-EE.UU. “hace justicia” con su pasaporte; RD, con su silencio-
Redaccion de TeclaLibre
En la más reciente entrega de la diplomacia de visados, Estados Unidos decidió revocar la visa a dos coroneles dominicanos: Rafael Morales Herrero, de la Fuerza Aérea, y Eudis Mercedes Ramírez Bautista, del Ejército. Ambos ocupaban cargos en áreas de Asuntos Internos, posiciones donde —en teoría— se vigila la integridad dentro de las Fuerzas Armadas.
Tras la notificación del consulado estadounidense, el Ministerio de Defensa actuó con velocidad inusual: los oficiales fueron destituidos de sus funciones. No hubo comunicados triunfalistas ni conferencias de prensa; tampoco un solo párrafo que explicara las razones de fondo.
No es la primera vez. Washington aplica su receta de “justicia expeditiva”: la visa se cancela de forma administrativa, amparada en información de inteligencia que no se comparte con el público, y la autoridad dominicana reacciona para no cargar con el costo reputacional. Es el viejo guion del “visa primero, expediente después”.
La Procuraduría General de la República, que debería ser la primera en pronunciarse, sigue en modo avión. Ningún anuncio de investigación formal, ninguna imputación, ninguna señal clara de que el caso pase de la jurisdicción militar a la justicia ordinaria. Mientras tanto, Morales Herrero asegura haber presentado denuncia ante el Ministerio Público y hasta notificado al Presidente.
El caso transcurre así en la zona gris: dos oficiales apartados, una embajada que no explica y una justicia que no investiga. Un retrato exacto del déficit institucional que permite que los “peces gordos” solo enfrenten sanciones cuando se meten con la visa equivocada.
Las filtraciones apuntan a vínculos con actividades ligadas al narcotráfico. Puede ser. Pero lo más preocupante es la asimetría: en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado, el país parece tercerizar su credibilidad a los consulados. Si hay pruebas, que se presenten; si no, que se despejen las dudas. Lo que no es aceptable es que la señal de integridad provenga siempre de fuera.
En este caso, la moraleja es clara: en República Dominicana, el pasaporte azul puede ser más temido que la toga negra. Y eso no es justicia, es dependencia.
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