-Fuerza Magisterial enciende las alarmas: “Escuelas dominicanas al borde del colapso, ¿quién responderá por la educación de nuestros niños?”-
Redacción Teclalibre, Santo Domingo. – Cuando resta menos de un mes para el inicio del curso 2025-2026, la Fuerza Magisterial de la ADP acaba de demostrar que las cifras oficiales no reflejan más que la fachada de un sistema en ruinas. Tras un levantamiento casa por casa en las 174 seccionales del país, los maestros advierten que la mayoría de los planteles están literalmente “inhabitables”.
“¿Cómo pretenden iniciar clases en escuelas donde el techo amenaza con caer y los baños más cercanos quedan a metros… en casas ajenas?”, cuestiona Adhamilka Espinal, portavoz de la corriente magisterial, con el tono de quien no está dispuesta a tolerar otro año escolar de excusas.
Los hallazgos hablan por sí mismos: letrinas improvisadas bajo la sombra de las palmas, canchas que hacen agua antes que un bate de béisbol, y aulas tan escasas que los pupitres compiten por espacio con los muros agrietados. Todo empacado en el paquete de una “falta de planificación” que huele a desidia.
A ritmo de promesas incumplidas, el Ministerio de Educación suma reuniones y acuerdos firmados, pero ni una sola gota de cemento ha llegado a tiempo. “Las palabras se las lleva el viento, pero el polvo de las grietas aún nos está cubriendo”, sentencia Espinal, al recordar la Parada Cívica del 23 de junio, donde encendieron velas frente al MINERD para clamar por condiciones dignas.
Aquella jornada candente se replicó en Barahona, Bahoruco, Azua, San Juan y Elías Piña, señal inequívoca de que el magisterio no está dispuesto a un recreo eterno. “Mientras algunos celebran con almanaques nuevos, las aulas se desmoronan sin testigos”, ironiza la líder docente.
El ultimátum es claro: si antes del 25 de agosto no hay acciones concretas —y no meras fotos con palas—, los educadores advierten que acudirán a nuevas protestas, esta vez sin ‘paradas cívicas’ al atardecer, sino con plantones y clases públicas al aire libre.
Porque, como recuerda Espinal, “la educación no espera y nuestros estudiantes tampoco”: un recordatorio crudo de que, en República Dominicana, el verdadero examen no es en la pizarra, sino en la cancha de la realidad diaria.
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