EDITORIAL /
Teclalibre Multimedios /
Carlos Márquez /
El escenario internacional ha entrado en una fase de turbulencia sin precedentes. La decisión de Donald Trump de imponer un arancel generalizado del 15% a todas las naciones, desafiando abiertamente la reciente sentencia de la Suprema Corte de su propio país, coloca al comercio global al borde de un abismo. No estamos ante una simple estrategia económica; vivimos una auténtica insurrección contra el derecho internacional.
La situación actual es una tormenta de egos que amenaza la estabilidad global; un choque frontal entre la unilateralidad del capricho individualista y el fundamento legal del mundo. Al ignorar el fallo de su propia Suprema Corte y decretar este impuesto generalizado, el ejecutivo estadounidense lanza un nuevo desafío no solo a las naciones, sino al primer poder de su sociedad —el Congreso— y, naturalmente, a los cimientos de la justicia de su país.
En esta nueva orden ejecutiva del 15% a las importaciones, vemos la materialización de una visión de muro aislacionista con la que se intenta, infructuosamente, detener el viento con las manos. Este desafío es interpretado por la comunidad internacional como un síntoma alarmante de la decadencia de la razón.
Cuando un líder ignora a sus propios jueces y pone en riesgo el sustento de miles de millones de personas en el planeta, la diplomacia deja de ser una herramienta de paz para convertirse en un arma de extorsión. Sin embargo, ante esta nueva embestida, la respuesta coordinada de potencias como Europa, India y China indica que el mundo no está dispuesto a ser rehén de una «diplomacia garrotera».
La Unión Europea ha sido clara al plantear la congelación de acuerdos comerciales con los EE. UU.; el Ejecutivo de la India ha suspendido su visita oficial a la nación del norte exigiendo aclaraciones sobre la validez arancelaria tras el fallo judicial; mientras tanto, China apela a lo fundamental: el respeto estricto a las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Desde la Ética Creativa, sostenemos que el progreso real nace de la cooperación y el respeto mutuo, nunca de la asfixia del vecino. En Teclalibre Multimedios hacemos un llamado a las altas instancias estadounidenses para que ponderen la gravedad de este reto a la justicia y a su propia institucionalidad.
Ojalá que la sensatez y el necesario sentido de ecuanimidad, sumados a la presión de los bloques económicos y la dignidad de los pueblos, obliguen a un retorno urgente a la mesa del diálogo. La fuerza de los aranceles nunca podrá sustituir la potencia de la verdad y el derecho. El mundo no necesita más aranceles; necesita más cerebro y menos muros.
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@Carlos5Marquez

