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EL CEREBRO QUE INVENTÓ AL MONSTRUO

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-Fello Vidal: El cerebro que inventó al «Monstruo»-

Por: Redacción TeclaLibre

Si la historia dominicana fuera un guion cinematográfico, el encuentro en la Fortaleza Ozama entre un militar ambicioso y un periodista preso sería la escena donde se firma el pacto con el diablo. Rafael Leónidas Trujillo no llegó al poder solo por su fusil; llegó porque un hombre con luces intelectuales y sombras morales, Rafael «Fello» Vidal, decidió diseñarlo.

Marx decía que la casualidad es una categoría histórica, y en julio de 1925, esa casualidad tenía nombre de tragedia. Fello Vidal, un santiaguero de pluma valiente contra los yanquis pero de gatillo fácil en las trifulcas de barrio, cayó preso por matar a un hombre. Fue el vicepresidente José Dolores Alfonseca quien, en un error de cálculo que le costaría el país, lo entregó personalmente al brigadier Trujillo pidiendo «buen trato».

Trujillo, que tenía un olfato felino para detectar el talento útil, no vio en Fello a un recluso, sino a una herramienta. Fello vio en Trujillo no a un carcelero, sino a un ascensor.

Vidal se convirtió en el «arquitecto» de la imagen de Trujillo. Mientras cumplía su condena, se quedó en la fortaleza —por voluntad propia y ruego del Jefe— para dirigir «La Revista». Desde allí, el Fello periodista: Limpió el pasado de Trujillo, lo vinculó con la intelectualidad disidente, y lo presentó como el «Hijo del Destino» que el país necesitaba ante el «caos político del horacismo».

La trama se complicó cuando el presidente Horacio Vásquez, ya anciano y enfermo, se marchó a Baltimore. El poder quedó en manos de Alfonseca, quien olía las intenciones de Trujillo y buscaba su destitución.

Aquí es donde el instinto de Fello Vidal salvó al futuro dictador. Ante una citación sospechosa al Palacio, la advertencia de Vidal fue lapidaria: “Si vas, o te exilian o te fusilan. No vayas”. Trujillo no solo escuchó, sino que redobló la apuesta: se presentó al día siguiente con sus oficiales y ametralladoras Thompson en mano. Ese día, el poder civil se dobló ante el plomo.

Asesorado por Vidal, Trujillo entendió que no necesitaba un golpe de Estado ruidoso, sino una revolución simulada. Vidal fue el puente con Rafael Estrella Ureña y el cerebro detrás del movimiento del 23 de febrero de 1930.

Vidal reclutó cerebros, administró los fondos de la conspiración y manejó la propaganda. Cuando los rebeldes bajaron de Santiago, el Ejército —por orden de Trujillo— se quedó de brazos cruzados. Horacio Vásquez, el hombre que llamaba «hijo» a quien lo traicionaba, tuvo que partir al exilio.

El desenlace es conocido: Trujillo y Vidal ganaron la partida. Pero la historia tiene una moraleja cruel: quien ayuda a crear a un monstruo, termina siendo devorado por él. Fello Vidal, el hombre que vio las «potencialidades» de Trujillo, terminaría años después comprendiendo, de la peor manera, el alcance del poder que él mismo ayudó a edificar.

El final de Rafael «Fello» Vidal es, quizás, la lección más sombría sobre la naturaleza del poder absoluto. Al igual que otros arquitectos del régimen, Vidal descubrió que la eficiencia y la cercanía al «Jefe» no eran garantías de seguridad, sino factores de riesgo.

Su caída se puede resumir en los siguientes puntos clave:

  1. Aunque fue el estratega principal del ascenso de Trujillo, Vidal comenzó a mostrar fisuras en su lealtad ciega muy temprano. Se documenta que en 1931 expresó su desacuerdo con la forma violenta en que Trujillo liquidó al caudillo Desiderio Arias. En una dictadura que exigía adulación total, cualquier asomo de criterio propio era interpretado como sedición.
  2. Fello Vidal fue víctima de lo que en la era de Trujillo se conocía como «la caída en desgracia». Este era un proceso psicológico y social donde el dictador aislaba al funcionario:

-Se le retiraban los cargos.

-La prensa del régimen (que él mismo ayudó a instrumentalizar) comenzaba a ignorarlo o a publicar ataques sutiles.

-Sus antiguos «amigos» y aliados le daban la espalda por miedo a represalias.

A diferencia de otros que lograron reciclarse en el régimen, la situación de Vidal se volvió insostenible. El hombre que había sido el enlace con la intelectualidad y el cerebro de la propaganda terminó sumido en la depresión y el acoso.

La mayoría de las fuentes historiográficas coinciden en que Rafael «Fello» Vidal se quitó la vida en 1944. Su suicidio es visto por los historiadores como el acto final de un hombre que comprendió que el orden que ayudó a crear no permitía la existencia de mentes independientes, ni siquiera de aquellas que le dieron origen.

Es importante notar que el nombre «Fello Vidal» suele confundirse en la historia contemporánea con otras figuras (como políticos de finales del siglo XX), pero el Fello Vidal de la Fortaleza Ozama quedó marcado como el ejemplo clásico del intelectual que, creyendo que podía manipular al militar, terminó siendo su primera víctima intelectual.

-Redaccion de TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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