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EDITORIAL: El rearme ilimitado de las potencias es la absurdidad perfecta del desastre
Teclalibre Multimedios /
EDITORIAL /
Carlos Márquez /
La historia parece condenada a repetirse bajo el signo de la desmesura. Si en el siglo XVIII fue la arrogancia de una monarquía decadente la que sacrificó pueblos y territorios, hoy es la arrogancia de las superpotencias la que pone en jaque la supervivencia de la especie al convertir los tratados de desarme en papel mojado.
Para Teclalibre Multimedios y el Movimiento Cerepoetico dejar morir el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas es un acto de soberbia y de irrespeto a la humanidad; incalificable.
Ya nada limita los arsenales de destrucción masiva. Las grandes naciones están declarando que su voluntad de dominio se ubica por encima del derecho a la existencia grata.
Entendemos que la civilización avanzó cuando el ser humano fue capaz de autolimitar su fuerza destructiva mediante el razonamiento, junto a ciertos niveles equidad.
La vigencia de los tratados de no proliferacion de pertrechos fue una conquista cerebrista que derrotó el imperio del desquicio masacrante.
Sin embargo, en la actualidad, la arrogancia del poder pretende desandar el sendero de la paz, para retornar al estado de naturaleza donde la única seguridad es la amenaza del exterminio colectivo.
En pocas palabras los líderes de hoy creen que la acumulación de ojivas garantiza seguridad.
Teclalibre Multimedios entiende que, los políticos vigentes se equivocan. La paz no se asegura con explosivos; se cultiva con la humildad de reconocer que en este geoide que habitamos, el daño al vecino, tarde o temprano, se vuelve suicidio.
Creemos llegado el momento de alzar la voz reclamando sensatez y cordura, retomando el multilateralismo, relanzando a las Naciones Unidas y reafirmando el tratado que pone muro de contención a la prolifereción armamentistica.
La Ética Creativa nos exige denunciar este nuevo laberinto de amenazas. El poder sin ética no es grandeza, es solo fuerza bruta esperando su propio colapso.
Somos de la idea de que, el rearme desproporcionado de las grandes potencias, no es más que la absurdidad perfecta para el desastre.