-Melitón Cordero: de Caballero del Mérito a supervisor suspendido de la DEA-
La historia parece escrita por un guionista con gusto por la ironía política: en septiembre de 2024, el presidente Luis Abinader firmaba el decreto que otorgaba a Melitón Cordero la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella en el Grado de Caballero. Apenas año y medio después, el mismo funcionario —primer dominicano en encabezar la oficina local de la Administración para el Control de Drogas (DEA)— es suspendido y colocado bajo investigación por presunto uso indebido de su cargo.
Y la oficina de la DEA en Santo Domingo, cerrada “hasta nuevo aviso”.
El decreto presidencial, emitido el 11 de septiembre de 2024, destacaba su papel en el combate al narcotráfico y en el fortalecimiento de la cooperación entre agencias dominicanas y estadounidenses. La condecoración representaba un hito simbólico: un dominicano al frente de la agencia más poderosa del mundo en materia antidrogas operando en suelo nacional.

Sin embargo, no existen reportes oficiales de que se realizara un acto formal de entrega de la medalla. El decreto fue público. La ceremonia, si ocurrió, fue discreta. O inexistente.
Hoy ese detalle adquiere un matiz inquietante.
El jueves pasado, la embajadora Leah Francis Campos anunció el cierre temporal de la oficina de la DEA en Santo Domingo, en el marco de una política de “cero tolerancia” frente a la corrupción.
Sus palabras en la red X fueron tajantes: habló de una “violación repugnante y deshonrada de la confianza pública” y de la imposibilidad de tolerar “ni siquiera la percepción de corrupción” en la misión diplomática que dirige.
La reacción fue inmediata. Cierre total. Investigación interna. Suspensión del supervisor.
En paralelo, medios dominicanos y estadounidenses informaron que Cordero estaría bajo arresto dentro de una pesquisa relacionada con presuntos abusos en un programa de visas estadounidenses destinado a informantes confidenciales.
El corazón del escándalo, la arista más delicada, viene a ser el programa de visas para informantes confidenciales, una herramienta sensible del sistema estadounidense de justicia y seguridad, que permite proteger y trasladar colaboradores clave en investigaciones de narcotráfico y crimen organizado.
Las sospechas giran en torno a posibles irregularidades en el manejo de ese mecanismo, como uso indebido del patrocinio, beneficios personales o favores indebidos, y manipulación de procesos para terceros no elegibles.
Nada de esto ha sido confirmado oficialmente en detalle. Pero el hecho de que Washington haya optado por cerrar la oficina completa indica que la investigación es seria y que el impacto institucional es profundo.
En el plano político local, el caso ha generado tres tipos de reacción:
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Silencio prudente del gobierno dominicano, que hasta ahora no ha emitido declaraciones extensas más allá del respeto a la investigación estadounidense.
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Preocupación en círculos de seguridad, donde se teme que el cierre temporal afecte operaciones conjuntas contra redes internacionales.
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Críticas de la oposición, que han cuestionado cómo una figura condecorada oficialmente pudo terminar envuelta en una investigación de este calibre.
En el trasfondo, queda la imagen incómoda: un funcionario exaltado como símbolo de cooperación bilateral convertido en epicentro de una crisis diplomática operativa.
La cooperación antidrogas entre República Dominicana y Estados Unidos es estratégica. El país es punto de tránsito en rutas del Caribe. La DEA ha operado durante décadas como socio clave de la DNCD.
El cierre temporal envía varios mensajes:
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Washington quiere demostrar coherencia con su política de “cero tolerancia”.
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La embajadora Campos busca marcar distancia inmediata ante cualquier sombra.
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La credibilidad institucional está por encima de nombres individuales.
Pero también abre preguntas:
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¿Habrá revisión más amplia de protocolos?
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¿Se investigarán conexiones locales?
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¿Podría escalar hacia procesos judiciales formales en EE.UU.?
El dominicano Cordero pasa de Caballero del Mérito nacional… a supervisor suspendido bajo investigación federal.
En política, las condecoraciones son instantáneas del momento. Las investigaciones, en cambio, son procesos que desnudan realidades más complejas.
Si las acusaciones se confirman, el caso se convertirá en uno de los episodios más incómodos de la cooperación antidrogas dominico-estadounidense en años recientes.
Si no se confirman, quedará la lección de que la percepción pública puede derribar trayectorias construidas durante décadas.
Este caso es más que un expediente disciplinario: es un espejo.
Refleja cómo las alianzas estratégicas pueden fracturarse por decisiones individuales.
Cómo la diplomacia se mueve rápido cuando la reputación está en juego.
Y cómo la narrativa oficial —medallas, decretos, comunicados— puede chocar abruptamente con la cruda dinámica de las investigaciones federales.
En el Caribe, donde el narcotráfico es una batalla constante, el mensaje es claro: nadie es intocable. Ni siquiera los que fueron condecorados.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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