Como ávido golfista, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha convertido los ‘greens’ y las calles en una herramienta fundamental de su diplomacia desde su primer mandato. Si bien el golf le permite al líder de la Casa Blanca acercarse a los dirigentes extranjeros para cerrar sus famosos «acuerdos» y moldear la geopolítica, también sirve a sus intereses financieros privados.
Del juego a la mesa de negociaciones, Donald Trump practica la "diplomacia del golf"
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