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EL CIBAO CANTÓ DE PIE CON EL REGRESO DE JUAN LUIS GUERRA

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-Juan Luis Guerra en Santiago 2026 con un regreso histórico-

Juan Luis Guerra llegó a Santiago de los Caballeros con dos conciertos históricos en el Estadio Cibao. Crónica emocional del reencuentro con el Cibao, análisis cultural y repercusión social del espectáculo.

Tras más de dos décadas sin un concierto masivo en Santiago, Juan Luis Guerra volvió al Estadio Cibao y convirtió dos noches en una celebración colectiva del orgullo cibaeño, la memoria musical y la identidad dominicana.

Juan Luis volvió al Cibao… y el Cibao respondió cantando

El pasado fin de semana, Juan Luis Guerra regresó a Santiago de los Caballeros y el Cibao hizo lo que sabe hacer cuando la música le toca el pecho: cantar sin reservas, sin cálculo, sin vergüenza.

En el Estadio Cibao, durante dos noches consecutivas, no hubo espacio vacío ni emoción a medias. Familias completas, parejas jóvenes, adultos que crecieron con “Ojalá que llueva café” en la radio y muchachos que apenas descubren la poesía escondida en un merengue caminaron hacia el estadio como quien acude a una cita pendiente desde hace años.

Porque no era solo un show. Era un reencuentro. Más de dos décadas sin una presentación multitudinaria en Santiago habían convertido este regreso en una deuda sentimental.

Un repertorio que repasó la memoria colectiva dominicana
Desde los primeros acordes, el estadio decidió entregarse. No hubo tibieza.

El repertorio fue generoso y transversal: merengues explosivos, bachatas íntimas, himnos que ya no pertenecen al artista sino al país. Cada canción activaba recuerdos personales y colectivos. En “Burbujas de amor” se abrazaban parejas; en “La bilirrubina” se levantaban vasos y carcajadas; cuando sonó el coro de “Ojalá que llueva café”, el estadio completo parecía convertirse en una sola voz.

No fue un concierto de promoción. Fue un recorrido por una vida artística que ya forma parte del ADN cultural dominicano.

Hablar de Guerra es hablar de 4.40, esa maquinaria musical afinada que durante décadas ha definido el sonido elegante del merengue y la bachata contemporánea.

La banda sonó precisa, sobria, sin excesos innecesarios. Hubo momentos especialmente emotivos con la participación de voces históricas que arrancaron ovaciones largas, de esas que no se miden en segundos sino en gratitud acumulada.

En redes sociales, los comentarios se multiplicaron:

“No fue un concierto, fue una celebración de lo que somos”.
“Santiago estaba en deuda con el maestro”.
“Valió cada minuto de espera”.

Los videos circularon de inmediato: drones iluminando el cielo, miles de celulares convertidos en constelaciones improvisadas, un estadio transformado en templo musical.

La relación de Juan Luis Guerra con el Cibao no es circunstancial. En los años 80 inmortalizó a la ciudad en “Santiago en coche”, una pieza que muchos cibaeños adoptaron como guiño afectivo permanente.

Santiago no es solo una plaza de espectáculos. Es una región con fuerte identidad cultural, orgullosa de su historia y celosa de sus símbolos. El reconocimiento oficial como visitante distinguido fue un acto institucional. Pero la verdadera distinción fue la ovación espontánea de miles.

El mensaje quedó claro: el Cibao no olvida a quienes lo cantan con respeto.

Los hoteles llenos, restaurantes desbordados y el movimiento comercial alrededor del estadio evidenciaron que el espectáculo también tuvo un efecto económico notable. Santiago volvió a demostrar que puede sostener eventos de gran magnitud con éxito logístico y convocatoria masiva.

Pero lo esencial fue otra cosa: por dos noches, la ciudad se convirtió en epicentro cultural del país. En tiempos de tensiones políticas y titulares ásperos, la música operó como espacio de reconciliación colectiva.

Cuando terminó la segunda noche y las luces comenzaron a encenderse, nadie quería irse. Esa es siempre la señal inequívoca de que algo grande ocurrió.

Juan Luis Guerra no necesitaba probar nada. Su legado está consolidado desde hace décadas. Sin embargo, este regreso a Santiago recordó algo fundamental: la música dominicana hecha con excelencia y alma no caduca.

El Cibao cantó de pie. Y en ese gesto, sencillo y poderoso, quedó confirmado que algunas canciones ya no pertenecen al artista… pertenecen al pueblo.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

 

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