EDITORIAL
Carlos Marquez / 21 de diciembre de 2025 /
Un sentimiento recorre las calles, se comenta en los hogares y discute en la patria dominicana.
No es nuevo, pero ha hecho ebullición y esa ebullición sentida ha colmado al pueblo de hastío.
Los dominicanos estamos, literalmente, hartos. Hartos del relajo, de la impunidad convertida en espectáculo, de la corrupción que se ha vuelto cultura y se mantiene enquistada, cual cáncer metastásico en el tejido social.
En tanto, la justicia apenas se muestra como una sospecha existencial o ilusión escritural con caricatura institucional pareciendo humana y domiciliada constitucionalmente en el mar Caribe y el océano Atlántico
Cada nuevo escándalo, salpica a figuras públicas o privadas, sigue un guion predecible y deprimente. Supuesta tolerancia cero, apertura de expedientes que se dilatan en los laberintos de la burocracia judicial y, finalmente, el silencio.
El caso lo encubre y lo enfría uno nuevo, más alarmante y con otros personajes, casi siempre de cuello blanco; mientras la indignación y el hartazgo colectivo crece hasta el convencimiento de que los poderosos volverán a jugar las reglas del corroído sistema judicial para volver a salirse con la suya.
Este cuarto editorial sobre SENASA no es una crítica a las instituciones en abstracto, sino a su funcionamiento concreto.
Cuando la ciudadanía percibe que la balanza de la justicia se inclina según el peso político o económico del o los acusados, la democracia misma se resquebraja.
La fe en el contrato social, eso de que todos somos iguales ante la ley, se erosiona día a día.
Y lo que resta es cinismo, desconfianza y una rabia contenida, que en este caso ya empieza a desbordarse.
El nuevo saqueo en tierra dominicana no ha sido abstracto. Se sufre en los hogares y los hospitales sin medicamentos, en aulas escolares deterioradas, en carreteras que son una pesadilla y en la falta de oportunidades para los jóvenes.
Cada peso desviado por corrupción es un robo al futuro del país, para que una minoría se enriquezca ilícita e impunemente.
Mientras el grueso de las y los dominicanos lucha por alcanzar una calidad de vida digna, la odiosa corrupción se traduce en el mayor de los impuestos golpeando la calidad de vida de los desheredados.
Pero es importante resaltar que este nuevo editorial no es lamento.
Es, un llamado para que el hastío se transforme en fuerza motora que demande de manera irreversible la extinción de la cultura de la corruptela aposentada en el gobierno y que, convive en el quehacer judicial.
La sociedad necesita sentir y ver que el brazo de la ley es largo y firme, sin miramientos.
- Por ende, Teclalibre Multimedios demanda que la justicia dominicana expulse de su agenda los acuerdos de pasamanos extratribunales que, tienden a concertar para que ladrones de cuello blanco devuelvan en cada caso, algo de lo sustraído al pueblo a cambio de impunidad y libertad.
Ya no queda paciencia. Ante la corrupción gubernamental y judicial, la Operación Cobra o caso SENASA acaba de desbordarla.
Ahora demandamos justicia efectiva y compromiso genuino con la decencia en la cosa pública.
Teclalibre Multimedios enarbola la idea de que las nuevas generaciones no deben crecer en el pandemoniun de la cultura corrompida que reempobre.
El liderazgo nacional está en la obligación moral e histórica de enderezar el rumbo.
Los hijos de nuestros hijos no son merecedores de un legado oprobioso donde el mérito ciudadano esté en manos de tramposos sin escrúpulos; merecen heredar un país donde prime la decencia real y la honestidad ciudadana recupere su valor.
El momento es ahora. Los lideres judiciales y los gobernantes deben entender que el pueblo dominicano, viviendo en el exterior y dentro de la patria ya se hartó del relajo de la corrupción y de la justicia cómplice.
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