.

Mientras tanto, China y Rusia observan con lupa. No por simpatía ideológica, sino por interés estratégico: cada precedente cuenta en el ajedrez global. En el fondo, no se puede eludir una pregunta incómoda: ¿es un caso penal puro… o un acto político con envoltura judicial?

Hay tres lecturas posibles: Justicia transnacional contra el narcotráfico; instrumento de presión geopolítica; o una mezcla de ambas. Y en diplomacia, las mezclas son lo habitual. El peligro no está solo en el resultado del juicio, sino en el precedente.

Si la corte acepta la moción de la defensa y desestima el caso por violaciones procesales, EE.UU. sufriría un revés institucional importante.

Si la rechaza y el juicio avanza, se consolidará una nueva práctica: la posibilidad de judicializar a líderes extranjeros bajo jurisdicción estadounidense.

En ambos escenarios, el mapa cambia.

Aquí no se trata de absolver ni condenar a Maduro en estas líneas.
Se trata de observar cómo el derecho y la política internacional se entrelazan.

Cuando los tribunales se convierten en extensión de la geopolítica, el mundo entra en una fase más cruda. Más directa. Más descarnada.

Maduro está en el banquillo.
Pero también lo está el equilibrio entre soberanía y poder.

Y esa, lectores, es la verdadera audiencia global.

–Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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