Teclalibre Multimedios /
La realidad geopolítica que hoy nos aflige ha cruzado una frontera peligrosa; la de la deshumanización absoluta.
Los recientes acontecimientos en Minneapolis, donde la sangre de la poeta Renee Nicole Good y del enfermero Alex Pretti ha teñido el asfalto bajo el fuego de agentes federales, no son solo tragedias aisladas; son heridas abiertas en el cuerpo de la ética creativa y la paz social que defendemos.
Desde la óptica de Teclalibre Multimedios, observamos con estupor cómo el aparato estatal intenta suplantar la verdad con etiquetas. A Renee Nicole Good, una mujer cuya vida fue consagrada a la arquitectura de la palabra y al amparo de sus hijos, se le pretende archivar bajo el frío e injusto rótulo de «terrorista».
¿Desde cuándo a una joven mujer, por demás poeta es una amenaza que se marchita con plomo? ¿En qué momento una dama de la sociedad estadounidense defendiendo los principios constitucionales de esa gran nación, se convirtió en un objetivo militar?
El caso de Alex Pretti, un enfermero cuya vocación era sostener la vida en sus horas más frágiles, es igualmente revelador de la crisis ética que padecemos.
Los registros visuales contradicen las versiones oficiales: Pretti no esgrimía un arma, sino un testimonio. Su muerte, bajo una lluvia de disparos mientras yacía indefenso, es la negación misma del principio de humanidad.
El Cerebrismo nos enseña que la creación debe ser un acto de honestidad y paz. Sin embargo, hoy vemos una «creatividad» perversa desde el poder: la creación de narrativas falsas para justificar la fuerza desmedida. Cuando un estado prefiere silenciar la voz de una poeta y detener las manos de un enfermero, está declarando la guerra a los pilares más nobles de la civilización.
Como medio comprometido con la ética creativa, denunciamos esta deriva autoritaria que pretende normalizar la muerte de los inocentes.
La incertidumbre debe cesar.
No podemos permitir que la tecnología o el poder borren la sensibilidad del ser real.
La memoria de Renee y Alex nos obliga a exigir justicia, no solo por ellos, sino por la integridad de una sociedad que no puede permitirse perder su alma ante el avance de la violencia institucional.
Es hora de que la palabra recupere su lugar y que la vida vuelva a ser el valor supremo.
La paz no es silencio; es la armonía de la justicia. Jamás podremos olvidar que Renee Nicole Good y Alex Pretti, murieron, cuando la palabra y los principios de la democracia fueron declarados enemigos
Teclalibre Multimedios

