Tumbler Ridge: el día en que Canadá dejó de sentirse inmune
-Una masacre escolar en Columbia Británica rompe el mito de la excepción canadiense y obliga a revisar el debate sobre armas, salud mental y prevención en un país que creía estar a salvo-
El tiroteo en una escuela secundaria de Tumbler Ridge, Columbia Británica, dejó nueve muertos y 27 heridos, sacudiendo la imagen de Canadá como país ajeno a la violencia escolar masiva. El gobierno de Mark Carney enfrenta ahora preguntas incómodas sobre prevención, armas y salud mental.
Cuando el primer ministro Mark Carney declaró que “Canadá está en duelo”, no estaba pronunciando una frase de protocolo. Estaba admitiendo que el país había cruzado una línea psicológica.
El martes, en Tumbler Ridge, pequeña localidad de poco más de 2,400 habitantes en el noreste de Columbia Británica, una joven de 18 años abrió fuego en una escuela secundaria tras asesinar a dos personas en una vivienda. El saldo oficial: nueve muertos, incluida la atacante, y 27 heridos. Seis de las víctimas eran menores de edad.
En un país donde los tiroteos escolares son poco frecuentes, la conmoción fue inmediata.
El premier provincial David Eby habló de una “tragedia inimaginable”. Pero lo inimaginable ya ocurrió.
Durante décadas, Canadá ha sido presentado —y se ha presentado— como el contraste civilizado frente a la epidemia de violencia armada en Estados Unidos.
Menos armas en circulación.
Controles más estrictos.
Menor polarización política en torno al derecho a portarlas.
Y sin embargo, Tumbler Ridge demuestra algo incómodo: ningún país es inmune cuando fallan los mecanismos de alerta.
La diferencia es estadística. No es absoluta.
Autoridades confirmaron que la atacante había tenido interacciones previas con fuerzas del orden por preocupaciones relacionadas con su bienestar. También se mencionaron antecedentes de salud mental.
Aquí empieza la zona gris.
En zonas rurales canadienses, la posesión legal de armas no es extraña. La cultura de caza y la tradición familiar forman parte del paisaje social. Pero cuando existen alertas previas, la pregunta no es solo cómo se accedió al arma.
La pregunta es:
¿Qué sistema falló antes del disparo?
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¿Seguimiento insuficiente?
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¿Protocolos débiles de intervención?
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¿Falta de coordinación entre servicios sociales y autoridades?
En tragedias similares alrededor del mundo, la historia suele repetirse: señales detectadas, pero no suficientes para activar medidas decisivas.
En una ciudad de 2,400 habitantes, no existen estadísticas frías. Existen nombres.
Un pupitre vacío no es una cifra.
Es un vecino.
Es un primo.
Es el hijo del amigo.
En metrópolis grandes, el duelo se diluye en el anonimato urbano.
En pueblos pequeños, el duelo es colectivo y permanente.
Tumbler Ridge no olvidará este martes.
El gobierno federal enfrentará presión para revisar:
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Protocolos de incautación preventiva de armas.
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Sistemas de alerta temprana en entornos escolares.
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Inversión en salud mental comunitaria.
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Coordinación interinstitucional ante señales de riesgo.
Pero el debate canadiense no es el estadounidense. No existe la misma guerra cultural abierta entre “armas sí” y “armas no”.
Canadá discute con menos estridencia.
Ahora discutirá con más urgencia.
Tumbler Ridge no convierte a Canadá en Estados Unidos.
Pero sí le quita una parte de su sensación de excepción.
Durante años, el país miró las tragedias del sur como un problema ajeno, consecuencia de dinámicas políticas y sociales distintas.
Hoy, la violencia cruzó esa frontera simbólica.
Y cuando una escuela se convierte en escenario de horror, la geografía importa menos que la fragilidad humana.
Banderas a media asta.
Escuelas cerradas temporalmente.
Apoyo psicológico para estudiantes y docentes.
Un país intentando entender cómo lo impensable ocurrió.
La pregunta de fondo no es si Canadá cambiará su legislación.
La pregunta es si podrá fortalecer sus mecanismos de prevención antes de que otro pueblo pequeño vuelva a convertirse en titular global.
Porque cuando la violencia entra en una escuela, no pide permiso a las estadísticas.
Y Tumbler Ridge ya no es un punto remoto en el mapa. Es un símbolo.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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