-Educación con presupuesto de gigante y resultados de escuela improvisada-
Mientras el Gobierno presume cifras récord de inversión, el sistema educativo dominicano parece caminar en sentido contrario. Más de un billón de pesos destinados a educación en los últimos cinco años no han logrado evitar lo que muchos docentes viven a diario: aulas abarrotadas, infraestructuras improvisadas y aprendizajes estancados.
La advertencia vino esta vez desde la oposición. Josefina Pimentel, secretaria de Educación del partido Fuerza del Pueblo, presentó el balance educativo de 2025 y no ahorró adjetivos: bajo la gestión del Partido Revolucionario Moderno, dijo, la educación “ha languidecido”.
No se trata solo de percepciones políticas. Según Pimentel, los principales indicadores de calidad educativa muestran estancamiento y retroceso, pese al volumen histórico de recursos asignados. El problema, insiste, no es cuánto se gasta, sino cómo y en qué.
Uno de los síntomas más visibles del deterioro es la sobrepoblación escolar. La falta de aulas ha obligado a improvisar espacios que poco tienen de educativos: salones divididos, áreas comunes convertidas en aulas y jornadas que se extienden más por necesidad que por estrategia pedagógica.
A esto se suma —según el diagnóstico presentado— una baja inversión efectiva en áreas clave: infraestructura escolar, capacitación y profesionalización docente, materiales didácticos suficientes y de calidad.
Todo ello impacta directamente en el proceso de enseñanza-aprendizaje, que termina siendo la variable de ajuste de una mala planificación.
El dato más inquietante aparece al revisar la ejecución presupuestaria. En 2025, el Ministerio de Educación manejó un presupuesto superior a RD$285,000 millones. Sin embargo, cerca del 80 % se destinó a gastos corrientes.
Salarios, nóminas, compromisos administrativos. Necesarios, sí. Transformadores, no siempre.
La crítica de Pimentel apunta a una gestión que privilegia el funcionamiento del aparato sobre la transformación del sistema. Mucho dinero en movimiento, pero pocas aulas nuevas, poca innovación pedagógica y escaso impacto visible en los aprendizajes.
TeclaLibre analiza
La educación dominicana parece atrapada en una paradoja: se invierte como nunca, pero se aprende como siempre… o peor. El problema ya no es la meta del 4 % del PIB —ganada hace años— sino la incapacidad de convertir ese porcentaje en resultados.
Cuando el presupuesto se vuelve rutina y no herramienta de cambio, el sistema se oxida. Y cuando la educación se gestiona más como contabilidad que como proyecto de país, el aula termina pagando la factura.
El billón está ahí. La pregunta incómoda sigue siendo la misma:
¿Dónde está la educación que debía salir de ese gasto?
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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