Domingo Acevedo, es un periodista, poeta, activista ecológico, social y revolucionario que nació el 24 de noviembre del 1957, en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana,
Tiene cuatro libros impresos, «Espejismo de Luna Llena», «Ciudad de Papel», «América» y «Antología del Asombro»
Su obra en lo Inéditamente Efímero, se caracteriza por un lirismo que oscila entre la contemplación íntima y la denuncia colectiva, entre lo rural y lo universal, siempre atravesada por un compromiso social que convierte su palabra en un acto de resistencia y rebeldía.
Su poesía, la belleza nunca está desligada del dolor, ni de la memoria; todo lo contrario, surge de esa conexión entre lo vivido y lo soñado, entre lo eterno y lo efímero.
Acevedo nos comparte en el Primer Encuentro Internacional del Movimiento Literario, Artístico y Cultural de la Cerepoética, que se realizo los dias 9-10 de agosto del presente, el poema:
A pesar de los pesares
I
Te amo
desde la plenitud
de mi soledad
en ella naufragaron barcos invisibles
sus tripulantes remotos
se resisten a morir
ahogados en el tiempo
y chapalean desesperados
en la nada
tratando de sobrevivir
al canto sublime de las sirenas
que en silencio los seduce
II
Te amo
y este siglo que palidece
al borde del abismo
me arrastra hacia un ocaso
de mariposas muertas
donde el hielo de la noche
guarda el rostro azorado
de los niños muertos
por el furor milenario
de un hambre atroz
que tritura los sueños
de las breves prostitutas
III
Que en una ciudad junto al mar Caribe
en un frío malecón
por unas monedas venden ternura
a hombres solitarios y tristes
que se deshacen de placer
en el sexo muerto de las niñas pálidas
que en las noches lívidas
del último otoño
hacen turno para morirse de sed
ahogadas en las sombras
de una ciudad diluida
entre caricias fingidas
y túneles infinitos y estrechos
por donde se les escapa la vida
a gotas de sangre y semen
IV
Te amo
a pesar del odio
de los hombres que me apartan de ti
y me atan al olvido
y me empujan al vacío
de un siglo casi muerto
donde soy testigo de mi propia soledad
y donde se mueren las flores
marchitas por el peso
de una primavera de sangre.

