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Desde el borde del Hudson, poemario de Dagoberto López Coño

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«Desde el borde del Hudson», es el título del poemario de Dagoberto López Coño, cuyo verdadero nombre es Martín Jiménez, nativo de La Pajiza Aldea, Tamboril, República Dominicana, quien ha encontrado en el río Hudson un símbolo de consuelo y alivio, un pañuelo para secar las lágrimas del desarraigo que siente por su tierra natal. Para él, el río no solo representa una vía de comunicación y transporte, sino también un refugio emocional que le permite re-conectar con sus raíces y encontrar paz en medio de la nostalgia y el exilio. Dedicado a ‘los que saben que del Yaque una gotera eterna sentenciara la lluvia en el hipo del Hudson»

El poema «Sembrado sobre el Hudson el mapa duele adentro» página 73 

Vengo desde Pajiza
desatando recuerdos
de ésa tierra Aldeana

Este poemario de reciente aparición en octubre del 2025, recoge los poemas que ha sido posible rescatar. Hace once años, el 25 de agosto de 2014, el poeta se lamentaba:

«Pensando frente al Hudson/ tan alto de la tierra y tan lejos de mi pueblo». » se aferra a las raíces que marcan el retorno»

El 8 de mayo de 2014, en «Hacia el Hudson…», expresa una visión muy personal y simbólica del río y la lluvia como seres con alma y poder sanador. Para él, tanto el río como la lluvia no son solo fenómenos naturales, sino personas que le acompañan en su proceso de sanación emocional.  «El Judson tiene dientes» (4 abril 2024)

El 23 de diciembre del 2014: El Hudson tiene frio 

A: Kanastil Pichirilo
Porque asumió la sed
que le dolió a la lluvia.
Quebrado por la sed
que asume la tormenta
el Judson tiene frío
y olores nauseabundos
Un coito de almanaques
relincha en sus orillas
y muerden sus reflejos
las ansias del viajero
Templada en la neblina
de Lorca y su esperanza
esta ciudad se ayuna
de voces olvidadas
y tose en cada mueca
la raíz del tentáculo
que vomita los odios
que almacena en su vientre.

El 3 de enero de 2017,  «El Judson», muestra todas sus cicatrices y entona un Padrenuestro más allá del Intrépido. Esta referencia remite al buque portaviones ‘El Intrépido’, que en febrero de 1962 desembarcó en Santo Domingo con 1,500 marinos en un viaje de descanso y esparcimiento.   Pedro Mir, nuestro gran poeta nacional, lo llama: «portaviones todopoderoso, dios marino que vomita fuego y hunde de un solo soplo las pequeñas Antillas…»

El 13 de abril del 2016, el poeta escribe «El Hudson ve al Intrépido y se angustia»

Epígrafe:
Sangrando en los recuerdos va el poema
…y no me da la gana de olvidarlo.

A tientas por la ruta de los barcos
el Judson se entretiene entre los gritos
Él tiene en sus orillas los recuerdos
tatuando la insolencia del Intrépido
Sus fauces de lobos malolientes
y sus acorazados invasores
Su ira de aplastar a los humildes
su feto alrededor del portaviones
El Judson está alerta y el olvido
le vive recordando sus miserias
Su brinca la tablita en Ciudad Nueva
Mambrú se fue a la guerra y su concienCIA…
Hoy vi que la malicia se hizo adulta
y el Judson despertaba entre sus piernas.

En este poema es manifiesta la angustia que provoca la presencia constante de violencia, invasión y dominación representada por el barco «Intrépido» en el río Hudson. La personificación del río, que «ve» y «se angustia», crea un diálogo entre la naturaleza y la historia, mostrando cómo las heridas del pasado permanecen vivas y afectan la conciencia colectiva.

La lluvia, en particular, entra en su pecho, olvidándose del tiempo y las huellas del pasado, y se convierte en una presencia que le brinda paz y calma, sanando sus heridas internas. La metáfora de la lluvia soñando entre sus venas y entregándole un «te quiero» refleja una profunda intimidad con la naturaleza, que actúa como una fuerza amorosa y curativa.

Hacia el Hudson …

La lluvia está en la calle
desnuda y sin zapatos
lleva prisa en sus huellas
y entró por mi ventana
Se acurrucó en mi cama
conmigo entre las sabanas
me hizo el amor
tan tenue
tan sereno y volcánico
que me dejó preñado
de goteras y de siembra.

 

La lluvia y el río son para el poeta símbolos de amor, consuelo y renovación. Cuando llueve, se adentra en su alma y le ofrece una especie de amor renovado, que lo preñan de goteras y de siembra, es decir, de nuevas esperanzas y posibilidades. La lluvia, en su visión poética, no solo limpia, sino que también fertiliza su espíritu, dejando en él semillas de paz y de amor, en un proceso constante de regeneración emocional. Así, el poeta encuentra en la lluvia y en el río una fuente inagotable de apoyo y amor, que le permite afrontar sus penas y seguir adelante con esperanza y fe en la vida.

La lluvia sobre el Hudson

La lluvia volvió pronto
y se adentró en mi pecho
Se olvidó de la prisa
las huellas
los zapatos
Se durmió un largo rato
soñando entre mis venas
me suturó las penas
Aliviándome el alma
Me dio paz
Me dio calma
y un palpitar entero
y me dejó un te quiero
que la busca con ansias.

8 de mayo del 2014

 

El río Hudson, se origina en las montañas Catskill, tiene una longitud de 507 kilómetros, es una arteria vital que fluye en dirección sur, principalmente a través del estado de Nueva York, ha sido fundamental para el desarrollo económico y cultural de la región. En su trayecto, se convierte en un estuario que forma la frontera entre Nueva York y Nueva Jersey, sirviendo como una vía natural para el transporte de mercancías como pulpa de madera y acero en el pasado, en la actualidad el rio Hudson es un espacio icónico de recreo para los turistas, en 1997, el presidente Bill Clinton lo designó como uno de los catorce ríos que integran el sistema de ríos del patrimonio estadounidense, resaltando su valor histórico y cultural.

El 8 de abril del 2016 reflexiona el poeta:   «El Hudson se bifurca y no lo sabe», 

Epígrafe:
El hombre que boyaba entre sus aguas
remaba indescifrables pesadillas.

Hoy que me duele el Judson bocarriba
boicoteando hacia él corre el poema
lleva su frente limpia y sudorosa
y un arsenal de voces lo acompañan
Empujando con él van los poetas
y anímanse a la sed de las metáforas
Allí donde su afluente se bifurca
tragada por el mar de Staten Island
Perdida una cereza en su exterminio
panquea con un pez que va de adultero
Se ríe de la sombra en su garganta
y muerde en su sentir la epifanía
El Judson duele adentro y va callando
los gritos de aquel ser que ya es difunto
Abierta está en el mar la transparencia
y el alma del poeta:
NO SE RINDE…

El poeta le atribuye al rio Hudson sentimientos de pena «El Judson duele adentro y va callando los gritos de aquel ser que ya es difunto»

El 7 de abril del 2016 «El Judson vino hoy casi desnudo» el poema «El Hudson y sus muecas sobre el puente»

Sembrado sobre el Hudson el mapa duele adentro

Vengo desde las muecas
donde habitan las dudas
desde la interrogante
donde la sangre piensa
en donde la estatura
conversa con lo humano
y todas las edades
militan en sus voces
Donde el Judson despierta
la suma de lo incierto
y la gaviota es
puta
más allá de la orilla
y es
puta la tormenta
la sed y el arcoíris
cuando la lluvia sueña
en el mapa indecible
de un Caribe que duele
más allá de otros ríos
Vengo desde Pajiza
desatando recuerdos
de ésa tierra Aldeana
de Amparito y Camejo
donde Dótile duerme
más allá del instinto
y el Mongüina descansa
y la patria se aleja
perennizando el tiempo
Desde allí vengo siempre
desde la sed del río
donde el Judson se mira

El 25 de agosto 2014 «El poeta se aferra a las raíces que marcan el retorno»

Al Hudson

El 3 de enero de 2017 «el Judson enseña/ todas sus cicatrices/ y entona un padrenuestro mas alla del Intrépido»

«El río» ejerce una influencia en los poetas, en Jorge Luis Borges: 

El rio es uno solo
Cada hombre es un rio
que fluye hacia el olvido
como el rio hacia el mar.
El tiempo es un rio
que nos arrastra en vilo
y la muerte es el mar
que cierra nuestro curso.
«Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río».

«El río es el camino de mi vida» nos dice Mario Benedetti 

La singular poeta puertorriqueña Julia de Burgos y su emblemático «Río Grande de Loíza», le considera un manantial de vida y sueños, un refugio donde esconderse y encontrar respuestas en el fluir del agua, que lleva consigo la memoria de su infancia y sus anhelos. Su poesía revela la profunda conexión entre el río y su propio ser, una relación de amor, pertenencia y evocación de lo esencial.

Para Octavio Paz «Los ríos son los rosarios del tiempo, hileras de cuentas que se deslizan hacia el abismo donde el tiempo muere. Los ríos son el tiempo que se hace agua».

El río Hudson es inspirador, para Héctor Rivera (1957-2005) inmigrante dominicano en Nueva York era «una larga sabana donde Manhattan deposita sus estériles espermas», Ercides Aguasvivas en su poemario «Hudson otoñal» al observar el rio desde la orilla le seduce ‘la magia de los colores, que semeja una sinfonía cual acuarela mágica que lo sumerge en la melancolía…donde gansos y palomas vuelan sobre su superficie, como símbolos de libertad y continuidad en un paisaje que nunca se agota, que permanece eternamente vivo y en flujo.

El rio Hudson es un espejo de las emociones humanas, de la historia compartida y de las fantasías que nacen en sus orillas. El Río Grande de Loíza para Julia de Burgos, y el Hudson para Dagoberto López, Héctor Rivera y Ercides Aguasvivas, son símbolos poéticos que conectan la tierra, la memoria y la imaginación, en un eterno fluir de vida, sueños y palabras.

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