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EDITORIAL: Ecuador, el neocolonialismo militar y el desafío de la nueva soberanía

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EDITORIAL / Autor Carlos Márquez  /

 

La historia económica de América Latina ha estado marcada por ciclos de dependencia, tutela externa y presiones de reordenamiento estructural que rara vez responden a las realidades sociales, culturales y productivas de cada país.

Ecuador, cuya economía se ha visto tensionada por la dolarización y la creciente influencia de actores militares, financieros y geopolíticos externos, vive hoy un momento decisivo: replantear su camino de desarrollo, producción y soberanía.

La dolarización, aunque en su momento fue presentada como un bálsamo de estabilidad, también significó una renuncia parcial a una herramienta fundamental de autodeterminación: la política monetaria.

En un mundo global donde los países que han logrado avanzar tecnológicamente—como China, Corea del Sur o Turquía—lo han logrado apostando al dominio de su moneda, al impulso industrial y a la protección de su productividad estratégica, Ecuador enfrenta el dilema de seguir atado a un sistema que limita sus márgenes de acción o abrir el debate profundo que durante años fue pospuesto.

A ello se suma un fenómeno igualmente inquietante: el incremento de la influencia militar y de la lógica geoestratégica externa sobre la orientación del Estado ecuatoriano. Este no es un hecho aislado, sino parte de un proceso global de recolonización silenciosa en el que las decisiones nacionales se ven desbordadas por intereses ajenos al bienestar de la ciudadanía.

La decision ecuatoriana implica un rompimiento con aquellas ataduras que redujeron su soberanía económica y política.

Por suerte, Ecuador no está solo en este proceso. América Latina vive un renacimiento de debate intelectual, académico y ciudadano sobre el rumbo del desarrollo.

Los nuevos recursos estratégicos —como el litio, el cobre, los metales raros, el grafeno, la agricultura biotecnológica y la energía renovable— han demostrado que la región tiene más oportunidades de las que se admitió durante décadas. Pero para aprovecharlas no basta con poseerlas: hay que administrarlas, industrializarlas y protegerlas con visión de Estado.

La pregunta central, en Ecuador y en toda la región, no es únicamente económica. Es civilizatoria:
¿Seremos productores de desarrollo o proveedores subsidiarios del desarrollo ajeno?

Teclalibre Multimedios entiende que el rechazo ecuatoriano a la dependencia, exige reflexión y debate, pero también valentía.

Ningún país construye su dignidad dejándola en manos de otros. Ningún pueblo se transforma cediendo sus decisiones fundamentales a élites, lobbies o intereses externos.

La soberanía no se declama: se ejerce. Y ejercerla implica recuperar las herramientas institucionales para diseñar el futuro desde dentro, con la voz y la realidad del país.

Ecuador tiene historia, recursos, talento y cultura para hacerlo.
Lo que necesita —como toda nación que despierta— es voluntad política, claridad estratégica y unidad social.

La decisión emanada de la consulta es colectiva. Ecuador acaba de rechazar el neocolonialismo, aperturando el  sendero de una nueva soberania que, ojalá se vuelva indeclinable.

@Carlos5Marquez

teclalibremultimedios@gmail.com

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